18 de septiembre de 2013 / 12:50 p.m.

El físico británico Stephen Hawking respaldó el derecho de los enfermos terminales a elegir acabar con sus vidas y recibir ayuda para hacerlo, sin que se procese a las personas involucradas, siempre que se cumplan todas las salvaguardas.

Hawking, postrado en una silla de ruedas, fue diagnosticado a los 21 años con esclerosis lateral amiotrófica (abreviadamente ELA, y también llamada enfermedad de Lou Gehrig), un padecimiento neuromotor que le impide moverse, a excepción de un músculo en su mejilla, el cual utiliza para manejar una computadora y comunicarse por medio de un sintetizador de voz.

Cuando realizaron el diagnóstico, los médicos dijeron al científico inglés que moriría en dos o tres años; ahora Hawking tiene 71 años, es decir que superó por casi medio siglo su pronóstico de sobrevivencia, además de que es uno de los científicos más importantes del mundo, conocido especialmente por su trabajo sobre los agujeros negros y como autor del éxito internacional A brief history of time (traducido como Brevísima historia del tiempo).

Elección personal

En declaraciones realizadas antes del estreno esta semana de un documental sobre su vida, Hawking comentó que apoyaba el derecho a la eutanasia, pero solo si la persona afectada había elegido esa opción.

Sin embargo, el físico no especificó si apoyaba las dos formas de esa práctica, pasiva o activa, entre las que hay una diferencia sustancial; la primera consiste en dejar morir al paciente al retirarle tratamiento o soporte tecnológico que lo mantiene con vida, mientras que la segunda se refiere a cuando se provoca una muerte indolora al paciente, para lo que normalmente se utiliza una sobredosis de morfina.

En una entrevista con motivo de su documental, un reportero de la BBC recordó al científico cómo una vez le pusieron un respirador tras sufrir una neumonía y su mujer tuvo la opción de apagar la máquina.

Al respecto, Hawking comentó que en esa ocasión la eutanasia era algo que él no quería; sin embargo, abundó, “creo que quienes tienen una enfermedad terminal y sufren grandes dolores deberían tener la opción de elegir poner fin a sus vidas, y aquellos que les ayuden deberían quedar libres de ser juzgados... si nosotros no dejamos a los animales sufrir, ¿por qué sí a los humanos?”.

El científico acotó que para la práctica de la muerte asistida “debe de haber salvaguardas de que la persona afectada quiere realmente poner fin a su vida y no se está viendo presionada o se hace (la eutanasia) sin su consentimiento, como habría sido el caso conmigo”.

La práctica es ilegal en Reino Unido y el tema de despenalizarlo para los enfermos cuyas vidas son insoportables es una cuestión de debate en muchos países.

Los defensores del derecho a morir dicen que las personas que pueden tomar una decisión deberían tener el derecho a morir con dignidad. Los detractores creen que liberalizar la ley podría poner a personas vulnerables en peligro.

Suiza y varios estados de Estados Unidos son algunos lugares donde es legal algún tipo de eutanasia o suicidio asistido en ciertas circunstancias.

En México se aprobó una ley en 2008 que permite la eutanasia pasiva, es decir, el derecho del paciente a pedir que no se le mantenga vivo y exigir que le retiren los tratamientos o aparatos a los que esté conectado, pero la eutanasia activa aún está penalizada.

Documental

El documental Hawking, elaborado por la firma Vertigo Films, se estrenará en Reino Unido el 20 de septiembre. “La película está pensada como un viaje por la ciencia y un regalo de esperanza para los discapacitados”, comentó el físico británico.

“La física teórica es un campo donde ser minusválido no es un impedimento. Está todo en la mente”, señaló el científico, que actualmente es catedrático de la Universidad de Cambridge.

Hawking, que ha aparecido en programas de televisión como Los Simpsons y Star Trek, dice que su mente activa y su sentido del humor son las claves de su supervivencia. El científico instó a cualquiera con una minusvalía a centrarse en lo que puede hacer y no lamentarse de lo que no pueden.

“Debo admitir que tiendo a pensar en física y agujeros negros cuando me quedo atrás en una conversación. De hecho, mi discapacidad fue una ayuda en cierta manera”, concluyó.

 — REUTERS Y REDACCIÓN