GUSTAVO MENDOZA LEMUS
3 de septiembre de 2013 / 04:06 p.m.

Monterrey • Gilda Salinas tiene más de 22 libros publicados, en los cuales aborda desde la poesía de la autora española Alaíde Foppa hasta guiones de televisión.

 

Un incidente la hace involucrarse en el tema que es recurrente en la literatura nacional desde hace varios años: el narcotráfico.

 

Bajo el sello de la editorial Alfaguara, Gilda Salinas presenta La narcocumbre, una serie de relatos ?que nada tienen de ficción? sobre los diversos alcances que tiene el problema de la inseguridad en México.

 

Radicada en Tijuana, Baja California, desde hace algunos años, la autora aborda en su narración la incertidumbre social de clases acomodadas, migrantes, abogados y mujeres en la frontera norte de México.

 

Respecto a los sicarios, la autora asegura que son personas que han pasado por una falta de amor, están desprotegidos, lo que termina convirtiéndolos en asesinos. En esta entrevista, ella reflexiona sobre la situación por la que atraviesan estas personas, así como el país.

 

¿Cómo te adentras al tema, tan presente en la realidad nacional? Tengo entendido que tu familia sufrió un episodio de los que el gobierno llama “colateral”.

 

Cada vez estamos, por desgracia, más cerca de los acontecimientos que nos cimbran a todos en el país. Cuando no es a una persona cercana, es a un familiar o ya muy cerca de nuestro círculo. A la mejor hasta me había tardado de que me pasara algo cerca y eso fue lo que me hizo pensar que no podíamos seguir así; el arte tiene una función social que es representar la actualidad, lo que le duele a la sociedad o lo que nos cambia, y por ello estamos obligados a aportar nuestro grano de arena para hacer un poquito de conciencia en la sociedad.

 

Al acercarte a través del género de la novela, utilizando diversos recursos literarios, ¿fue más sencillo o menos asfixiante adentrarte al tema?

 

Bueno, me basé muchísimo en el trabajo de varios periodistas que han abordado el tema con mucha profundidad, con fechas, nombres, situaciones, riesgos; lo que yo hice fue una recreación de situaciones, desde luego que el hilo conductor es la narcocumbre, que sí está basada en hechos reales; el vocero que escogí es una creación absoluta, me permitió tener un poco de tranquilidad, porque la verdad sí eran situaciones bastante dolorosas y el escritor está obligado a sentir lo que sus personajes sienten, porque si no, termina por no transmitir nada.

 

Hablando de este personaje, ¿crees que es válido escuchar la voz de los sicarios, de saber qué piensan de todo esto?

 

Creo que todos tienen una razón para hacer lo que hacen con su vida, que además todos venimos arrastrando circunstancias de nacimiento y de causa que finalmente reflejamos.

 

Las circunstancias de vida de tantos niños y jóvenes son tan difíciles y tan desprotegidos y tan necesitados de amor, y que tienen una solvencia moral en casa, terminan por volverlos en asesinos en potencia.

 

Si no nos explicamos eso y no visualizamos que todo hoy tuvo un ayer, pues entonces no hay una lógica de lo que pasa.

 

Desde una voz femenina nos presentas a las diferentes clases sociales

 

Por desgracia, no importa edad, sexo o posición económica; por desgracia, el fenómeno de los narco juniors se dio aquí (Tijuana), que son personas a las que no les falta nada, pero les dio por amar el poder y la violencia, y finalmente estuvieron dispuestos a pagar el precio. El problema es que el poder sí absorbe el seso y luego la droga termina por absorberles el resto del cerebro que les quedaba.

 

El esfuerzo que se está haciendo por debatir seriamente sobre la legalización de la mariguana en la ciudad de México ¿cómo lo ves?

 

Sí, creo que eso sería un remedio; sí, creo que eso deberíamos permitir que eso se haga en el país, que la sociedad vote si quiere o no, porque los servidores públicos no son nuestros papás, no somos adolescentes, somos adultos. No sé quién no quiere que se legalice ni sé por qué no quieren (…) para mí es bueno que se legalice, ya si alguien se quiere morir drogándose, pues que lo haga y será una decisión personal, pero ahora la muerte nos llega sin preguntar.