20 de abril de 2013 / 02:03 p.m.

 México • Durante 2012, de cada 100 armas destruidas por la Secretaría de la Defensa Nacional en el Campo Militar Número 1, sólo diez provinieron de los arsenales asegurados por soldados a grupos de delincuentes.

El 90 por ciento restante se deben al trabajo de las autoridades civiles, municipales y estatales, que coadyuvan con la Sedena en la recolección de todo tipo de armas de fuego mediante diversos operativos.

En cifras, el armamento decomisado por el Ejército el año pasado ascendió a 19 mil 820, de las cuales 49 por ciento fueron armas largas y 51 por ciento cortas. “En los operativos contra el narco varía el arsenal decomisado: pistolas, fusiles de asalto, cartuchos y granadas, aunque la preferencia es el AK-47 en sus diferentes marcas pues ellos se abastecen en el extranjero”, dice a MILENIO el general Miguel Ángel Coronel, quien además de ingeniero industrial es comandante del Primer Batallón de Materiales de Guerra.

El resto de las armas de fuego, 167 mil 489, que terminaron el año pasado en los diferentes depósitos de la Sedena, provino de operativos locales, estatales y federales. Aquí la proporción de armas cortas (56 por ciento) y largas es prácticamente igual que el de los arsenales asegurados al crimen organizado.

“Los calibres más comunes que hemos encontrado son de uso exclusivo del Ejército. En arma corta son .375, .38, .40, .45 así como 9, 10 y 5.7 milímetros conocido como “mata policías” detalla el general Coronel. En largas es la 223 y la 7.62 conocida popularmente como cuerno de chivo”. Todo lo recopilado se concentra en la instalación militar más cercana y posteriormente se traslada a los depósitos de zona de los diferentes mandos territoriales.

Por orden de importancia, las entidades donde la Sedena ha obtenido mejores resultados en el aseguramiento de armas son Baja California, Michoacán, Chihuahua, Coahuila, Tamaulipas —todas con fuerte presencia de crimen organizado— y el Distrito Federal.

Con el fin de obtener información más precisa la Defensa Nacional elaboró un segundo mapeo por región militar. Los resultados son similares con la diferencia de que el Distrito Federal (región 1) ocupa el primer lugar y desbancó a Baja California Norte (región dos) al segundo sitio.

Después los decomisos más numerosos se encuentran en la región 4 (Nuevo León) seguida de la región 5 que comprende las entidades de Jalisco, Colima, Nayarit, Zacatecas y Aguascalientes. Después encontramos a la región 11 (ubicada en Chihuahua y Colima) y la región 12 (Michoacán).

La región que menos decomisos arrojó es la número 10 correspondiente al estado de Yucatán. Según las autoridades militares en estos datos infiere también la densidad poblacional.

Las armas obtenidas por los programas de despistolización estatales se manejan aparte en otro rubro llamado “donación”. Dichas armas también coadyuvan a la Sedena y son destruidas al término de la campaña en el lugar que determinen las autoridades convocantes.

En el Distrito Federal desde diciembre pasado opera el programa “Por tu familia, desarme voluntario”; en Oaxaca es “Campaña de Donación, Canje y Registro Voluntario de Armas de Fuego”. En el Estado de México es “Programa de canje de armas” siendo este nombre el más común en el resto de las entidades.

En el caso de la Ciudad de México es importante recordar que en diciembre pasado un niño murió por una bala perdida dentro de una sala de cine en la delegación Iztapalapa, razón por la cual comenzó el programa “Por tu familia, desarme voluntario” que ha recorrido ocho delegaciones más (Magdalena Contreras, Iztapalapa, Gustavo A. Madero, Tláhuac, Miguel Hidalgo, Azcapotzalco, Xochimilco, Cuajimalpa y Venustiano Carranza).

Los datos preliminares arrojan que recibieron 4 mil 500 armas (entre cortas, largas y granadas) que fueron canjeadas por dinero y equipo electrónico.

Almacén militarEl depósito de armas de la Secretaría de la Defensa, localizado en el Campo Militar Número 1, no es cualquier lugar pues aquí llega una parte del armamento asegurado a delincuentes en todo el país además de aquellos que la ciudadanía entrega de manera voluntaria en sus estados y municipios a cambio de despensas, equipo electrónico, de cómputo y dinero en efectivo.

Por eso es comprensible que los militares asignados al área exijan a todo visitante, soldado o alto mando, cumplir con las normas de seguridad establecidas como son dos revisiones vehiculares y tres más físicas establecidas en diferentes puntos del camino (no más de un kilómetro a partir del acceso principal).

La entrada del almacén es una cortina metálica que opera por medio de electricidad; después el reto es cruzar una doble puerta de vidrio con dispositivo electrónico (similar al que usaban las sucursales bancarias hace algunos años) cuya clave de acceso solo posee un número exclusivo de militares.

El escáner detector de metales que ahí se localiza es responsable de que nadie ingrese armas adicionales al lugar; pero también que nadie puede sacarlas de ahí. En los estantes, las cachas están ensamblada a una serie de varillas que a su vez tienen candado y las llaves respectivas están dentro de dos cajas fuertes.

Si alguien lograra sacar una pistola de su estante y la esconde en sus ropas antes de salir a la calle, sonará una alarma que alertará al resto de los solados presentes: “este sistema ha detectado metal, por favor deje sus objetos metálicos en los casilleros de la entrada”. Por si eso fuera poco todo quedará videograbado en las cámaras internas y externas del lugar.

Cada pistola o rifle tiene una historia legal y el responsable de elaborar ese rompecabezas es el ministerio público federal quien rastrea su origen y determina la situación jurídica correspondiente mientras éstas permanezcan bajo resguardo y custodia de las autoridades militares.

El proceso puede durar años o meses y al final solo hay cuatro alternativas. Una, devolverla a su dueño en caso de que éste haya demostrado su propiedad, lo que rara vez ocurre. Dos, si el arma funciona y se encuentra dentro de las leyes militares, se utilizará para el entrenamiento de soldados; esto sólo sucede con el cinco por ciento de las armas confiscadas.

Tres, si es un modelo poco común (decorado con metales y piedras preciosas) se usará como pieza de museo. Y cuatro, autorizar su destrucción; en este rango entra el 90% debido a que la gran mayoría son obsoletas para el adiestramiento militar.

Cada destrucción pasa por un singular proceso que dura de 15 a 20 minutos en presencia de personal de la Sedena. Según datos proporcionados por la Secretaría de la Defensa, en promedio, tres días de la semana se destinan a la destrucción de armamento, lo que arroja (por día) un aproximado de 30 kilogramos de metal para fundir.

Este año las medidas de seguridad podrían ampliarse. La Sedena analiza adquirir y colocar un chip a cada arma para identificar por datos remotos y código de barras.

 ERIKA FLORES