18 de marzo de 2013 / 01:56 p.m.

Ciudad de México • Al asistir a una de las sesiones del programa Círculo de Tambores, creado por Rosaura Grados y Alejandro Vite, impulsores del programa Música para Todos, uno piensa en Charles Ives, quien alguna vez dijo: “"Creo que no han sido advertidas en su totalidad las posibilidades de los sonidos de la percusión"”.

En Círculo de Tambores, actividad que este mes se lleva a cabo en el Centro Nacional de las Artes, los instrumentos de percusión amplían sus posibilidades: se convierten en vehículo para integrar a quienes, usualmente y por diversas razones, no tienen acceso a programas culturales. Dirigido especialmente a ciegos y débiles visuales, pero incluyente también para otras personas, desde niños hasta adultos, se lleva a cabo sábados y domingos a las 12:30 horas en la Pérgola de la Escuela Superior de Música hasta el 24 de marzo, con entrada libre.

Música para Todos surge en el 2010 con la intención de aplicar un programa de actividades dirigidas a un segmento de la población con limitantes físicas o algún tipo de restricción por cuestiones económicas, indica Alejandro Vite, productor general. “"Aunque la oferta cultural es muy rica y variada, no llega a ciertos segmentos de la población, por ejemplo quienes no tienen acceso a internet o que no recurren a las estaciones de radio culturales y no se enteran. Por eso pensamos en acercarles la cultura musical, en este caso a través de las percusiones, y comenzamos trabajando en algunas colonias del oriente de la Ciudad de México"”.

Hace tiempo, en las clases de percusión que la directora artística del programa, Rosaura Grados, imparte en la Escuela Nacional de Música, tuvo un grupo con niños entre 8 y 12 años, donde cuatro de ellos eran normovisuales y tres con ceguera. Por eso diseñó un programa que permitiera que el aprovechamiento de las clases fuera igual para todos, tomando en cuenta que ella apenas está aprendiendo el lenguaje braille. Los niños normovisuales ayudaban a los otros, quienes se mostraban sumamente receptivos para aprender los patrones rítmicos. Aprendían a la par"”.

Esta experiencia les hizo replantear su programa, agrega Vite, y “"enfocarlo no sólo a gente con escasos recursos, sino también para personas con algún tipo de discapacidad, muy puntualmente personas con ceguera y discapacidad visual. Estamos próximos a enfocarlo también a personas con discapacidad auditiva"”.

Los instrumentos de percusión, explica Rosaura Grados, “"nos permiten llegar a una imitación auditiva de ritmos. Los niños reaccionan muy bien porque lo sienten muy natural. El sonido del tambor es como si fuera un latido del corazón, se les hace muy familiar y se identifican muy rápido. Yo trabajo mucho con los tambores de mano porque a la hora que sienten las vibraciones en sus manos y en su cuerpo se familiarizan mucho más rápido"”.

El programa apela también a la imaginación, pues cuando acuden a lugares con recursos económicos limitados, además de llevar sus instrumentos, invitan a los asistentes a inventar los suyos, agrega la percusionista. “"Los hemos puesto a crear tambores con garrafones de agua, cubetas, palitos, etcétera, lo que permite que los instrumentos se vuelven muy accesibles. Las clases inician con técnicas básicas de percusión, cuestiones relacionadas con ergonomía para que no se lastimen las manos y puedan sacarle sonidos a los instrumentos. Más adelante se aplican ritmos básicos sobre algún patrón en diferentes tipos de canciones, de acuerdo a la dinámica que se vaya alcanzando"”.

Alejandro Vite dice que el grupo que ha asistido a Círculo de Tambores es muy heterogéneo, por lo que “"pretendemos recrear la experiencia que Rosaura tuvo en el salón de clases. La reacción espontánea que tuvieron los alumnos de integrarse, los niños normovisuales y los niños con ceguera, generó un proceso de inclusión. Eso es lo que buscamos, por eso en el escenario hay niños, adultos, normovisuales, ciegos. No tratamos de hacerlo como un espectáculo de circo en el que pedimos que vengan a ver tocar a los niños ciegos, sino que realmente tengan la oportunidad de sentirse que están integrándose a la sociedad, que están siendo incluidos. Ese es el fin último de este concierto"”.

El poder de los latidos

Rosaura Grados comenta que los alcances del programa Círculo de Tambores se van enriqueciendo paulatinamente. “"Si a la primera sesión en el Cenart sólo asistió un niño con ceguera, poco a poco hemos tenido mayor respuesta. Como dos muchachos de la Escuela Nacional de Ciegos fueron al concierto, luego invitaron a sus amigos. Dado que todos disfrutaron plenamente nos invitaron el próximo jueves a participar en la celebración del 150 aniversario de su escuela. Esto nos permitirá llevar el programa directamente a ellos"”.

La percusionista relata que un señor con déficit de atención que asistió con su hija al final les dijo que se había podido concentrar en todo el concierto. “"Las personas con ceguera nos han hecho el comentario de que no se sienten fuera de lugar ni que se les trata como si fueran especiales, lo que ayuda mucho a la integración. Les encanta tocar y escuchar cómo entre todos vamos formando la música y sentirse parte del concierto, porque no sólo están escuchando, sino son parte activa del mismo"”.

XAVIER QUIRARTE