3 de mayo de 2013 / 03:25 p.m.

Monterrey  • Una de las comunidades más nombradas de Monterrey cumple 410 años de existencia. La historia del barrio del Topo Chico va de ser un próspero destino turístico ha ser la marca más popular entre las llamadas aguas minerales.

Hoy es una de las tantas zonas conflictivas que rodean a la capital del estado, pero su población no olvida conmemorar su origen cada año. La pinta sobre una barda hecha con materiales de antaño –piedra cantera y claro el mármol del Topo Chico- lo evidencia:

"Bienvenidos al Topo Chico, más de 400 años".

Conocida como “El Topo” desde la fundación por Diego de Montemayor, la comunidad es reflejo fiel del proceso de industrialización al pasar las aguas termales a ser aprovechadas como una bebida de exportación nacional e internacional.

El día de hoy las autoridades de Monterrey y miembros de la comunidad realizarán un acto cívico que recuerda la fundación del Topo Chico en 1603.

Paseo histórico

Los únicos testigos presenciales son los frondosos encinos del Parque Niños Héroes sobre la calle Mina. Ahí llegaron los enfermos, turistas y paseantes durante siglos para disfrutar de las aguas termales.

En El Reino en celo, novela de Mario Anteo, el capitán Mederos se sumerge en las aguas sulfurosas y así dar descanso a sus conquistadores huesos.

"Desde la época de Diego de Montemayor ya se habla del Topo Chico, hay la intención de ejercer la minería con la participación de Mederos y ya después se pasa a la agrícola. Es un escenario que me interesó", destaca el novelista.

El 5 de mayo de 1603 Marcos González Hidalgo se convirtió en el primer dueño de lo que hoy conocemos como el Topo Chico. No se tiene registro que el personaje haya vivido ahí, pero esta es la fecha que se festeja año con año.

Juan Ramón Garza, cronista de Escobedo, señala que hoy en día se conservan vestigios de las minas que operaban entre el siglo XVII Y XVIII.

Sin embargo, la relevancia de este sector se ha caracterizado por sus aguas termales.

"Todos han dejado vestigio de sus propiedades curativas, desde la época de la Colonia así como el paso de los norteamericanos en 1846 hasta culminar con su industrialización".

El Topo también fue testigo de la Revolución Mexicana, cuando en 1914 se enfrentaron carrancistas y federales.

De sus laderas se ha dado un material de construcción: el llamado mármol negro del Topo Chico, que en una época se consideró un material de lujo en la ciudad y que ahora el escultor Jorge Elizondo ha sabido posesionar en el arte nacional.

De mulitas al tren eléctrico

Por mucho tiempo, la tradición oral del regiomontano ha apuntado a que el Cerro del Topo Chico es un volcán apagado. La ciencia ha demostrado claramente que es falso.

Lo que sí se confirmó durante años fue las propiedades curativas de sus aguas sulfurosas. En 1791 el gobernador Manuel Bahamonde y Villamil solicita autorización al Virrey para construir unos cuartos de alojamiento, pues a los manantiales acudían enfermos de Coahuila, Tamaulipas y el Valle de Texas.

Sus propiedades curativas se relacionaban a infecciones en la piel y al reumatismo. Otra leyenda del sector apunta a que las propias hijas de Moctezuma llegaron en caravana desde Tenochtitlán para curar sus males.

"Pura leyenda de carácter comercial, quizás de ahí la imagen del indio tomando de su cauce que aparece en el logotipo de la empresa", comenta el cronista.

Las dos mejores épocas –cargadas de romanticismo en el imaginario regiomontano- fueron de 1887 a la década de 1910, y de 1930 a 1950, donde el turismo fue la principal fuente de ingresos del sector.

"Yo vivía en la colonia Cuauhtémoc, y recuerdo mucho el bosque del Topo Chico y allá se practicaba mucho el paseo a caballo. Para nosotros era un viaje", refiere Anteo.

A comienzos del siglo XX el transporte de mulitas –que partía de la Estación del Golfo- fue renovado por un tranvía eléctrico, que hacía su viaje desde la Plaza Zaragoza y culminaba en el actual Parque Niños Héroes sobre la calle Mina.

Vestigios

Si bien vivió una década de auge entre los 30 y 40 del siglo pasado –ahí acudieron estrellas del cine mexicano e incluso el Presidente Plutarco Elías Calles- esta terminó con el avance del siglo XX.Con los años la llegada de los posesionarios y el crecimiento urbano, aunado a la privatización de la embotelladora, terminó por acabar con el paraje.

Hoy todavía sobreviven el Hotel Mármol, la calle Mina donde se ubicaba la estación del tranvía y una escuela levantada en piedra del Topo que es orgullo de sus habitantes.

Pero la naturaleza le otorgó un regalo a los regiomontanos del siglo XXI cuando con las lluvias del huracán Alex de 2010 brotaron algunos manantiales.

"Con las lluvias surgieron nuevos manantiales que con el tiempo se habían olvidado. Claro que aún quedan los principales, pero con el Alex pudimos recordar cómo se veía el paraje antiguo", señaló el cronista Juan Ramón Garza.

GUSTAVO MENDOZA LEMUS