21 de junio de 2013 / 09:59 p.m.

LeBron James lo tenía claro: quería hacer historia en la NBA y hacerla con Dwayne Wade y Chris Bosh a su lado.

Por eso aceptó su transferencia al Heat de Miami, donde pudo reunirse con sus dos amigos. La jugada no fue caprichosa. Está claro que James apostó a ganador.

"La visión que tuve cuando decidí venir aquí se está haciendo realidad", declaró James luego de que el Heat derrotó a los Spurs 95-88 en el séptimo partido de la final y ganó su segundo título seguido de la NBA el jueves.

James ya era el mejor jugador de la NBA cuando hace tres años optó por irse de Cleveland a Miami, una decisión que muchos vieron como un indicio de que admitía que no podía ganar un campeonato por sí solo.

James tenía claro eso también.

En los tres años que lleva en Miami, LeBron ha jugado la final y ha ganado dos.

Bosh no aportó mucho en el séptimo partido de la serie el jueves, pero tuvo algunos momentos decisivos en los anteriores. Wade, en cambio, sí estuvo a la altura de las circunstancias a pesar de tener molestias en una rodilla. Y Shane Battier dijo presente cuando las papas más quemaban, aportando la mejor actuación de su carrera.

Wade sacrificó su condición de líder del equipo e hizo lo imposible por traer a LeBron en el 2010. Por momentos, no obstante, fue dominante y demostró que sigue siendo capaz de ponerse al equipo al hombro. Terminó con 23 puntos y 10 rebotes recuperados.

Battier, tal vez el jugador más cerebral de la NBA, estaba peleado con el aro, pero se creció en el momento decisivo y embocó seis de ocho tiros de tres puntos que ensayó. "Es mejor ser oportuno que bueno", bromeó después del encuentro.

El hombre que marcó la diferencia, no obstante, fue James, quien anotó 37 puntos, encestando desde todas las distancias y recuperó 12 rebotes.

El Heat todavía parece un equipo en formación, con luminarias esperan que les digan cómo ensamblarse. A James le costó asumir el papel de líder y definidor, ya que siempre se sintió más cómodo pasando la pelota, a la Magic Johnson, que buscando el aro desde donde fuera.

Pero como quedó demostrado al final del sexto partido, cuando los Spurs lo desafiaron por primera vez a que tirase desde lejos, y luego en el séptimo, si le dan espacio, James puede anotar desde cualquier lado. Eso es una revelación, ya que sus tiros de mediana y larga distancia no eran uno de sus fuertes antes de venir a Miami.

"Trabajo mucho durante el receso entre temporadas y cuando uno ve los resultados de ese esfuerzo, es algo maravilloso", declaró James.

El presidente del Heat Pat Riley dijo que hará lo posible por retener a todo el mundo, tal vez porque todavía tiene atravesada en la garganta la frustración de no haber ganado tres títulos seguidos como técnico de los Lakers.

"Quiero mantener viva esta racha", declaró.

La emocionante final entre el Heat y Spurs valida la gestión del comisionado (presidente) de la liga David Stern, quien está a punto de retirarse. La serie fue transmitida a 217 países en 47 idiomas. Ello fue consecuencia de la incansable campaña de Stern por llevar el deporte a todos los rincones del mundo.

Vale preguntarse si Stern, secretamente, no hacía fuerza por San Antonio.

En esta final estaban en juego dos visiones acerca de cómo armar un equipo llamado a dominar la liga en la era post-Michael Jordan. Los Spurs, equipo de un mercado pequeño armado a base de contrataciones astutas, es un modelo de consistencia. Es dirigido por Gregg Popovich, quien se ha especializado en ganar con menos y en sacarle a sus jugadores lo mejor de sí.

El Heat era el malo de la película, un equipo armado a fuerza de inversiones millonarias. El pase de James a Miami desató una serie de transferencias espectaculares. Todo el mundo quería ser parte de algún trío de renombre. Pero nadie consiguió uno como el que forman James, Wade y Bosh.

Es por ello que resultó tan doloroso el derrumbe de los Spurs en los minutos finales del sexto y el séptimo partidos. En esos momentos pesó demasiado la fatiga de los veteranos que forman el trío base de San Antonio, Tim Duncan, Tony Parker y Manu Ginóbili.

A nadie se le olvidará la forma en que Duncan, un jugador siempre contenido, golpeó el piso con la palma de su mano en un gesto de frustración luego de fallar un canasto fácil a 50 minutos del final, que pudo haber cambiado el desenlace.

Duncan estaba desconsolado después del encuentro.

"Fallé ese canasto que hubiera empatado el partido. Me equivoqué en los minutos finales. No pudimos contener a Dwayne y LeBron...", expresó. "El séptimo partido no me va a dejar dormir por mucho tiempo".

Duncan, con sus 37 años, sabe que difícilmente vuelva a jugar una final. Y los *cuatro títulos que ha ganado a lo largo de su carrera no son consuelo. Por lo menos en estos momentos.

Es posible que no solo Duncan sino la actual camada de San Antonio haya dejado escapar su última oportunidad.

El Heat, por otro lado, está recién empezando a escribir su historia. Y no hay límite a lo que podrá hacer en el futuro, a medida que el equipo siga madurando, sobre todo si LeBron continúa mejorando, como lo ha hecho hasta ahora.