25 de septiembre de 2013 / 12:37 p.m.

La Pintada, Guerrero.-  Miércoles 18 de septiembre. Ya pasaron dos días de que se desgajó el cerro de La Pintada, en Atoyac de Álvarez, Guerrero. El saldo es mortal, pero no hay cifras oficiales y las autoridadades solo informan de sobrevivientes y desaparecidos.

Un helicóptero de la Marina aterriza en algún punto de Acapulco. De la aeronave baja una veintena de personas, sobrevivientes de la tragedia. Salieron vía aérea porque en tierra los caminos están bloqueados. No han comido ni descansado y no saben qué sigue.

Rosario Núñez y sus hijos pisan tierra. La mujer nunca imaginó que cruzaría la sierra en un helicóptero, pero sí creyó que un día el cerro se desgajaría. Hace 30 años su padre, Vicente Núñez Ávila, se lo dijo.

“Mi papá nos dijo que el cerro se iba a caer. Yo sí le creí, porque veíamos cómo se abría y se filtraba el agua”, platica.

“Se escuchó como una bomba, como una explosión. Casi ni nos dio tiempo de nada, corrimos porque mi hijo gritó que nos saliéramos de la casa.”

Rosario y sus hijos menores salieron por la cocina sin detenerse y llegaron hasta el borde, donde está el puente que cruza el río. Volteó hacia atrás y vio cómo una columna de tierra se tragó el pueblo.

Rosario narra que eran cerca de las cuatro de la tarde cuando ocurrió la tragedia. En las siguientes horas algunos sobrevivientes regresaron para ayudar a personas que estaban atrapadas.

Pero a las nueve de la noche el interior del cerro volvió a crujir. Un segundo desgajamiento sepultó a los hombres que intentaban rescatar a los demás.

“Después de eso ya no escuchamos nada, ni gritos de auxilio ni nada”. El silencio, la lluvia y la oscuridad de la noche era todo lo que le quedaba a los sobrevivientes de La Pintada.

“Empezar de cero”

En Acapulco Rosario y sus menores abordan un camión que los lleva a Chilpancingo, donde se encuentra con su hijo mayor, Alejandro, quien les brinda asilo. Después de asearse, comer y descansar un poco la realidad parece un alud más grande que el que cayó sobre las casas del pueblo.

“Tenemos que empezar de cero, en La Pintada teníamos nuestra vida. No había trabajo, por eso mi esposo va a un rancho de Oaxaca, pero teníamos nuestra casa y mis hijos estudiaban ahí.”

El jueves pasado Felipe Moreno llegó a Chilpancingo procedente de Oaxaca para reunirse con su esposa Rosario y sus hijos. Los Moreno Núñez están completos, pero 22 de sus familiares fueron sepultados por el alud.

“Ya perdimos la esperanza de volverlos a ver”, comentó Rosario.

Ella y tres de sus hijos fueron testigos de cómo el cerro empujó tres casas al río, cómo el alud enterró la escuela contigua al patio de su casa. También su patio quedó bajo tierra y vio cómo la estructura de su vivienda se cuarteaba.

“Estaba como quebrándose” dijo. En Chilpancingo, la familia Moreno Núñez enfrenta la expectativa, no saben qué sigue.

Aunque su casa no fue derribada, Rosario tiene en claro que no van a regresar a La Pintada porque tiene miedo que el cerro termine de devorar lo poco que quedó del pueblo.

Pero ahora no saben qué hacer. Todo son rumores. “Dicen que nos van a reubicar, que nos van a dar casitas en otro lugar, pero también dicen que se van a tardar, eso no va a ser mañana, ¿qué vamos a hacer mientras nos reubican?”

La familia Moreno Núñez se reparte entre la casa del hijo mayor y de otro familiar en Chilpancingo. No se dan abasto, no hay suficiente lugar para todos y la comida escasea.

— HISTORIA POR LILIANA CAVAZOS