30 de agosto de 2013 / 03:02 p.m.

México • ¡Ándele, pásele, sin miedo que aquí no hay microbios! Así habla el maestro Miguel, de la región de Valles Centrales de la sección 22 de Oaxaca, quien apenas tiene descanso en su jornada disidente: como jefe de la Brigada de Limpieza de su comité debe asegurarse de que cada media hora sus compañeras limpien las estructuras que fungen como letrinas en la máxima concentración de maestros inconformes en México: el llamado “laberinto” del Zócalo.

Para iniciar el recorrido, la entrada más directa es la que lleva desde la Calle 5 de mayo hasta la Plaza de la Constitución. A partir de ahí comienza una ruta llena de mecates sujetando carpas, mantas con los rostros del Che Guevara y Lucio Cabañas y las hileras de tiendas de campaña que forman las recámaras para cada sección manifestante: Chiapas, Veracruz, Tabasco, Oaxaca y Michoacán.

“Yo estuve también en 2006 en Oaxaca y ya sabemos cómo es esto. Es de mucho aguante y aquí tenemos que quedarnos, hay que aguantar”, expresó Mayra, una maestra de la zona del Itsmo.

Los maestros oaxaqueños, como titulares de la protesta, son los que llevan mano en el laberinto. Ellos son los que acapararon las carpas en las que el gobierno capitalino había instalado el proyecto “Guardianes Urbanos” y la del cine de tercera dimensión. Y el maestro Miguel es integrante de este numeroso grupo.

“Para que luego no digan que somos sucios y no sé qué cosas: mire, éste es el baño y está limpio”, asegura mientras abre la puerta —un plástico negro—, del de hombres, ubicado a unos 60 metros de Palacio Nacional, en el lugar hay un singular sanitario: un garrafón de agua cortado en forma de mingitorio, pegado a un tubo de cartón que lleva los líquidos hacia una coladera. La brigada desinfecta con cloro y agua los alrededores de la estructura.

Más adelante, detrás de una pancarta con los rostros de quienes integran el gabinete presidencial, está el baño de mujeres: un triángulo formado con vallas, cubierto a los lados con plástico negro y que tiene, como sanitario, un bote de pintura blanco cortado en forma de taza de baño. “¿No quiere pasar, compañera?”, pregunta el maestro.

El servicio no es gratuito. Y afuera de los baños, en un letrero pegado a un garrafón, se especifica el concepto del cobro: “Solo pipí: por su cooperación, gracias”.

¿Y para otro tipo de necesidades? “Pues ahí sí tienen que buscarse un baño”, señala Miguel.

Para las duchas la opción más socorrida son los Baños Marbella, sobre la calle Donceles, a unos metros de las oficinas de la sección 9 de la CNTE. Por 60 pesos los maestros tienen su ducha diaria además de que pueden usar el baño.

Otra parte vital del recorrido es la comida. En el laberinto, a manera de snacks, hay comedores improvisados en los que se pueden encontrar los platillos típicos de cada región.

“¿No gusta que le haga una tlayudita? Se la dejo a 10 pesos”, ofrece una maestra de Huejutla, quien también preparó para el menú del día huevo con ejotes, tortillas, café y albóndigas con salsa de tomate. En las carpas de Michoacán los maestros ofrecen quesadillas. Y en las de Chiapas nunca falta el café.

Los maestros gastan desde 50 hasta 90 pesos diarios en su comida. En los comedores más baratos —donde los profesores aportan el dinero y las maestras, la mano de obra y los insumos—, la comida corrida cuesta solo 20 pesos. En el plantón solo se ofrecen dos comidas diarias para aguantar las protestas. Los antojos adicionales son aparte. Este jueves la Cooperativa Pascual entregó su apoyo al magisterio: un tráiler con más de 30 mil botellas de agua.

A medida que se avanza en el laberinto hacia la Catedral, el plantón va mostrando más mensajes de protesta pegados a las tiendas de campaña o colgados en los tendederos: “Hoy decidimos cerrar las escuelas para que el día de mañana estén siempre abiertas con una educación pública y gratuita”. Por acá andan los normalistas y otros maestros que se quedarán aquí hasta que su dirigencia les indique. Por ahora, como Miguel, seguirán habitando el corazón del país como si fuera su hogar.

Claves200 pesos

El plantón del Zócalo se extiende por las calles Seminario, Plaza de la Constitución, una calle de las avenidas Pino Suárez y 20 de Noviembre, y Guatemala.

Esta semana también se instalaron en la calle Argentina, aunque no de manera permanente: llegan a las diez de la mañana y terminan a las tres de la tarde.

Los maestros gastan aproximadamente 200 pesos diarios en tres rubros: 90 pesos para servicios sanitarios y de ducha; 90 pesos en comida y 20 en imprevistos.

— ADRIANA ESTHELA FLORES