12 de octubre de 2013 / 03:39 a.m.

Francia recuperó la confianza que añoraba al imponerse ante Australia por 6-0 en un partido amistoso celebrado en el Parque de los Príncipes de París en el que delantero titular, Olivier Giroud, hizo dos goles y el suplente, Karim Benzema, volvió a marcar tras 1.224 minutos sin ver portería con los "bleus".

Los de Didier Deschamps dominaron el partido de inicio a fin, desplegando un fútbol ágil y efectivo frente a una selección australiana sin argumentos técnicos que se dedicó a encajar goles sin rechistar.

La victoria permite rearmarse al conjunto francés, antes del último partido de clasificación para el Mundial de Brasil, el próximo martes, en París, frente a Finlandia.

Ante la poca trascendencia del encuentro contra los australianos, los ojos estaban puestos en Giraud, que por segunda vez dejaba en el banquillo a Benzema, sumido en una sequía goleadora con su club y, especialmente, con la elástica de Francia, con la que lleva 1.217 minutos sin lograr un tanto.

Giroud, delantero del Arsenal que se ha mostrado respetuoso ante la falta de puntería de su compañero de selección, considerado una pieza clave de Francia, respondió a las expectativas con dos goles antes y cedió el testigo en la segunda parte a Benzema, que sumó uno y rompió su mala racha.

El primero en abrir el marcador fue Ribéry, que transformó un penalti por una mano que no existió. Acto seguido, Giroud se reivindicó con una magnífica vaselina que sorteó al guardameta australiano y, minutos después, sumó el segundo en su cuenta particular, tras una magnífica combinación de Ribéry y la asistencia de Nasri.

Antes de que el reloj marcara la media hora de juego, Cabaye hizo el cuarto, tras otro preciso ataque liderado por Nasri y Ribéry. providencial durante todo el partido, el centrocampista del Bayern Múnich alimentó el debate sobre si merece el Balón de Oro, tal y como ha dicho su compatriota Zinedine Zidane.

Sólo habían pasado treinta minutos de juego y la Francia de Deschamps comenzaba a encontrar la confianza que tanto echaba en falta, esa con la que puso a la triple campeona España contra las cuerdas en sus enfrentamientos directos en la fase de grupos para el Mundial.

Y lo hizo precisamente en el mítico Parque de los Príncipes, coliseo del fútbol francés reemplazado por el flamante Estadio de Francia a partir de 1998, cuando el nuevo recinto sirvió de escenario para que los "bleus" de Zidane, Karembeu, Thuram, Vieira, Lizarazu, Henry y compañía se proclamaran campeones del Mundial del que eran anfitriones.

En el descanso, Deschamps pidió a sus jugadores que mantuvieran el ritmo, y siguieron sus órdenes al pie de la letra. Sólo habían transcurrido dos minutos del segundo período cuando Debuchy hizo el quinto, aprovechando un rechace tras un centro de Ribéry.

Inmediatamente después, llegó el ansiado tanto de Benzema, a pase de Ribéry, que el delantero celebró sin aspavientos.

El tanteo pudo ser aún más abultado si Matuidi, Rémy, Nasri, Valbuena, Sissoko o el propio Benzema hubieran aprovechado sus ocasiones al final de un encuentro en el que Australia no tiró una sola vez entre los tres palos.

EFE