Joel Sampayo 
6 de agosto de 2013 / 02:36 a.m.

 

Monterrey.- • ¿Milagros?... Tal vez simples casualidades. Pero dos accidentes aéreos ocurridos cerca del Aeropuerto Internacional del Norte seguramente ocuparán un lugar destacado en el rico libro no escrito de los anecdotarios de la aviación, dadas las extraordinarias condiciones en las que lograron sobrevivir sus protagonistas.

Este lunes, un Cessna 206 procedente de Ciudad Victoria se impactó contra la barda de una universidad en el municipio metropolitano de Escobedo y dejó a sus dos ocupantes con heridas diversas.

Al margen de los peritajes, que apuntan a un problema con la distribución del combustible, conviene enumerar las coincidencias con otro accidente aéreo ocurrido el 15 de mayo en el Autódromo Monterrey.

Los dos aviones eran rojo con blanco, los dos estaban a muy corta distancia del Aeropuerto del Norte, los dos evadieron instalaciones eléctricas de alta tensión antes de estrellarse contra estructuras elevadas y se desplomaron al parecer por la misma causa: fallas en el suministro de combustible. Y en ambos accidentes todos sobrevivieron.

El Cessna 206 que se estrelló este lunes contra la barda de una universidad tecnológica en Escobedo, quedó a 4 kilómetros 600 metros al suroeste de la pista del aeropuerto Internacional del Norte, una distancia mínima si consideramos que ya había recorrido casi 270 kilómetros, desde su salida del aeropuerto Pedro José Méndez de Ciudad Victoria, Tamaulipas.

Dos meses y medio antes, el 15 de mayo, una Piper Cherokee quedó incrustada en el techo de una bodega del Autódromo Monterrey, a menos de dos kilómetros de la misma terminal aérea, cuando acababa de despegar en un vuelo en el que se celebraba el cumpleaños de una de las pasajeras.

Aquí, al advertir que el avión no respondía, el piloto intentó aterrizarlo en una explanada junto al autódromo, pero rozó con sus ruedas los cables de una subestación eléctrica e hizo que el avión quedara en el techo de una bodega donde se almacenaban autos de carreras. Dos hermanas y los pilotos sufrieron heridas menores en la odisea.

Situación parecida pudo ocurrir en el otro siniestro. Aún sin conocer la declaración de Fernando Jiménez Rivera, piloto de la Cessna matrícula XB-KLZ, el avión se desvió de su trayectoria original y habría intentado un aterrizaje de emergencia en un área muy crítica rodeada de cables eléctricos, además de la presencia del propio edificio universitario.

En lugar de seguir al frente al aeropuerto, el avión viró casi 180 grados en lo que pareció un intento por aterrizar en una pequeña calle, de apenas 400 metros de longitud y 10 metros de ancho, paralela al Libramiento Noroeste, frente a la Universidad.

Sin embargo, el Cessna se estrelló contra la barda a sólo tres metros de la calle.

Según el punto de impacto, la aeronave habría pasado muy cerca de una subestación eléctrica ubicada a 500 metros de la barda, además de una línea de postes con cables de alta tensión entre el Libramiento y la calle a la entidad educativa.

Las logró eludir y, a pesar que el aparato quedó destruido, al igual que un tramo de seis metros de barda de metal y concreto, el resultado fue mínimo: los dos ocupantes salieron de una pieza, caminando, aunque maltrechos.

El Cessna turbo TU 206 D Skywagon, matrícula XB-KLZ reportó fallas a la torre del Control del Aeropuerto Internacional del Norte, según Jorge Camacho, director de Protección Civil de Nuevo León.

Seis sobrevivientes en dos avionazos plenos de coincidencias… Y tal vez plenos de milagros.