19 de septiembre de 2013 / 02:49 p.m.

México  • Los recientes sucesos que han tenido lugar en la Plaza de la Constitución, comenzando por el plantón de tres meses por parte de los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, hasta su desalojo el pasado viernes y la posterior ceremonia de aniversario de la Independencia de México, suscitan varias reflexiones respecto a la naturaleza del espacio público. En artículos pasados se han planteado dos hipótesis: la primera respecto al espacio público como sitio de uso político, y la segunda relacionada con la ciudad como campo de fuerzas. Los eventos de la semana pasada y su desarrollo hasta el día de hoy confirman la vocación simbólica inequívoca del Zócalo capitalino.

La plaza mayor de casi cualquier ciudad tiene un valor político representativo, que eclipsa prácticamente a todas sus demás funciones prácticas. En el caso del Zócalo, es el lugar donde residen los poderes de la Iglesia y del gobierno mexicano a nivel nacional y local. Por lo tanto, el principal uso de esta superficie casi vacía, de 195 por 240 metros, es político. La instalación del plantón, como el que vimos en los pasados meses, aunque cubrió las necesidades de habitación de los miles de maestros inconformes con la reforma educativa y laboral que les afecta, tuvo una intención primordialmente política. La ocupación del espacio público cuestiona los valores de autoridad del gobierno, mediante la protesta que se ejerció en estas semanas. Pero también el desalojo por parte de la policía y la ceremonia del Grito de Independencia, con todos sus actores políticos y seguidores populares, es un uso político del espacio, es una toma de postura frente a la ocupación que le precede.

En varias ocasiones se ha discutido en este espacio sobre la ciudad como campo de fuerzas; en el caso del Zócalo, se trata de un campo idóneo, donde se enfrentan las posturas políticas antagónicas. Mientras que en otros puntos de la ciudad las fuerzas actuantes son de orden pragmático, en esta plaza su naturaleza es principalmente simbólica. En el Zócalo últimamente se han manifestado, además de los maestros, otros grupos de estudiantes universitarios, activistas llamados “anarquistas” y muchos otras personas inconformes no exclusivamente con el tema educativo, sino con las demás reformas planteadas en el Congreso. Pero también hay que tomar en cuenta que la autoridad, comenzando por la policía, hasta los gobernantes, diplomáticos y personajes que participaron en la ceremonia de la Independencia, representan al sector opuesto de la población, que es precisamente quien ocupó la plancha del Zócalo el pasado 15 de septiembre.

 — POR LORENZO ROCHA