26 de mayo de 2013 / 03:20 p.m.

"Sin necesidad de acudir al albur registró el habla de México y creó una serie de voces que no son mexicanismos pero que se quedaron en el imaginario colectivo", dijo Vicente Quirarte

 

México • Periodistas y caricaturistas se reunieron ayer en el Museo del Estanquillo para rendir homenaje al historietista Gabriel Vargas a tres años de su muerte. Éste fue el creador de tiras cómicas como La familia Burrón, Los súper-locos y El caballero Jilemón, cuyos personajes son ahora parte del imaginario colectivo mexicano.

Desde la huella que dejó en el habla cotidiana hasta su calidad narrativa, el legado de Vargas fue abordado desde distintas miradas. De acuerdo con el caricaturista Rafael Barajas, El Fisgón, Vargas fue un cronista que captó el alma de la sociedad mexicana: "Es uno de los mayores historietistas mexicanos de todos los tiempos. La familia Burrón es una crónica de la clase media en una vecindad. Cuando fue retratado en una de estas historietas, Carlos Monsiváis dijo que con ella ya no necesitaría de un pasaporte a la hora de viajar, porque la misma obra de Vargas es una prueba de mexicanidad", afirmó.

Vargas fue parte del grupo de dibujantes mexicanos que en la década de los cuarenta llevó al género narrativo de la historieta a su clímax. Las tiras cómicas alcanzaban millones de ejemplares a la semana, lo cual permitió que de su éxito surgieran emporios editoriales como Grupo Editorial Vid: 2La verdadera industria editorial en México era la edición de historietas. Forjó una parte importante de la cultura mexicana", opinó Barajas.

Sin embargo, de acuerdo con el caricaturista, la historieta se encuentra hoy en declive debido a que las editoriales no han cambiado esa 2fórmula de éxito" en décadas: "Acabaron por aburrir al público. Gran parte de las personas dejaron de leer historietas para ver televisión. Las historietas eran el primer acercamiento a la lectura; muy eficaz. Si alguna vez fuimos una nación que leía más, fue gracias a ellas. Si antes se pensaba que la historieta no era un género respetable, la perspectiva histórica nos permite afirmar ahora que es un género fantástico", afirmó.

En la celebración también estuvieron presentes la periodista Guadalupe Appendini, viuda de Gabriel Vargas; el escritor Vicente Quirarte, el caricaturista José Hernández, el periodista Alberto Carbot y el escritor Hugo Gutiérrez, moderados por una marioneta de la misma Borola Tacuche, personaje de la serie cómica más famosa de Gabriel Vargas.

Nacido en Tulancingo en 1915, Vargas comenzó a laborar en Excélsior durante su adolescencia. Su posterior residencia en la calle de Moneda, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, influiría en el humor crítico que lo caracterizaría hasta su muerte, el 25 de mayo de 2010. El juego de palabras rimbombantes y los tintes de realismo mágico en sus narraciones serían admirados tanto por el público en general como por literatos y escritores: "No fue un historietista sino un historiador. Sin necesidad de acudir al albur registró el habla de México y creó una serie de voces que no son mexicanismos pero que se quedaron en el imaginario colectivo, lo que lo convierte en un artista de cuya crítica no se salva ninguna clase social", señaló Quirarte.

Durante el homenaje, Hugo Gutiérrez recitó una oda dedicada tanto a los personajes de Vargas como a Carlos Monsiváis, mientras que Hernández alabó la capacidad del historietista para "crear universos enteros de personajes". Según éste, es posible encontrar guiños a la obra de Vargas hasta en la coyuntura política, en la que conviven cientos de Jilemones Metralla, estereotipos "del gandalla".

Por su parte, Carbot exhortó a las autoridades y a los asistentes a sumarse a distintos proyectos para preservar el legado del historietista, entre los que se encuentran un proyecto escultórico y la posibilidad de cambiar a “Gabriel Vargas” el nombre de la calle en la que se encuentra su taller, en la delegación Cuauhtémoc de la Ciudad de México.

JESSICA OLIVA