7 de septiembre de 2014 / 10:44 p.m.

Serena Williams puso fin a una frustrante temporada en los torneos de Grand Slam de la manera más brillante posible al conquistar el domingo su tercer título seguido en el Abierto de Estados Unidos, imponiéndose 6-3, 6-3 ante Caroline Wozniacki.

Williams alcanzó a Chris Evert y Martina Navratilova con 18 coronas en las grandes citas del tenis, la cuarta mayor cantidad en la historia.

Además, Williams igualó a Evert con seis campeonatos en el US Open, convirtiéndose en la primera mujer que encadena tres títulos seguidos desde la racha de cuatro que Evert enhebró entre 1975-78.

La estadounidense se embolsó un premio de 4 millones de dólares, una cifra récord en el tenis: 3 millones por el título, más la bonificación de 1 millón por tener los mejores resultados en los torneos previos al US Open.

Fue el corolario de dos semanas de avasallador dominio en Flushing Meadows. La número uno del mundo no sólo ganó los 14 sets que dispute, sino que no cedió más de tres games en todos.

Pero Williams había tenido una temporada irregular en los principales escenarios. Se despidió en la cuarta ronda del Abierto de Australia; la segunda ronda en Roland Garros; y la tercera ronda en Wimbledon; donde una desorientada Williams la pasó mal en un extraño partido de dobles, lo cual fue atribuido a un virus.

En su mejor versión, Williams quebró cinco veces el saque de Wozniacki y compiló una abrumadora ventaja 29-4 en el rubro de winners.

Notablemente, hasta que una devolución cruzada de revés que la misma Williams aplaudió, los únicos winners de la décima cabeza de serie se debieron a un trío de aces, uno en el primer set y dos en el segundo.

Esto se debió, en parte, al tímido juego de la danesa en apenas su segunda final en un Grand Slam. Perdió ante Kim Clijsters en la final del US Open 2009. Pero el mayor del crédito correspondió a Williams, quien buscó cada pelota.

A unas cuantas semanas de cumplir 33 años, convirtiéndose en la campeona más veterana desde que Navratilova tenía 33 años al adjudicarse el Wimbledon de 1990, Williams mantuvo una agresividad implacable, que no le dio respiro a un rival que se está preparando para correr el Maratón de Nueva York

Wozniacki no fue borrada del mapa, pero estuvo cerca. Williams dictó los puntos, ya sea con saques que alcanzaron los 194 kph (120), la potencia de sus devoluciones que arrinconaron a Wozniacki, tiros con diversos ángulos, y de vez en cuando una volea.

Fue lo que se esperaba iba a ocurrir. La impresión era que Wozniacki estaba ahí porque alguien tenía que estar en el otro lado de la red para actuar como la oponente de Williams.

Williams y Wozniacki son estrechas amigas, tan así que pasaron el tiempo juntas en las playas de Miami y presenciaron un partido de playoffs de la NBA, luego que fueron eliminadas temprano en el Abierto de Francia en mayo. Wozniacki dijo que Williams le ayudó a olvidarse del rompimiento de su compromiso con el astro del golf Rory McIlroy.

AP