1 de enero de 2013 / 04:50 p.m.

Monterrey • Durante 2012 fueron ejecutados en Nuevo León mil 258 personas, según el conteo de "Multimedios Monterrey", lo que comparado con el año 2011, cuando el número de víctimas llegó a mil 827, representa una disminución de 31 por ciento.

Y aunque los números revelan una baja aritméticamente significativa, para algunos especialistas la disminución no es del todo halagüeña, pues la cifra de asesinados por hechos imputables al crimen organizado siguen siendo más de mil.

De acuerdo con estas cifras, al haber sido ejecutadas mil 258 personas por todo el estado, principalmente en la zona conurbada de Monterrey, la incidencia establece que cada día fueron victimadas un promedio de 3.4 personas.

En este tenor, el año 2011 sigue siendo el más violento en la historia contemporánea de la entidad, con un promedio diario de cinco ejecutados.

La disminución en las cifras de muertos relacionados con el crimen organizado comenzó a percibirse desde mediados del año pasado, coincidentemente a partir del desarrollo de las campañas políticas.

A pesar de la violencia y los ajustes de cuentas entre grupos y células antagónicas de la delincuencia, hubo un cambio de patrones en la forma de los sacrificios.

Poco después de la mitad del año, las masacres, los descuartizados, colgados y las persecuciones empezaron a disminuir.

Para el penúltimo bimestre el descenso en este tipo de acciones criminales llegó a ser de entre 25 y 40 por ciento, con referencia a lo ocurrido en 2011.

Empero el ataque y cierre de negocios, la muerte a domicilio y la presencia militar no cesa, así como la percepción de inseguridad sigue golpeando a la ciudadanía.

Y en apego a la baja que se viene percibiendo en el número de ataques y de víctimas, el cierre de año no fue la excepción, pues mientras en diciembre de 2011 hubo 127 ejecutados, en diciembre de 2012 la cifra se ubicó en 60.

Sin embargo estas cifras no acaban por convencer a diversos sectores de la sociedad, incluyendo el académico y el de especialistas en la materia.

Roberto Rebolloso Gallardo, antropólogo social y catedrático de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), considera que el nivel de violencia persiste, afectando sobre todo a las clases más marginadas de la sociedad y en un contexto en el que el estado desarrolló una estrategia deficiente y cruenta en el combate a la delincuencia organizada, donde la investigación simplemente estuvo ausente.

“Yo tengo la impresión de que la violencia persiste, es igual, sólo que ahora se ha focalizado en segmentos de población más extremos, pobres y marginales”.

Sin ir tan lejos, dijo el especialista, los hechos más recientes han ocurrido en colonia de las más pobres de la zona conurbada, lo cual ha sido un patrón que si bien se ha acentuado en este año, existe desde que inició la llamada guerra contra el narco.

“Los más afectados son la carne de cañón, esta gente vulnerable, y si ves el actuar de la Policía, de la Procuraduría, pues ves que incluso en el caso de detenidos, exhiben a los vendedores a baja escala, y a las víctimas de este último eslabón en la estructura del narco, ¿y los capos?, ¿y los de arriba? Ésos nunca son detenidos”, dijo.

El profesor de la UANL dijo además que los medios de comunicación, con sus registros estadísticos están haciendo una función que ha eludido el estado, pues las autoridades no llevan un registro puntual de lo que ocurre en esta guerra, ni número, ni causas ni estrategia alguna.

“Hay que tener cuidado, los números que en ocasiones presenta la autoridad son amables, maquillados, están ocultando una realidad, porque si bien se habla de una baja, pues tenemos más de mil ejecutados, aún es una cifra muy alta”.

Para Rebolloso, la derrama económica del cierre de año da la sensación de que hay menos delitos, y aunque sostiene que algunos se inhiben, la violencia sigue estando presente.

Para Camilo Conteras, profesor del Colegio de la Frontera Norte en Nuevo León, especialista en Geografía Cultural y evaluación de Políticas Sociales, la disminución de 31 por ciento en el número de ejecuciones en la entidad, por sí mismo, es un dato positivo, pero dijo que es de esperarse que esto siga a la baja, pero mediante estrategias, planes y políticas públicas coordinadas.

“De entrada, considero que esto es positivo. El descenso es un hecho real objetivo, pero por otro lado, es importante que revisemos si se habla de ataques sistemáticos y no sólo de delincuencia organizada.

“Y hay que ver si en esta baja hay realmente una estrategia, ¿cuál ha sido ésta?, porque para empezar en todo el sexenio pasado carecimos de un diagnóstico, no sabíamos ni el origen de estas ejecuciones y teníamos cifras muy manoseadas”.

Dijo que con el cambio de administración recientemente se ha revelado algunas cifras que son parte de un diagnóstico que revela el impacto del crimen organizado en diversos sectores como el de las micro y grandes empresas.

El catedrático del Colegio de la Frontera Norte consideró que la disminución que empieza a percibirse en el número de ejecuciones debe tomarse con reservas, pero insistió en que es un buen punto de partida.

“Ahora lo que esperamos es que haya un cambio de estrategia en este combate, que todo indica que ya es menos cruenta que la de Calderón, pero aún esperamos una coordinación efectiva, no basta con tener a las Fuerzas Armadas, Ejército, Marina y la Fuerza Civil en las calles.

“Sigue faltando esa coordinación desde la Federación, estados, municipios, pero sobre todo, en lo que hace al trabajo y presupuestos de secretarías como Sedesol, Conaculta, Hacienda, Salud, todas las entidades necesarias para concretar una coordinación efectiva”.

Alejandro Salas