20 de marzo de 2013 / 04:22 p.m.

La exposición es un recorrido "“doctrinal"” sobre el proceso evangelizador del cristianismo en la Nueva España a partir de casi 80 piezas de arte virreinal.

 

Monterrey.- El Museo de Historia Mexicana se convertirá en el séptimo y último destino de la exposición El pecado y las tentaciones en la Nueva España, única en su tipo y que contó con la colaboración de al menos cinco museos y cuatro curadores en su elaboración.

La exposición es un recorrido “"doctrinal"” sobre el proceso evangelizador del cristianismo en la Nueva España a partir de casi 80 piezas de arte virreinal.

Desde la lucha entre el bien y el mal, la doctrina del pecado original, la redención, el pecado, el camino a la salvación y finalmente el juicio final.

Una iniciativa de la directora del Museo de Guadalupe, Zacatecas, Rosa María Franco, que tuvo un proceso de 18 meses en su concepción, buscando la formulación de un guión que trata de explicar el tema sin caer en dogmas y posteriormente una intensa investigación sobre las obras, sus ubicaciones y lograr el préstamo de las mismas para su exhibición.

"“No es un tema fácil, fuimos buscando en varios museos y no todos accedieron a sacar su obra, entre aquellos que nos apoyaron está el museo Franz Mayer, desde luego la Pinacoteca de la Casa La Profesa, algunos museos institucionales como el Museo Nacional del Virreinato, el Museo del Carmen y el Museo Nacional de Historia, los tres del Instituto Nacional de Antropología"”, señaló María Consuelo Maquívar, una de las curadoras y quien expondrá el proceso de esta exposición durante su inauguración hoy a las 19:00.

Esta exposición ha itinerado por los estados de Zacatecas, Hidalgo, la Ciudad de México, y ahora en Monterrey termina su camino, pues la obras deben ser devueltas a sus sitios de origen, al cabo de dos años.

Los curadores solicitaron dos condiciones a los espacios museísticos que presentaron esta exposición, la primera es que se respetara de principio a fin el guión museográfico, y la segunda, que del acervo del mismo museo se exhibiera una pieza que pudiera incorporase a la exposición durante su estancia en ese sitio.

En el caso del Museo de Historia Mexicana fue una serie de óleos que representan las castas y un crucifijo monumental los que se incorporaron a esta última edición.

“"Yo no conozco que haya habido antes algo tan completo, tan unido con esta coherencia en torno a este tema"”, dijo.

El pecado y las tentaciones en la Nueva España, recibió la Mención Honorífica “Miguel Covarrubias”, entregada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia a las exposiciones temporales.

En ella participaron en la curaduría Violeta Tavizón Mondragón, Rosa María Sánchez Lara y Enrique Javier Nieto, y estará en el Museo de Historia Mexicana hasta el 28 de julio.

Prácticas vigiladas

Durante el Virreinato, según la Iglesia, las tentaciones eran el arma del demonio para hacer pecar a la humanidad, por lo cual la Inquisición vigiló ciertas prácticas para evitar la presencia de pecados graves en el seno de la sociedad.

Un ejemplo sería comer desenfrenadamente o disfrutar en demasía del alimento, acción que llevaba con facilidad a la gula, en este contexto, el chocolate, que fuera uno de los alimentos más preciados durante la época prehispánica, durante la colonia tuvo gran éxito en los recintos religiosos, pues las damas de la sociedad solían beberlo durante la celebración de la misa, sin embargo su venta y consumo era controlado por las autoridades, pues le atribuía que su consumo exagerado tenía un efecto afrodisíaco y de ahí que en el imaginario popular se le relacionara con las tentaciones.

Los misioneros se valieron también de la prédica directa, en el púlpito o en la capilla abierta, del consejo individual y de la administración de los sacramentos.

DANIELA MENDOZA LUNA, REDACCIÓN