5 de abril de 2013 / 04:19 p.m.

Monterrey • Dominique Strauss, director del Fondo Monetario Internacional, se descubre un día demandado por una camarera por una supuesta violación. En cuestión de horas, todo un circo mediático se formó en torno a su caso. Que decimos un circo, un carnaval de conjuras y especulaciones.

Juan Francisco Ferré (Málaga, 1961) retoma el caso de uno de los hombres más importantes del mundo pero va más allá con su novela Karnaval, premio XXX Herralde de Anagrama 2012.

En Karnaval, Ferré va más allá del simple hecho noticioso. Ofrece una novela de múltiples voces donde lo que importa es toda aquella nube de ruido informativo, donde su personaje Priscila poco a poco se disuelve en la novela rumbo al horizonte.

De visita en la UANLeer, Francisco Ferré concedió una entrevista a MILENIO Monterrey, donde abordó –por supuesto- el tema de su novela pero donde además acusó que el narcotráfico en México "es una consecuencia, pero no una casa".

Aunque se dice aficionada al Real Madrid, la entrevista se realiza previo al partido Málaga versus Porto del Champions Legue. Malagueño de nacimiento, un día después celebraría el triunfo del equipo de sus raíces.

¿Cuál fue el reto para que la historia de Karnaval no terminara siendo una crónica periodística?

"Lo fundamental era dejar de lado la crónica periodística, dejar de lado todo lo informativo de la cuestión y entrar, de fondo, a todas las historias que ese hecho implicaba: sexuales, políticos, económicos, etcétera.

Para ello tenía que generar un discurso literario que rompiera el estilo de la crónica pero que al mismo tiempo se acercara a la realidad, que es el reto del escritor que no quiere escribir periodismo, tiene que construir su lenguaje".

Es incluso lo que se valora en Karnaval, ese "torbellino literario" del lenguaje.

"Sí, porque en un momento el discurso literario, el contacto con el mundo que es delirante –porque en el fondo es un escándalo ridículo que se convierte en un fenómeno mediático, y por lo tanto en un gran carnaval- evidentemente el discurso de la literatura cuando entra en un mundo delirante pues irremediablemente empieza a hacer locuras".

El caso de Dominique Strauss es un tema que no son abordados por los escritores con frecuencia, menos cuando es una situación "reciente" en tiempos de literatura.

"Justamente ahí está el reto, trabajar en lo más inmediato, en el tiempo real desde planteamientos literarios que son lo contrario. La cuestión es cómo se puede jugar con la actualidad pero al mismo tiempo no jugar en los términos en los que esa realidad ha decidido presentarse".

¿Quiénes son los que hablan en tus novelas?

"Todos menos yo, o sea si algo me interesa como novelista es que no sea mi voz reconocible en lo que escribo. Si en algún momento percibo que la voz es la mía, que soy yo opinando o juzgando el texto no me interesa en lo absoluto.

Me interesa la voz del otro, de los otros porque esta es una novela plural, con una polifonía de voces para terminar de hablar de un caso determinado.

En lo mediático se crea toda una ficción sobre tal o cual caso en que ya no importa la veracidad del mismo, sino el tiempo que dure en los titulares.

"Eso es justo lo que me interesa, es decir, esa nube de información que en definitiva donde vivimos todos todo el tiempo que rápidamente se concentra en un caso como éste, por ejemplo estamos en zona del narcotráfico, de constantemente aparición en los medios, y hay una construcción de los medios en torno al narco; igual, vivimos una realidad tan construida por los medios que un novelista lo que fundamentalmente debe haces es entrar ahí sin ninguna restricción y plantearse si debe aceptar esas versiones de la realidad o, por el contrario, utilizar parte de esa información y darle un sentido nuevo, incluso sacar a relucir lo que los medios silencian".

En términos de humor ¿cuál caso es más divertido: la demanda de acosos sexual al director del FMI o el tema de Berlusconi?

"En términos de humor los dos son bastante cómicos, la única diferencia –para mí- es que en éste caso se mezclaba un escándalo que no se daba en el caso Berlusconi, que es sobre un tema de prostitución con menores de edad; aquí hay una supuesta violación en un cuarto de hotel, del director del Fondo Monetario Internacional, que es más importante que Berlusconi; ver al presidente del FMI, en el momento trágico que la economía mundial estaba atravesando, haciendo esta clase de cochinadas con una camarera de hotel me parecía una imagen tan grotesca, tan ridícula pero a la vez tan real en donde vivimos.

Esa es la imagen de la novela, como inicia todo en un cuarto de hotel y termina reflejando la imagen global del mundo que está en total transformación".

¿Qué papel juegan los escritores en este panorama grotesco, de carnaval mediático en donde el entretenimiento ocupa cada vez más espacios que la cultura?

"Todo en la sociedad actual, en la sociedad de consumo, conspira para que la cultura sea irrelevante y que la literatura sea de entretenimiento o un objeto de ocio, y creo que hoy en día un escritor debe apostar por todo lo contrario, es decir sin aburrir y sin buscan la aridez sino simplemente apostar que algo que puede ser divertido puede ser inteligente, y algo inteligente puede decir más cosas del mundo sin necesidad de ser aburrido.

Algunos años atrás te hubiéramos preguntado cómo te animaste a venir a México, cuando el narcotráfico está muy fuerte en el norte del país. ¿Qué opinión tienes ahora?

"El contexto no hay que obviarlo pero tampoco le tengo miedo. Lo que creo que hay que evitar, y los ciudadanos de nuestra época deben tener, es ver como se utilizan esas amenazas para atemorizar a una población que, de por sí, ya vive con miedo.

Yo tengo muy claro que todo esto de la guerra del narcotráfico es fruto de una prohibición absolutamente estúpida que rige el consumo de drogas, pero que si no existiera esta puritana conciencia no se hubieran generado los cárteles de la droga de los años 70 hacia delante".

El presidente Mujica en Uruguay dio luz verde a la comercialización de la mariguana, igual que California.

"Tenemos que recordar lo que pasó con el alcohol en Estados Unidos en la década de los 20. Por la estúpida represión de la ley aquella puritana generó el movimiento gansterista en aquel país que creó uno de los fenómenos más brutales de los años 30.

Cuando se habla del narcotráfico también hay que hablar de esto, y no solo del crimen o de las amenazas que las sociedades padecen por culpa del narco. El narcotráfico es una consecuencia pero no una causa.

GUSTAVO MENDOZA LEMUS