19 de junio de 2013 / 01:52 p.m.

México • En México la cervecera SAB Miller mantiene una demanda contra Grupo Modelo y Cuauhtémoc Moctezuma por prácticas monopólicas, pero esta misma empresa de origen inglés es investigada en otros países por la misma situación.

Un documento de la American Antitrust Institute, órgano independiente con base en Estados Unidos dedicado a la protección del consumidor, afirma que el mercado mundial de cerveza se ha enfrascado en una batalla legal por la supremacía de los países, principalmente en desarrollo.

Un ejemplo es SAB Miller, que en abril de 2011 el Tribunal de Competencia de Sudáfrica anuló una demanda en su contra porque la compañía y 13 de sus distribuidores habían participado en el reparto de mercado y en la fijación de precios.

Esta demanda había sido interpuesta por una alianza de los minoristas y mayoristas de licores independientes (Big Daddy Group), la cual había acusado a SAB de dar descuentos preferenciales solo a distribuidores seleccionados, con lo que lograba repartirse el mercado y frenar el abastecimiento de los productos rivales.

SAB Miller sostuvo que los territorios exclusivos son necesarios para crear incentivos a la inversión para los distribuidores, y que los acuerdos se han establecido para controlar los niveles de servicio y costos, manteniendo los precios al consumidor en niveles bajos. Esta firma cuenta con 88 por ciento del mercado en países del sur de África.

Carta de queja

Otro caso es en Grecia, donde un empresario ha tenido grandes dificultades para ganar mercado para su cerveza Vergina Beer, según un reporte de la publicación estadunidense New York Times.

En esa nación Heineken International tiene 72 por ciento del mercado, lo que la hace dominante, después de haber asumido el control de Athenian Brewery como parte de su adquisición de Amstel Beer en 1968.

Demetri Politopoulos, dueño de Vergina Beer, dice que sus problemas comenzaron cuando los distribuidores se negaron a vender su marca y el resto de sus productos.

En una carta de queja que presentó ante la Unión Europea en 2006, sostenía que las cosas se pusieron peor cuando sus pedidos se redujeron, amenazaron a la fábrica y a los empleados se les ofreció dinero para renunciar.

Sobre el tema, Heineken ha refutado las acusaciones, al apuntar que en 2007 Politopoulos aceptó retirar su denuncia ante las autoridades de la Unión Europea y dejar que la comisión de competencia en Grecia —que ya había realizado una investigación abierta en el mercado de cerveza local— tomara la iniciativa.

AXEL SÁNCHEZ