7 de febrero de 2013 / 12:50 a.m.

El gobierno turco anunció que iba a eliminar una lista negra de 453 libros y 645 publicaciones periódicas o folletos, cuya difusión se había prohibido en décadas pasadas.

 Estambul • Turquía ha comenzado el año eliminando una lista de libros prohibidos, pero este paso, sobre todo simbólico, no ha cambiado la mentalidad censora de las autoridades, opinan diversos literatos y editores del país.

"Es difícil prohibir o quemar libros en el mundo actual y el gobierno turco se ha sentido obligado a abolir una lista de libros prohibidos que hoy ya no tiene sentido", dijo en conversación telefónica el escritor Burhan Sönmez.

Aludía así a la notificación de la Fiscalía del Estado, que en diciembre pasado anunció que iba a eliminar una "lista negra" de 453 libros y 645 publicaciones periódicas o folletos, cuya difusión se había prohibido en décadas pasadas.

Al no ser recurrida, la decisión entró en vigor en enero, pero a juicio de escritores y editores, el paso no ha significado ningún cambio, ya que muchas de estas obras se vendían desde hace décadas sin que el público supiera que estuviesen prohibidas.

Entre los libros ahora oficialmente "autorizados" se encuentran hitos como las obras completas del poeta nacional Nazim Hikmet o la sátira "Azizname" del muy popular escritor Aziz Nesin, aparte de textos clásicos en la historia del pensamiento político, como el Manifiesto Comunista, de Karl Marx y Friedrich Engels.

Pero Meltem Gürle, profesor de Literatura en la Universidad Bogazici de Estambul, cree que "aunque desaparezcan las listas de libros prohibidos, la mentalidad censora sigue trabajando a pleno rendimiento; es contra esa mentalidad contra lo que hay que luchar".

Y es que las autoridades turcas continúan censurando libros que no son de su agrado, explica Bilge Sanci, directora ejecutiva de la editorial Sel, arrastrada a los tribunales por la serie "Libros sexuales", en la que figuran autores como Guillaume Apollinaire, o textos clásicos como el Kamasutra, el gran libro indio del erotismo.

La obra de Apollinaire "Las hazañas de un joven Don Juan" fue considerada "no literaria" por la comisión gubernamental para la protección de la infancia contra publicaciones nocivas.

No obstante, un tribunal decidió que el libro sí debía ser clasificado como obra artística y por lo tanto no cae en la categoría de "escritos obscenos" cuya difusión pueda prohibirse.

"Pero el Tribunal Supremo ha anulado esta decisión y el libro pronto puede volver al banquillo. Aunque hace tiempo que no hemos perdido ningún caso judicial, siempre cuelga sobre nosotros una espada de Damocles", señala Sanci.

También la novela "La máquina blanda" de William Burroughs dio vueltas por los tribunales durante año y medio.

El juicio se suspendió -sin absolución- tras una reforma judicial y podría reabrirse si la editorial incurre en un nuevo "delito".

"Coños", del español Juan Manuel de Prada, en cambio fue considerada "obra literaria" por la comisión gubernamental, al igual que otras dos obras de Burroughs, probablemente porque los casos anteriores habían causado ya una enorme polémica, estima Sanci.

"Esta tragicomedia continuará mientras no se den unas reformas profundas que cambien la mentalidad del Estado, que trata a los ciudadanos como a niños que deben ser protegidos y educados según códigos morales nacionales", advierte.

Un ejemplo reciente llegó este mes, cuando el Ministerio turco de Educación intentó eliminar de los colegios dos clásicos de la literatura: "De ratones y hombres" de John Steinbeck, y "Mi planta de naranja lima", un clásico juvenil del brasileño José Mauro de Vasconcelos.

Las razones de esas prohibiciones son, en el primer caso, una conversación que tiene lugar en un burdel, y en el segundo, porque el niño protagonista recita una canción sobre una mujer desnuda.

Curiosamente, ambas obras se hallan en la lista de los 100 textos fundamentales del propio Ministerio de Educación.

La editora Sanci subraya que los casos de "obscenidad", como el de Steinbeck, son los más absurdos y los que provocan mayor polémica internacional, pero que no son un fenómeno nuevo, ni tampoco se ha reducido mucho la censura política, especialmente en el ámbito de los derechos de la población kurda.

"Con un libro de Marx ya no pasa nada, pero cuando se trata de la cuestión kurda o del debate del genocidio (armenio), la censura sigue funcionando", concluye la editora.

EFE