11 de junio de 2013 / 01:08 p.m.

México• Luego del asesinato de su hijo Juan Francisco, en abril de 2011, Javier Sicilia anunció que su palabra poética se sometería al silencio. La intención sigue en pie, pero como una especie de despedida aún alcanzó a retirarse del mundo de la creación, a poner un punto final, trágico y doloroso, a su relación con la poesía: Vestigios (Ediciones Era, 2013) reúne ese adiós literario.

“Hay momentos en que uno tiene que aprender a callar. En una sociedad tan ruidosa, donde todo mundo habla, nadie escucha, nadie respeta la palabra, parece que el silencio es algo negativo, cuando tiene una positividad impresionante: no hay palabra sin silencio. Si no se hace el silencio, no puedes recoger los significados de la palabra”, dice el poeta, ahora convertido en un luchador social convencido que a través del silencio también se dicen cosas.

Su silencio dice que el lenguaje está degradado, ya no puede retroalimentar el sentido del lenguaje sagrado del poema. Dice también que ama demasiado a la palabra como para articular algo que ya no se puede hacer, que es el sentido de Dios y el horror del mal, el sinsentido del mal que estamos viviendo, pero sobre todo “el silencio también es un llamado a callarnos un rato, a tratar de volver a escuchar”.

“Un poeta vive del lenguaje de su época y ese lenguaje lo han banalizado los criminales, la inanidad política, la inanidad de los medios. Esa palabra ya no me alcanza, y si intentara hablar otra vez, me parecería a Paul Celan, escribiría en un lenguaje tan incomprensible como un estertor agonizante. A veces pienso que su poesía se vuelve la expresión de lo incomunicable, de lo ya indecible, y yo prefiero guardar silencio.”

En los poemas de Vestigios, un volumen de apenas 60 páginas, Javier Sicilia muestra su relación con Dios pero desde una perspectiva diferente: aquí se trata de un ser que se retira del mundo y deja a sus hijos a su propia suerte, aun cuando el escritor asevera que su relación con Dios no ha cambiado, quizá se ha vuelto más fina, más profunda y oscura: se volvió un poeta que sondea espacios espirituales y trabaja con una realidad inefable que no puede decirse.

“Vengo de una tradición cristiana y de una poesía que se gesta en esa tradición, hasta que va uno decantando y leyendo la tradición con otras características: Dios es tan luminoso que se vuelve oscuro y entrar a esa luminosidad es también ingresar a un territorio de una oscuridad muy fuerte para nosotros.

“Sobre todo cuando se ha vivido una tragedia como el asesinato de un hijo y de unos amigos que también quería como hijos, o cuando uno ha encontrado la maldad existente en los últimos años en este país, la experiencia de Dios se vuelve muy oscura, porque los lenguajes con los que la tradición ha tratado de explicar el fenómeno ya no me funcionan, la mediación ya no existe y aparece la oscuridad.”

Javier Sicilia no ha perdido su fe en el orden de la espiritualidad, difícilmente estaría de pie, reconoce el poeta, y tampoco hubiera hecho lo realizado hasta nuestros días en el ámbito de lo social, esforzándose en darle un contenido racional a esa oscuridad.

“Vestigios es lo que se pudo recoger después del horror. Todos los parámetros, las certezas como las había uno formulado, se desmoronaron y uno tiene que rehacerse desde un silencio y tratar de volver a dar sentido a la vida, y el silencio es el mejor lugar para lograrlo.”

Vestigios se presenta hoy, a las 19:00 horas, en el Salón de Usos Múltiples de la Casa del Poeta (Álvaro Obregón 73, colonia Roma).

JESÚS ALEJO SANTIAGO