3 de julio de 2013 / 03:14 p.m.

México• La prostitución en adultos mayores es un tema complejo, pues constituyen un grupo vulnerable e invisible para la sociedad. Son, además, “un asunto contaminado y políticamente manoseado”, afirmó Fernando Quintanar, de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Iztacala de la UNAM.

Ante la situación, Quintanar y un grupo de universitarios brindan apoyo a la Casa Hogar Xochiquetzal, en Tepito, DF. Este espacio es refugio para prostitutas mayores (algunas tienen 85 años), que ejercen en Arcos de Belén, Salto del Agua o La Merced.

ENVEJECIMIENTO

Mediante el programa Psicología del envejecimiento, tanatología y suicidio, con 14 años y a cargo de Quintanar, se capacita al personal de la casa hogar, que el universitario considera un pequeño laboratorio social, que le ha permitido indagar algunos aspectos relacionados.

Para efectos de estudio, la tercera edad se considera de 60 años en adelante; pero en la clasificación “formal” queda fuera un sector, los llamados presenectos, que van de los 55 a 60 años, aclaró el experto.

Además establecen estrategias de sensibilización e integración de los residentes. “Hemos elaborado procesos grupales por medio de rituales como las ofrendas de muertos u orientación personal y familiar. Lo más importante es que los responsables de Xochiquetzal aceptaron hacer esa tarea”, detalló.

También, los universitarios intervienen como grupo de contención ante muertes por asesinato, violencia o enfermedad. “Trabajar la vejez y al adulto mayor incluye su entorno, el proceso de cambio y con quién convive; se requiere una visión de curso de vida, una perspectiva más gerontológica y menos geriatrizada”.

Desde hace casi cinco años, Quintanar visita dos o tres veces por semana ese espacio para dar continuidad al programa de apoyo. “En otras ocasiones lo hace Carlota García Reyes-Lira, colaboradora cercana, o egresados de Psicología y de otras carreras que se imparten en la FES”.

Para ese fin, trabajan de forma cercana con Verónica Montes de Oca Zavala, del Instituto de Investigaciones Sociales, quien coordina el Seminario Universitario Interdisciplinario de Envejecimiento y Vejez.

“Apoyaremos a Xochiquetzal tanto como nos lo permitan. El programa requiere estrategias de atención, exige creatividad, tiene que ser una tarea sustentable, con visión profesionalizada, pues no se puede estudiar un tema sin aterrizarlo, ni participar con las residentes y el personal solo para obtener información sin brindar algo a cambio”, señaló Quintanar.

XOCHIQUETZAL

Muchas prostitutas encontraron albergue en la Casa Hogar Xochiquetzal al huir de la pobreza y después que les negaran apoyo en centros de salud y grupos religiosos.

“La prostitución es una actividad vinculada con la imagen empobrecida y entristecida de este segmento. Hablar de quienes la ejercen significa que todo gira en torno a ellas, no de quienes las llevaron a esa situación, a esas personas suele dejárseles de lado”, comentó Quintanar.

Actualmente, en la Casa Hogar Xochiquetzal, que en su origen fue planeada para 40 residentes, conviven entre 18 y 24 mujeres que entran y salen en forma constante.

“Muchas de ellas llegaron a esa actividad porque las llevó la pareja, algún familiar las indujo, u orilladas por la pobreza y marginación social; muy pocas lo hicieron por elección personal. Normalmente, se piensa que quienes la ejercen tienen un historial de abuso sexual, maltrato y violencia, pero no siempre es así”, refirió el experto.

De manera habitual, sus clientes son consuetudinarios y establecen vínculos familiares que rebasan la amistad, para llegar a una especie de enamoramiento. Generalmente, con ellos ya no son víctimas de maltrato o de agresiones, se identifican, hay una confianza poco común y se convierten en acompañantes ante condiciones de soledad, depresión, abandono y desesperanza.

A su vez, ellas constituyen un colectivo social que sirve de válvula para una serie de padecimientos o afecciones psicosociales de otro grupo vulnerable que ha vivido en la marginación.

 

PATENTES AFECTAN LUCHA CONTRA EL SIDA

Médicos Sin Fronteras alertó que la expansión de derechos de propiedad intelectual impide la producción de nuevos medicamentos genéricos para tratar el VIH y los mantiene lejos del alcance de los países con menos recursos.

La ONG expuso, en un foro internacional sobre sida que se realiza en Malasia, que los precios de medicamentos viejos han bajado porque están desarrollando genéricos, pero los nuevos tratamientos, más efectivos, son hasta 15 veces más caros.

“Es una buena noticia que los precios sigan bajando a medida que más empresas de genéricos compiten, pero los nuevos son muy costosos y los necesitamos para los que han agotado todas las demás opciones”, dijo Jennifer Cohn, directora médica de la campaña de acceso de Médicos Sin Fronteras.

Los pacientes pueden ser tratados con una combinación de medicamentos viejos, pero aquellos que desarrollan resistencia necesitan los más nuevos.

La organización pidió a 11 países no firmar el Acuerdo de Asociación Transpacífico, ya que éste aumentará los derechos de patente en Asia y el continente americano, “expandiendo la protección de los medicamentos y amenazando el acceso barato a los tratamientos para el sida”, señalaron.

REDACCIÓN