1 de abril de 2013 / 02:22 a.m.

Familiares vivieron en la incertidumbre más de cinco años hasta saber que los decesos ocurrieron por un accidente automovilístico, y no como se presumía, a manos de criminales.

 Guerrero • Las familias Casarrubias Vázquez y Silva Lara, de Chilapa, dejaron de sufrir por la desaparición de dos seres queridos, tras seis años de incertidumbre y de investigaciones infructuosas. Encontraron sus cuerpos en su vehículo al fondo de un despeñadero contiguo a una carretera, y todo indica que no fueron víctimas del crimen organizado, como se especulaba.

El 11 de agosto de 2007, el matrimonio integrado por el abogado José Guadalupe Casarrubias Vázquez y la profesora Patricia Silva Lara salió de Chilapa de Álvarez rumbo a Chilpancingo. Iban a bordo de un auto Jetta negro, con la intención de comprar útiles y uniformes escolares para sus hijos.

Salieron alrededor de las 12 del día y no se volvió a saber de ellos hasta el 23 de marzo de 2013. Él tenía 42 años de edad y ella 36; habían procreado dos hijos varones, que ahora tienen 16 y 11 años.

Durante los últimos 67 meses, ambas familias recorrieron palmo a palmo la carretera federal que va de Chilpancingo a Chilapa; movieron amigos, trabajadores, miembros de diferentes corporaciones policiacas y llegaron a pagar investigadores privados sin tener resultados.

Raymundo Casarrubias, actualmente magistrado del Poder Judicial local y hermano de Francisco, señala que no fueron pocos los supuestos investigadores que le prometieron dar con el paradero de su hermano y cuñada, dejándolo siempre con la sensación de ser víctima de un fraude.

"Repasamos la carretera, buscamos en colonias de Chilpancingo, Tixtla y Chilapa, con la esperanza de tener una señal pero no logramos nada, la verdad es que llegamos a la desesperación".

Jorge, otro de los hermanos Casarrubias, desplegó en más de una ocasión al personal que labora en una empresa constructora de su propiedad. Los empleados actuaron con solidaridad y se volcaron sobre la vía de comunicación las veces que fue necesario.

"Buscamos en todas las huellas que parecieran de un frenón o derrape, preguntamos por todos los accidentes posibles".

La posibilidad de que hubieran sido víctimas de un grupo de crimen organizado siempre estuvo latente en el inconsciente, aunque siempre los alentó el hecho de que nunca nadie se comunicó para pedir rescate.

Trágico milagro

"Hacía casi un año que dejamos de buscar, angustiados por los efectos que la incertidumbre dejó en la salud de los padres de ambos, cuando el 22 de marzo sucedió algo que aunque trágico, también puede considerarse como un milagro".

La noche del pasado 5 de febrero, un grupo de profesores disidentes salió de Chilpancingo con rumbo a Chilapa de Álvarez. Entre ellos iba Luis Alberto Salazar Morales, un joven de 28 años de edad que se desempeñaba como docente de telesecundaria.

A la altura del cerro del Machohua, en el tramo Chilpancingo-Tixtla, los profesores observaron a un automovilista varado que trataba de cambiar una llanta, por lo que pararon para auxiliarlo.

Mientras dos profesores hacían el trabajo de apoyo, Luis Alberto se alejó un poco y cayó a un precipicio de más de 50 metros de profundidad.

Al día siguiente, familiares y personal de rescate llegaron para sacar del barranco el cadáver de Luis Alberto.

En el fondo, el padre del profesor se recargó en lo que a simple vista parecía un montículo de arena y de manera involuntaria palpó un neumático, entonces removió más y se percató de que en el lugar había un vehículo enterrado.

En el instante no prestó mayor atención, pero comentó el hecho con algunos familiares y regresó a Chilapa para sepultar a su hijo.

En el velorio de Luis Alberto se comentó el tema del vehículo sepultado en el fondo del precipicio, lo que llamó la atención de los familiares del matrimonio Casarrubias-Silva.

La búsqueda se reinició con más suerte distinta, pues ahora las autoridades encontraron los cuerpos de José Guadalupe y Patricia, aunque todavía se realizaron los estudios correspondientes para despejar dudas.

"Nos da la impresión de que aún en el percance, José trató de proteger a su esposa porque quedaron juntos y se notó que hizo el esfuerzo de abrazarla para cubrirla del impacto", señaló Raymundo Casarrubias.

La frente en alto

Esta mañana, hermanos e hijos del matrimonio acudieron al punto en la carretera en que se suscitó el accidente.

Colocaron las cruces del matrimonio a poca distancia de la del profesor, evocaron sus memorias y alentaron a sus dos hijos a seguir adelante.

"Ahora que la verdad salió a relucir como una estrella, quizá quienes con dolo y mala fe quisieron desprestigiar el nombre de dos seres humanos maravillosos, ya aceptarán que se equivocaron".

Agregó Raymundo: "Hoy sus hijos podrán levantar sus rostros y ver de frente, porque saben ya que sus padres nunca se equivocaron".

Y es que en Chilapa llegó a manejarse la posibilidad de que el matrimonio hubiera sido víctima de una acción de la delincuencia organizada, pero ahora ya se tiene la certeza de que fallecieron a causa de un accidente en carretera.

"Hoy, aunque no como quisiéramos, ya sabemos lo que pasó, hay un lugar donde recordarles y llorarles, pero durante varios años vivimos presas de la duda, una duda que desgasta física y anímicamente", señaló otro hermano del abogado muerto en el precipicio.

ROGELIO AGUSTÍN ESTEBAN