22 de julio de 2013 / 02:50 p.m.

Investigadores de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Iztacala, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), desarrollan una línea de estudio para crear tejido óseo a partir del cultivo de células madre tomadas de la pulpa dental de las piezas temporales de los terceros molares.

El objetivo principal de dicha investigación es tratar los defectos óseos resultantes de patologías bucodentales y para lograrlo se instalará un laboratorio de ingeniería tisular en la Clínica Odontológica Cuautepec —una de las ocho a cargo de la UNAM—, con el apoyo de la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación del DF.

Además, el laboratorio impulsará indagaciones en la materia entre los estudiantes de licenciaturay posgrado, informó Martín Ascanio Balderas, coordinador de los trabajos.

El catedrático universitario indicó que este proyecto, que se encuentra en sus primeras etapas, ha tenido el apoyo institucional de Patricia Dávila Aranda, directora de la FES Iztacala, quien facilitó el espacio físico necesario para su desarrollo.

En el lugar, localizado en la delegación Gustavo A. Madero, se realizará el proyecto titulado La ingeniería de tejidos en las disciplinas odontológicas, en el que también participan José Cano Brown y Carlos Andrés Gallardo, académicos de la FES, asesorados por Raúl Rosales Ibáñez, profesor investigador de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP).

Nueva disciplina

Los trabajos de ingeniería tisular en odontología aún son incipientes. Este tipo de disciplina consiste en la construcción de tejidos en el laboratorio a partir de células localizadas en la boca, campo en el cual la UASLP incursionó hace cuatro años, explicó el investigador potosino invitado al proyecto.

""En conjunto con la FES estamos por abrir un proyecto similar en la UNAM para formar a los odontólogos del futuro. Además de contribuir en su formación profesional, pueden desarrollar investigación de alto nivel en esta rama de la ciencia de reciente creación, con beneficio para los pacientes""detalló Rosales Ibáñez.

La colaboración entre la carrera de Odontología de la UNAM y la UASLP comenzó en diciembre de 2011, año en que Alberto Jiménez, alumno de la carrera de cirujano dentista de Iztacala, asesorado y acompañado por los profesores referidos de la FES, llevó al laboratorio de ingeniería tisular de Raúl Rosales un tercer molar que fue extraído en la Clínica Odontológica Acatlán; en ese espacio se llevaron a cabo las fases experimentales para obtener las células madre a partir de la pulpa de dichas piezas.

El laboratorio

Ascanio Balderas adelantó que los trabajos tienen el objetivo de estandarizar la técnica para el cultivo de células madre tomadas de la pulpa dental, de ligamento periodontal y del paladar para crear huesos, cartílago, e inclusive músculos propios de la boca.

Además, los investigadores trabajarán en la diferenciación celular y en los andamios tisulares. Posteriormente, se indagarán los avances en animales de experimentación, hasta llegar a su aplicación clínica en pacientes.

En los primeros años, el proyecto estará orientado al linaje osteogénico (para generación de tejido óseo), con el propósito de localizar otras zonas de la boca de las cuales obtener las unidades de cultivo.

Es fundamental que las clínicas odontológicas participen en el proyecto, subrayó el especialista en oclusión (sellado de piezas dentales) y prótesis.

La finalidad, abundó, es que los estudiantes se gradúen con una tesis y la publicación de un artículo indizado con ranking internacional, para estandarizar la técnica de cultivo de células madre a escala mundial.

A futuro estas técnicas pueden ser una alternativa en terapias regenerativas. Las instalaciones de Iztacala tendrán la capacidad de aportar la piel que requieren los tratamientos de pacientes que sufren quemaduras, así como huesos para atender fracturas bucales que no sanan.

La primera comida, asociada a diabetes

Cuando los bebés con alto riesgo de desarrollar diabetes tipo 1 (DT1) prueban su primera comida sólida antes de los cuatro o después de los seis meses de vida, sus posibilidades de padecer la enfermedad por lo menos se duplican, según una investigación de la Universidad de Colorado.

Los resultados no son totalmente nuevos, según indicó la autora principal del estudio, Jill Norris. Estudios previos habían hallado que el crecimiento de ciertas células inmunes está asociado con la introducción de los alimentos sólidos.

""No elegimos esa ventana porque sí”", dijo Norris. Pero este es el primer estudio sobre a cuántos niños se les diagnostica diabetes. ""El mensaje más claro para los padres es esperar hasta después del cuarto mes para incorporar los alimentos sólidos"", alertó la experta.

""Y cuando el bebé está listo, los alimentos sólidos deben incluirse antes de los seis meses o inmediatamente después, preferentemente junto con la lactancia"", abundó.

El equipo de Norris monitoreó hasta los ocho años a mil 835 niños con riesgo de padecer DT1. Los niños que habían recibido su primera comida sólida antes de los cuatro meses eran casi dos veces más propensos a desarrollar la enfermedad que los que la habían probado durante la ventana etaria ideal. En los que lo hicieron después de los seis meses, esa posibilidad se triplicó.

 — REDACCIÓN, REUTERS