12 de enero de 2013 / 12:33 a.m.

Han acudido al Museo Nacional de las Culturas para apreciar el acervo con más de 200 piezas, en menos de tres meses, indicó el INAH.

 Ciudad de México • La exposición "Oro, arte prehispánico de Colombia" con más de 200 objetos y que se exhibe en el Museo Nacional de las Culturas, ha recibido a 60 mil visitantes en menos de tres meses.

Las piezas del acervo, procedentes del Museo del Oro Banco de la República de Colombia, fueron elaboradas entre los años 500 a.C. y 1500 d.C. por sociedades orfebres de las regiones prehispánicas de ese país.

A través de un comunicado, el INAH informó que la propuesta museográfica con piezas de carácter mitológico y simbólico se muestran como obras de arte fino.

Indicó que el discurso resalta el sentido estético de 200 objetos milenarios, y manifiesta por qué la composición y el equilibrio de los diseños le confieren a la orfebrería prehispánica de Colombia un lugar destacado en el arte universal. Asimismo, la exhibición da a conocer el contexto histórico y social de las obras.

Estos objetos, acompañados de una selección de piezas hechas —en cerámica, piedra y madera— han sido recuperados de las profundidades de las cuevas o lagunas por arqueólogos colombianos.

La exposición resalta, en vitrinas de fondo rojo, el dorado de figuras votivas, colgantes de orejeras, remates de bastón, pectorales y palillos para cal elaborados con moldes bajo la técnica de cera perdida, o bien con martillado y otros más con filigrana.

El especialista del Museo del Oro, Roberto Lleras Pérez, explicó que en el "en el área andina, los litorales del Caribe y el Pacífico surgieron cerca de una docena de estilos diferentes, se elaboraron miles de piezas de adorno y de ofrenda con las más variadas representaciones de hombres, animales y figuras geométricas, y se combinaron técnicas complejas sobre diferentes aleaciones, como la del oro con el cobre que produce la tumbaga".

Por lo anterior, apuntó que eso, en términos estéticos, dio como resultados sorprendentes: "el diseño de las figuras humanas y animales, la composición, el equilibrio y el manejo de los colores le confieren a estos objetos un lugar destacado en el arte universal".

Además de que el especialista contó que parte de las piezas de oro tumbaga y cobre tienen un carácter religioso y simbólico que las explica y justifica. "No fueron, como en el mundo moderno, joyas para realzar la vanidad individual, sino objetos sagrados que participaban de principios e ideas religiosas fundamentales para toda la sociedad. Este factor marcó una profunda diferencia entre las industrias metalúrgicas del Viejo y del Nuevo Mundo, en el momento del descubrimiento de América".

Las piezas que se reúnen en el Museo Nacional de las Culturas, dan testimonio de la compleja y profunda filosofía indígena que explicaba el origen del mundo y la humanidad, las relaciones de los hombres entre sí y con la naturaleza, y el devenir del universo, refiere Lleras Pérez.

Asimismo, recordó que las antiguas autoridades políticas y religiosas, es decir caciques y chamanes, utilizaron grandes y complejas piezas del preciado metal para reforzar su prestigio y hacer visibles su autoridad y privilegios.

"Hay evidencias que indican que en el suroccidente colombiano las elites gobernantes de Calima, Malagana, San Agustín, Tierradentro y Tolima compartieron elementos de la ideología religiosa, y mantuvieron un activo intercambio de bienes suntuarios que incluyó piezas de metal".

Por lo que los objetos de orfebrería, tuvieron una función religiosa en común, sobre todo en tres culturas: la tairona, la muisca y la cauca, señaló Lleras, al abundar que en la primera, la iconografía representada en los objetos de esta época recuerda constantemente la relación y el poder de los animales sagrados: serpientes, murciélagos y aves.

En tanto que entre los muiscas, la ofrenda absorbió la mayor parte de los objetos de metal; y en la cauca, el hombre–ave en pleno vuelo compendia la razón de ser de la metalurgia americana.

En este sentido religioso, el arqueólogo colombiano Efraín Sánchez, curador de la exposición, explicó los receptores finales del arte de la orfebrería eran los dioses u otros seres-espíritus considerados "dueños de los animales" o "dueños de las aguas", de acuerdo a las crónicas del siglo XVI, así como la arqueología y la etnología.

"Quizás, muchas piezas iban directamente de las manos del artífice al fondo de una laguna sagrada, o a las profundidades de cuevas inaccesibles, o se sepultaban en las tumbas ya que los hallazgos se han verificado en todos estos lugares. El chamán pudo haber sido el principal, y en muchos casos tal vez el único agente receptivo-recreador de las piezas de orfebrería. Esto supone que entre el chamán y el orfebre debió existir una relación estrecha, y que aquél tenía una ascendencia fuerte en el proceso creativo".

La exhibición es organizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, en colaboración con el recinto sudamericano, estará abierta al público hasta el 3 de febrero próximo.

Redacción