27 de febrero de 2013 / 03:04 p.m.

 

El estudio del espacio es motor para el desarrollo de innovaciones en distintos campos. Debido a la tecnología satelital, contamos con el sistema de posicionamiento global (GPS, por sus siglas en inglés), telecomunicaciones, pronóstico del tiempo y navegación aérea.

Con estos propósitos se desarrollan satélites lanzados a distintas órbitas. En las bajas (a menos de mil kilómetros de la superficie) circulan artefactos para investigación científica, pequeños y de bajo costo. En las medias (hasta 30 mil kilómetros) navegan los dispositivos de posicionamiento, y en la órbita geoestacionaria (a 35 mil kilómetros) se ubican los de telecomunicaciones, que proporcionan servicio de Internet, televisión satelital y telefonía móvil.

Actualmente, se analizan las regulaciones internacionales relacionadas con el lanzamiento de misiones al espacio, con el propósito de reducir la generación de basura que orbita el planeta.

En este contexto, investigadores del Centro de Alta Tecnología (CAT) de la Facultad de Ingeniería (FI) de la UNAM, campus Juriquilla, Querétaro, en conjunto con los de otras instituciones mexicanas, desarrollan trabajos orientados a planear las misiones del futuro con un enfoque de sustentabilidad.

Los trabajos abordan la detección de partículas espaciales, modelos matemáticos de generación de desechos, su medición y planes de protección. El objetivo es integrar los esfuerzos de la Red Universitaria del Espacio (RUE) de esta casa de estudios, y de las Redes Temáticas de Ciencia y Tecnología Espacial y la Red Temática del Medio Ambiente Sustentable, apoyadas por el Conacyt, informó Saúl Santillán Gutiérrez, coordinador del CAT.

En el equipo se encuentran investigadores, estudiantes de posgrado y de las licenciaturas de Tecnología e Ingeniería. Posteriormente se integrarán expertos de otras disciplinas.

El propósito es asegurar que al final de la vida útil de los satélites, la última dotación de combustible sea utilizada para moverlos a una trayectoria que los devuelva a la superficie terrestre, precisó.

Actualmente, se preparan los avances de las investigaciones para ser presentados a la Agencia Espacial Mexicana, a fin de definir la postura del país respecto a este problema, adelantó.

Desechos siderales

Se considera basura espacial a los satélites fuera de uso, fragmentos de cohetes utilizados en lanzamientos a las órbitas más lejanas y residuos de combustible no quemado. El 95 por ciento de los desechos que circundan al planeta fueron generados por las misiones espaciales, refirió.

Además, de manera natural, en el espacio hay partículas que se convierten en micrometeoritos. Al diseñar satélites, es necesario integrar mecanismos de protección para aminorar cualquier impacto, explicó.

Las regulaciones respectivas contemplan la “regla de los 25 años” para la destrucción total de los artefactos, después de caer a la atmósfera. Al respecto, existen lagunas para deslindar responsabilidades en los impactos de los dispositivos obsoletos con los de misiones más recientes, expuso.

Actualmente, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) trabaja en una norma ISO para legislar el uso de la órbita LEO (hasta mil kilómetros de la superficie terrestre), la más llena de residuos. “Como país, tenemos la responsabilidad de estudiar esta problemática y asumir una postura en el ámbito internacional”, consideró.

Santillán Gutiérrez señaló que el propósito de las indagaciones es promover el manejo sustentable para integrarlo en el protocolo de administración y planeación de las misiones espaciales nacionales, e insertar a México como un agente positivo en la reducción de este tipo de basura.

Los trabajos constituyen un punto de partida para el desarrollo de la ciencia y la tecnología espacial en el país, y permitirá sumar esfuerzos multidisciplinarios y formar recursos especializados, concluyó.

Redacción