22 de mayo de 2013 / 02:34 p.m.

 Su celda no es como las demás. Resalta el altar a la Santa Muerte con chocolates, chicles y paletas que cuidadosamente ha ido colocado como ofrenda durante los 10 meses que lleva interno en la Comunidad Especializada para Adolescentes, tutelar como lo llaman todavía.

Tiene 19 años de edad y cumplirá tres más de “tratamiento” —como eufemísticamente le llaman a la condena en estos lugares— por haber asesinado en el Estado de México. Él es uno de los casi 4 mil 500 menores en conflicto con la ley en el Distrito Federal y que sus casos se encuentran distribuidos en los seis centros para su atención.

Todos visten playera blanca, pants azul marino y sandalias como uniforme. La mayoría, de acuerdo con cifras de la Subsecretaría del Sistema Penitenciario del GDF, cometió robo en sus diversas modalidades y en promedio pasan recluidos de un año y medio a dos.

Algunos miran curiosos a la comitiva que acompaña a los tres diputados locales y a las autoridades de dicha dependencia capitalina que ayer recorrieron la Comunidad de Diagnóstico Integral para Adolescentes, donde ubican a los menores que esperan la resolución del juez en sus respectivos casos.

Las población carcelaria de la Ciudad de México dobla su capacidad y en los centros para adolescentes no es la excepción: el espacio en este inmueble ubicado en la colonia Narvarte es para 160 menores, pero hasta ayer 242 lo habitan.

Durante el trayecto, los legisladores locales Olivia Garza, Miriam Saldaña y Cuauhtémoc Velasco, así como la titular del Sistema Penitenciario, Mayela Almonte, lo constataron:

—¿Cuántos duermen en esta cama? —cuestionó el diputado, quien señala a la base de concreto con dos colchonetas individuales.

—Tres —matizó la directora del área, Cinthia Rosas.

—Cuatro —corrigieron seis jóvenes.

—¡Cuatro! —repite inquieto el asambleísta.

""Sí, podemos decir que existe un poco de sobrepoblación; sin embargo, las condiciones son adecuadas"", aseguró el titular de la dirección general de Tratamiento para Adolescentes, Azael Ruiz, al tiempo que destacó la situación general de estos centros de atención para menores.

""Es positivo, se cuenta con las líneas de trabajo necesarias y muy claras, el tema del trato, del tratamiento, el respeto a los derechos humanos, fortalecer todas las posibilidades del proceso psicológico y sobre todo la capacitación en materia laboral"", subrayó.

En entrevista posterior, la titular de los reclusorios capitalinos coincidió con Ruiz y abundó que se tiene una coordinación constante para supervisar los distintos temas que ocupan a las cinco comunidades en internamiento, una de mujeres, y la externa, que en total suman 4 mil 457 menores.

Y es que al pasar cada área, ya sea el taller de carpintería o cartonería, el servicio médico, los patios, la panadería, la cocina e incluso las mismas celdas, todo está impecable, acomodado y limpio, Ana Karenina y Los Bandidos del Río Frío separados como novelas de una antología de poemas de Charles Baudelaire.

Al poder interactuar con los internos, los diputados integrantes de la Comisión Especial de Reclusorios de la Asamblea Legislativa preguntan la edad a uno que otro que le llama la atención, o sus gustos, su modus vivendi y hasta sus expectativas.

—¿Qué quieres hacer cuando salgas? —interroga Saldaña.

—Maestro de yoga —dice uno.

—Quiero escribir poemas —replica otro.

Pero la tranquilidad que se siente en este lugar de diagnóstico cambia completamente con solo cruzar un par de puertas que dan a la Comunidad Especializada para Adolescentes Quiroz Cuarón, donde 12 personas ya se encuentran cumpliendo tratamiento, “los más peligrosos”.

Mientra la comitiva caminaba por esta área, a algunos los distraía los nombres y apodos escritos, así como imágenes de la Santa Muerte que estaban plasmadas en piso y paredes hechas, al parecer, con puntas.

Aquí las caras noveles desaparecen y en su lugar hay tatuajes y bigotes precoces…

""Tengo 19 años. Llevo 10 meses aquí, aunque ya llevaba un año en Cama de Piedra (otro tutelar ubicado en Toluca) y me faltan dos más"".

—¿De qué te acusan?

—Homicidio en el Estado de México.

 — CRÓNICA POR JOSÉ ANTONIO BELMONT