4 de enero de 2013 / 02:26 p.m.

Monterrey.- Sólo cuando hace frío los indigentes despiertan como en la casa que no tienen. Calientitos, oliendo la comida que escapa desde la cocina, y hasta con chofer que los llevará a su trabajo o a donde acostumbrar vagar.

Así los tratan en los albergues donde les dan refugio en las noches en que la temperatura desciende abajo de los diez grados.

El albergue municipal Antonio I. Villarreal amaneció sin vacantes, pues todas las 26 camas que estaban disponibles fueron ocupadas por indigentes y personas sin hogar que fueron recogidos durante la noche en diversos puntos donde acostumbran pernoctar al aire libre.

Con una temperatura que llegó desde la noche anterior a los seis grados centígrados, elementos de Protección Civil de Monterrey recorrieron los hospitales, plazas, mercados y pasos a desnivel donde acostumbra vivir la gente sin hogar.

Por la mañana, podrían pensar que están en hotel de cinco estrellas.

"Se les da galletas con café, o té, que es lo que hoy viene en el menú. A veces les damos huevo con jamón, o chilaquiles, según lo que haya, pero siempre les damos de almorzar", explicó la encargada del albergue, Ana Mireya Reyna.

Todos pasaron la noche calientitos en un catre, bien cobijados y atendidos.

Con el frío, apenas llegaron y se metieron bajos las cobijas que les regalaron.

Uno de los indigentes comentó que fueron por ellos y la misma alcaldesa Margarita Arellanes Cervantes, lo llevó al albergue.

"Ella fue, y nos regaló una cobija, y nos trajo para acá. Aquí estuvo anoche con nosotros", manifestó el entrevistado.

Ya que en ésas andamos…

Por la mañana les dieron quesadillas, té caliente y hasta Rosca de Reyes como postre. Al ver la buena atención, algunos se pusieron exigentes o nostálgicos y pidieron galletas.

El menú no las incluía, pero con el pan quedaron más que contentos.

Luego de desayunar, los elementos de Protección Civil los llevaron a sus puntos de trabajo, y les prometieron que por la tarde pasarían por ellos para llevarlos de nuevo al albergue.

Ana Mireya Reyna explicó que el albergue es temporal, pues se activa sólo cuando la temperatura desciende por debajo de los diez grados.

Mientras haya frío, los hombres podrán permanecer en el lugar, y si acaso llegan más, les buscarán acomodo en otros albergues de la localidad.

Suerte los lleva a la calle

No todos los que viven en la calle son indigentes.Algunos solamente son personas maltratadas por la vida, a quienes las circunstancias las arrojó a vivir entre la nada.

Manuel Alberto Gómez González fue pescador en su natal San Fernando, Tamaulipas, pero un accidente lo dejó incapacitado.

"Me dan convulsiones, tengo una placa en la cabeza y no puedo trabajar, me dan medicina controlada para no enfermarme".

A sus 65 años, Manuel vive literalmente en la calle. Tiene dos hijas, pero viven en Estados Unidos desde hace tiempo, y no pueden estar cerca de él. Se junta con otros desprotegidos y entre todos se cuidan. En un comedor de pobres le consiguen medicina, le dan algo de ropa. En una iglesia ayuda a barrer, y le dan algo de comida.

Miguel Sánchez Ortega es más joven. Llego de Chiapas hace dos meses buscando trabajo en la construcción. Cuando hay, vive en el lugar donde trabaja, cuando no hay, donde puede.

Como ellos, hay cientos de hombres que viven en la calle, pero no son los clásicos indigentes. Son limpios, ordenados, trabajadores.

FRANCISCO ZÚÑIGA