29 de agosto de 2013 / 04:09 p.m.

México, Londres • Investigadores de la UNAM iniciaron el proceso de diseño y construcción de una planta piloto para la producción de biodiésel de calidad a partir de aceites comestibles de desecho recolectados en restaurantes y hoteles del Distrito Federal; el producto obtenido se pretende destinar al transporte público de la ciudad.

Mediante esta planta piloto, que será instalada en los talleres de la Red de Transporte de Pasajeros (RTP) del DF, inicialmente se prevé la producción de 2 mil litros del biocarburante en un lapso de una hora de operación por día.

Control del producto

La calidad y materia prima serán avaladas por un laboratorio que se pretende establecer en la Facultad de Ingeniería (FI), que podría constituir el primero y único en su tipo en el país, indicó Alejandra Castro González, académica de posgrado en esa instancia.

La especialista resaltó la importancia de garantizar la calidad de la materia prima (aceite vegetal de reúso) y del biodiésel producido para el buen funcionamiento de los camiones, porque un combustible de mala calidad dañaría los motores. “No existe en México un laboratorio certificado para medir específicamente la calidad (del biodiésel), y a partir de este proyecto podrá instalarse el primero y único en la UNAM”.

Uno de los sectores que mayor número de contaminantes produce a escala global es el transporte (36 por ciento) y en México constituye un problema “que buscamos atacar con el uso de elementos limpios”, señaló Castro.

Según cifras de la UNAM, México es una de las 11 naciones más importantes en la producción y consumo de aceite vegetal; se generan 1.89 millones de toneladas anuales en promedio y el consumo per cápita es de 22.5 kilos; sin embargo, explicó la académica, hasta el momento se desconoce la cantidad de aceite residual que se genera.

En los establecimientos de Ciudad Universitaria realizaron una investigación al respecto; “algunos tiran 70 por ciento y otros solo 20 por ciento, de lo que se deduce que hay locales que cocinan más sano que otros”, opinó Castro.

Etapas

El proyecto es financiado por el Fondo Mixto Conacyt-GDF y se divide en cuatro etapas; la primera consiste en la cuantificación del aceite de desecho en la urbe para convertirlo, en la que participarán los institutos de Ingeniería y de Investigaciones Económicas de la UNAM.

La segunda fase consiste en la planta piloto, que contempla la capacitación para su manejo. “Será totalmente automatizada, el diseño ya está hecho y vamos a replicar la planta que donó la empresa Biofuels de México, a la que hemos aplicado mejoras”, detalló Castro.

La tercera será el establecimiento del laboratorio para medir la calidad de la materia prima y del biocombustible generado para lograr la exigencia que marca la norma internacional ASTM 6751, para más tarde buscar la certificación correspondiente.

En la cuarta etapa se medirán las emisiones de los camiones antes y después del uso de biodiésel a corto, mediano y largo plazos, para al final realizar un estudio de factibilidad técnico, económico y ambiental.

La experta aclaró que el proyecto no se trata de la sustitución total del diésel por biodiésel, sino mezclas para las unidades más viejas en proporciones de 95/5, 90/10 y 85/15 por ciento, además de que “los camiones de modelo reciente no pueden usar este producto porque tienen un convertidor catalítico y de hacerlo perderían la garantía que les otorga la empresa automotriz”.

Los beneficios

En su estructura, el biodiésel contiene moléculas de oxígeno que permiten que el motor realice una combustión completa, y por tanto, que aproveche más el combustible, además de que al haber un mejor proceso se disminuye la cantidad de gases de efecto invernadero.

Otra ventaja es que limpia la maquinaria de los camiones, “elimina las incrustaciones que tuvieron durante los años de operación y, de manera automática, brinda una mejor combustión y eficiencia, así como la disminución en el consumo de combustible por kilómetro”, explicó Castro.

Como coproducto del proceso de elaboración se puede obtener glicerol, sustancia importante para las industrias farmacéutica y cosmética, entre otras, con un impacto económico importante. “La RTP, además de conseguir un beneficio económico del biodiésel, también lo tendría por la venta de glicerol”, comentó la especialista.

Asimismo, recalcó la posibilidad de que a partir de este proyecto se hagan las regulaciones en el DF para la recolección, transporte y reúso del aceite vegetal, además de ofrecer la oportunidad de que se lleve a cabo el trabajo conjunto entre gobierno, empresas y comunidad científica.

El brócoli frena la artrosis

Un grupo de científicos británicos aseguró que comer brócoli en abundancia ayuda a frenar el desarrollo de la artrosis e incluso a prevenirla, informó ayer la BBC. El equipo de investigadores, de la Universidad de East Anglia, en Norfolk, Inglaterra, inició ensayos con seres humanos tras el éxito de las pruebas llevadas a cabo en células y en ratas.

Los estudios demostraron que un nutriente que está en el brócoli (glucorafanina) se transforma eventualmente en un compuesto (sulforafano) que bloquea una enzima destructiva considerada clave en los daños que dicha enfermedad producen en el cartílago.

Para el estudio en humanos, 20 voluntarios pasarán dos semanas sometidos a una dieta rica en una variante del brócoli llamada beneforte —cruce entre el vegetal común y una variedad salvaje proveniente de Sicilia— mucho más rica en nutrientes.

Posteriormente los pacientes se someterán a una cirugía para reparar sus rodillas y los científicos observarán y analizarán el tejido cartilaginoso de la articulación para comprobar el impacto de la ingestión continuada y abundante del vegetal.

REDACCIÓN, EFE