21 de abril de 2013 / 02:45 p.m.

Mina • En El Delgado apenas viven una docena de personas, la mayoría adultos mayores, quienes padecen de infinidad de problemas como la falta de servicios médicos.

Lo peor, dice don Óscar García, habitante del ejido, es que la falta de agua ya no sólo destruye las pocas cosechas que generan, sino que ahora les escasea hasta para consumo humano.

"Nos hace falta doctores, cuando uno se enferma se tiene que ir hasta García y está muy lejos, otra de las veces vamos a Paredón y nos atienden, pero nos dicen que somos de Nuevo León".

"Además nos hace falta agua para tomar, tenemos un tanque de agua grande, pero está de adorno, no tiene agua, está ahí al lado de la escuela pero para nada que tiene agua, cuando lo pusieron nos dio mucho gusto pero está como nuevo, no nos sirve, nos da mucho coraje que este vacío", dijo.

Por las condiciones de vida, los habitantes de El Delgado viven como lo hacían las tribus arcaicas, de la caza y la pesca, ya que salen a la caza de alguna liebre o conejo o bien salen a recolectar flores de palma, nopales hasta mezquites para comer.

Doña María del Carmen García, habitante del poblado, dice resignada que ante una vida plagada de carencias y su avanzada edad, algunas personas salen en busca del sustento para su casa.

"La carne la comemos cuando llegan familiares y nos traen, pero aquí desayunamos frijoles, comemos frijoles y cenamos lo mismo, claro que los acompañamos de tortillas y chile.También comemos liebre y conejo, cuando es época se come flor de palma, nopalitos, y mucho más que se da en el monte".

"Cuando hay fiesta matamos una chiva vieja, porque los cabritos los vendemos a los restaurantes de Monterrey, aunque a falta de agua se nos mueren los animalitos", expresó.

REDES DE APOYO

Así, muchas personas han encontrado en la confirmación de redes de apoyo mutuo, un recurso para aminorar los efectos de la escasez y la pobreza.

En el poblado El Delgado sus pobladores han tendido redes de apoyo para afrontar la marginalidad y afrontar la pobreza mediante la conformación grupos de ayuda mutua donde cada familia aporta y trabaja en determinada función.

"Es muy importante decir que en el campo de Nuevo León se han establecido redes de apoyo entre los habitantes de muchas comunidades rurales", comentó el antropólogo Raúl Estrada, el especialista en estudios de pobreza y maestro de la Facultad de Trabajo Social.

El especialista considera que estos tipos de redes de alguna manera se configuran como una especie de recurso defensivo en contra los embates de la pobreza.

"Podemos trasladar el análisis de las redes que se forman en las ciudades a las redes que se forman en los campos y en el caso del campo se podría hablar de tres tipos de redes, unas que se establecen a partir de vínculos familiares, otras que se dan a través del trabajo y redes más amplias que podrían ser una especie de redes sociales y que tienen qué ver con la reproducción en el campo", afirmó Estrada López.

Esta opción, en donde las familias e individuos realizan trueque de alimentos y productos como su única opción para salir adelante o al menos subsistir.

"Estas redes se dan en una especie de contexto que mucho tiene que ver con esta heterogeneidad y que se presentan para dar solución de los problemas que los afectan, ya sea utilizando la unión para maximizar los pocos recursos".

Sin embargo, esta estrategia no es opción para asuntos de salud, como las enfermedades crónico-degenerativas que afectan a muchos de los adultos mayores que viven en esta zona.

Claves

Necesidad que crece

-Aunque en El Delgado vive apenas poco más de una docena de personas, las necesidades son grandes y se van incrementando con el paso del tiempo y la permanencia de la sequía.

Una de las problemáticas es la falta de médicos en alguna zona cercana, máxime porque la mayoría de los habitantes son de la tercera edad, pues sus hijos terminaron por migrar.

-En todos los casos se niegan a salir del ejido, pues dan un gran valor a la tierra, que heredaron desde generaciones pasadas, cuando inició el asentamiento en el siglo XIX.

LORENZO ENCINAS