10 de agosto de 2013 / 04:44 p.m.

Monterrey • En entrevista con MILENIO Monterrey, Enrique Tovar Esquivel, actualmente profesor-investigador del Centro INAH Nuevo León, habla sobre el tema que le valió ser galardonado con el Octavo Premio de Investigación Histórica “Israel Cavazos Garza”.

El tema de la prisión en Monterrey es un poco oscuro, con pocas investigaciones hechas por historiadores. ¿En tu caso qué te llevó a emprender este tema que te reditúa en el premio "Israel Cavazos"?

"Como tema es un poco oscuro, porque luego sabemos que, cuando alguien va preso, imaginamos que no va a tener libertades de las que gozamos, pero no se sabe la forma en que la gente vive en esos espacios, menos de manera histórica.

Necesitamos conocer esta historia, porque la historia no sólo es la de los gobernadores o militares, sino también del pueblo. Los presos también costruyeron la ciudad, salían a mejorar caminos y se les pagaba por ello, algo que ya no se hace actualmente".

Lo has recalcado en diversas ocasiones: el interés que había por darle un trato digno a los presos. Parece difícil pensar esto de las autoridades del siglo XVII.

"Esa parte es interesante. En esta tierra de bárbaros, como se les llama, no lo eran tanto, había principios humanitarios; entonces en ese sentido a los presos se les buscaba una mejor condición de vida, sabían que tenían que pagar una pena, pero no tenían por qué sufrir, o sea la pena era el encierro no que les pegaran, les escupieran o que vivieran mal".

¿Por qué motivos te metían a la cárcel, digamos en el siglo XVII, en Monterrey?

"El robo y el asesinato, principalmente. Ya después quedaba el adulterio o los llamados pecados nefandos; se perseguían delitos que tenía que perseguir la Inquisición, pero como no había representación en el Nuevo Reino del León, las autoridades civiles eran los que emitían estos juicios, así como perseguirlos".

¿En estas cárceles coexistían en un mismo espacio, niños, jóvenes, adultos; hombres y mujeres?

"Algunos expedientes del siglo XVII dicen que a los presos se les permitía que sus esposas, por ejemplo, pasaran la noche con ellos, incluso a llevarles de comer, porque a veces el Ayuntamiento no tenía dinero ni para darles de comer.

La división de sexos dentro de las cárceles del siglo XVII y XVIII tampoco existía: eran hombres, niños y mujeres conviviendo en un espacio muy reducido.

…Y esto derivaba de toda clase de abusos.

"Era el abuso, exacto. Algo curioso de las leyes actuales es que se protege a la mujer en contra del abuso del hombre o de los niños en contra del abuso del padre, pero, siendo generales, debería ser el abuso del fuerte contra el débil, donde entre toda aquella persona que puede ser abusada por alguien con mayor fuerza. En estas cárceles, al no haber una división, lo que imperaba era la ley del más fuerte".

¿Qué relación tenían los caciques o los hacendados con los encargados de decidir quién iba a la cárcel?

"Hay un caso que puede reflejar esto: un paje que estaba al servicio del tercer obispo del Nuevo Reino del León, fray Andrés Ambrosio de Llanos y Valdés, pues aunque se tacha de buena persona al obispo, tenía su lado oscuro que era abusar de la gente.

El paje, un buen día, dijo que ya no quería estar con el obispo, pues prefería irse con un tío que encontró, pero el obispo no se lo permitía. Entonces, el paje se escapó y se escondió en casa de una persona, el obispo mandó por él y terminó castigándolo.

Sin embargo, el gobernador intercedió por el paje y, si bien, lo metieron a la cárcel durante el proceso de disputa, le dieron un cuarto para él solo.

Aquí se ve la relación del poder y del abuso, en el caso de la gente que se escapaba de sus patrones siempre tenía la posibilidad de defenderse a través del Ayuntamiento o del gobernador".

¿En aquellas fechas tampoco pisaban la cárcel los poderosos, es decir políticos o religiosos?

"No tengo documentado que algún político haya pisado la cárcel por aquellos años. Activistas políticos sí, muchos, en especial durante los años de la Independencia de México; aquellos que tenían ideas revolucionarias fueron encerrados en la Penitenciaría del Estado".

GUSTAVO MENDOZA LEMUS