12 de abril de 2013 / 12:58 p.m.

El totonaca, que alguna vez sirvió al gobierno estadunidense como código de guerra al grado de que su gramática estuvo “clasificada” por varios años, es la lengua a la que el indígena Pedro Pérez Luna tradujo El Principito (Waxa’aktsúPúxku’), de Antoine de Saint-Exupéry, labor en la que invirtió un año de su vida.

Convencido de que los encuentros se deben dar entre el espíritu, el pensamiento y las palabras de cada persona, Pérez Luna se propuso tender un puente entre su lengua materna y el francés, con el objetivo de revitalizar a la primera y demostrar que puede expresar “muy bien” los valores de vida, amistad y amor que pondera la obra publicada por primera vez en la década de los cuarenta del siglo pasado, y traducida a más de 200 idiomas del mundo, incluidos el maya peninsular, el kaqchikel de Guatemala y el toba del norte argentino.

La obra cuenta la historia de un niño (el pequeño príncipe) que, a través de sus aventuras y viajespor varios “planetas”, narra con bellas metáforas y excelentes recursos lingüísticos las contradicciones existentes entre el comportamiento de los adultos y los contrasta con la sabiduría infantil.

A la fecha, explicó Pérez Luna, esa obra es desconocida por niños y jóvenes originarios del Totonacapan poblano, y solo algunos pocos conocen solo escuetas referencias del relato desde el español, segundo idioma de muchos de los miembros de la etnia.

A pesar de que en la entidad más de 100 mil personas hablan totonaco en siete variantes dialectales según la región, dijo el también licenciado en Lengua y Cultura por la Universidad Intercultural del estado de Puebla, es una lengua amenazada: se encuentra en peligro de sustitución lingüística por el español por la falta de textos que ayuden a su difusión.

Además, enfrenta otro tipo de embates: la discriminación por parte de sectores dominantes, que de manera cotidiana lastiman su dignidad, pues se da a esta lengua el estatus despectivo de “dialecto”, pensando que no cuenta con gramática ni vocabulario rico, añadió.

Por ello, agregó Pérez Luna, es importante evitar que su lengua deje de hablarse y pueda seguir siendo un medio de comunicación, pero también un medio de transmisión de conocimientos ancestrales y valores, tal y como lo demostró en una investigación anterior denominada “WantúLichuwinanqó’ lakqolón” (Lo que los abuelos platican).

De Le Petit Prince a Wa Xa’aktsú Púxku’Con su traducción y difusión de El Principito, reiteró, se coadyuvará a valorar el idioma y se favorecerá su desarrollo y revitalización al demostrar que el totonaco es una lengua literaria al nivel de cualquiera del mundo, como el francés, el español, el inglés o el alemán.

En principio, explicó, hizo un resumen de la obra en totonaco, utilizando el significado de la original, para demostrar que lo que Saint-Exupéry quiso dar a entender se puede leer y expresar muy bien en este idioma originario.

Para ello, añadió, reprodujo de la manera más exacta posible el significado del mensaje original en una forma que sea natural en la lengua meta. “Pues precisamente traducir no consiste solamente en sustituir las palabras del idioma fuente por las del totonaco. Las palabras se combinan de manera diferente en cada idioma, así como las ideas, que también se expresan de maneras distintas”.

En su trabajo echó mano de distintos tipos de traducción literaria: usó la idiomática, que es muy diferente a la literal, pues la primera procura comunicar el significado de la lengua original a través de las formas naturales de la lengua receptora.

Sin embargo, el ejercicio no estuvo exento de dificultades, precisó, pues tras realizar la lectura de El Principito y resumirla al totonaco, se encontró con que algunos términos lingüísticos no se pudieron traducir, como las palabras “elefante”, “baobab” y “Sahara”, por lo que tuvo que usar préstamos lingüísticos y otras palabras como “boa”, que sí tienen una correspondencia en su lengua materna “jukiluwa”.

"“Estoy consciente de que hay situaciones como la ortografía práctica para representar algunos signos del idioma como el largo vocálico, las vocales laringealizadas, etcétera, que están a discusión entre los hablantes"”, explicó.

Además, hubo que hacer algunas lecturas en las escuelas de la región y con algunos adultos. "“Creo que esta obra, con una buena difusión, puede contribuir a la valoración de mi lengua materna, pues demuestro que una obra escrita originalmente en lengua francesa, se puede leer en totonaco. En lo particular pienso que esto puede ayudar sobre todo a los jóvenes y niños, pues a la fecha no hay publicaciones dirigidas a los totonacos”", aseveró.

"“Tardé un año en traducirlo; también hice pruebas, pues dos amigos hicieron traducciones a la inversa o retrotraducciones para hacer la evaluación. Parece que sí me apego a lo que el autor dice”", expresó con humildad Pedro, quien también busca conseguir los permisos del gobierno francés para la publicación e iniciará gestiones para obtener los recursos que permitan su reproducción.

De un planeta a otroEl trabajo de Pedro Pérez Luna fue sometido, además, a la opinión de la lingüista francesa Duna Troiani, autora del ensayo “Fonología y morfosintaxis de la lengua totonaca de Huehuetla, Puebla”, quien consideró que revela la importancia que los indígenas dan a su lengua: "“Ya hay una conciencia de que cada lengua, como cada cultura, merece su propio espacio en el universo”".

La especialista apreció que la traducción es un ejercicio extremamente difícil:"“Es como pasar de un planeta a otro"” y adquiere un nivel mayor de complejidad cuando como en el caso del totonaco aún hay mucho por hacer.

“"Lo más importante es que la gente lea el libro y encuentre el placer del texto y no el de la ortografía; estoy segura de que cuando uno se adentra en el relato, se adapta muy bien a las normas de ortográficas. Al leer la primera página, el lector hará suyas las normas porque las palabras tomarán su propia musicalidad, la que corresponde a la lengua totonaca, y cualquiera las comprenderá. Eso es lo más importante, no la guerra de las escrituras, que resulta negativa e impide avanzar en la comunicación y en la creación”", manifestó.

— LETICIA ÁNIMAS