27 de julio de 2013 / 06:52 p.m.

El español Fernando Alonso (Ferrari), doble campeón mundial de Fórmula Uno, que mañana, arrancará quinto en el Gran Premio de Hungría, vive jornadas especiales en el Hungaroring, la pista en la que hace casi diez años festejó la primera de sus 32 victorias en la categoría reina del automovilismo.Alonso, que el lunes cumplirá 32 años, que debutó en F1 en 2001, a bordo de un Minardi -el peor coche de la parrilla, con el que llegó a ser décimo en Hockenheim (Alemania)-; y pasó 2002 como probador en Renault, ya había llamado la atención en el segundo Gran Premio de 2003, el de Malasia, donde se convirtió en el piloto más joven en arrancar desde la 'pole' y subir al podio (fue tercero).Tras repetir esa plaza dos semanas después en Brasil, marcar la vuelta rápida (más joven de la historia, en esos momentos) en Canadá y ser segundo en Barcelona, ante su público, en España ya había brotado la 'Alonsomanía', un fenómeno por el cuál la afición de su país comenzaba a seguir un deporte en el que años antes jamás hubiese imaginado a un compatriota luchando por los puestos de honor.Pero el estallido total se produjo aquí, en el Hungaroring, el 24 de agosto de 2003. Saliendo desde la 'pole', Fernando se convirtió, en ese momento, con 22 años y 27 días, en el piloto más joven y el primer español -el único hasta la fecha- en ganar un Gran Premio de Fórmula Uno.Como casi todos sus récords de precocidad, el de anotarse un Gran Premio también se lo acabaría batiendo cinco años más tarde el alemán Sebastian Vettel (Red Bull), ganador de los últimos tres mundiales y líder de éste, al anotarse en Monza (Italia), a bordo de un Toro Rosso.Hace diez temporadas, Alonso venció en Hungría a lo grande, doblando al 'Kaiser', el alemán Michael Schumacher, el gran dominador de este deporte -con siete títulos y 91 victorias-, al que acabaría destronando dos años después, cuando logró, a bordo del Renault, el primero de sus dos Mundiales consecutivos.Junto a él, en el podio, se fotografiaron en la pista de las afueras de Budapest el finlandés Kimi Raikkonen -que estaba en McLaren-Mercedes- y el colombiano Juan Pablo Montoya, piloto entonces de Williams-BMW.Testigo directo de ese triunfo fue su padre, José Luis -presente este fin de semana en Hungría, junto a la madre del capitán de Ferrari, Ana-, el hombre que educó un hijo al mismo tiempo que fabricaba un campeón. El que le condujo en innumerables ocasiones por las carreteras europeas para que Fernando compitiera en 'karts'.Alonso hizo célebre ese día el gesto de los 'pajaritos' -juntando reiteradamente los cinco dedos de su mano- y festejó ese triunfo, que dedicó a su ya fallecida abuela Luisa, con su padre y con su descubridor, el italiano Flavio Briatore, con el que obtuvo sus dos títulos mundiales y un total de 17 victorias -en dos periplos- para Renault.Briatore, hoy feliz esposo y padre, gozaba de aquella una merecida fama de 'play-boy' y durante el Gran Premio que cambió la historia del automovilismo español se dejó ver en el Hungaroring junto a la que entonces era su pareja, la 'top-model' alemana Heidi Klum.Luis García Abad, desde 2004 el hombre de confianza de Alonso dentro y fuera de los circuitos, no estaba aquel día en Budapest. Entonces, con el doble campeón mundial asturiano viajaba el expiloto de F1 valenciano Adrian Campos.Casi nadie sabía entonces quién era Vettel. Y Red Bull, la escudería que ha evitado que el palmarés de Fernando sea ahora aún más brillante, no existía aún como tal: era patrocinadora del equipo Sauber (para el que ese día pilotaron los alemanes Nick Heidfeld y Heinz Harald Frentzen). Pero ya había adquirido fama por sus espectaculares fiestas.Alonso no pudo festejar esa victoria en la capital húngara, porque ese mismo día se trasladó junto a su entonces compañero, el italiano Jarno Trulli, y su glamuroso jefe de equipo a Varsovia, donde la jornada siguiente asistió a un acto publicitario de una marca de tabaco asociada a su escudería.Sí lo hicieron -y a lo grande- algunos de los enviados especiales españoles a ese Gran Premio, conscientes de que estaban viviendo una jornada histórica.Acudieron, paradójicamente, al evento que organizaba esa noche la empresa austriaca de las bebidas energéticas. En el Castillo de Budapest. A orillas del majestuoso Danubio. Donde, si firma una nueva carrera épica, podrá hacerlo mañana el doble campeón mundial asturiano.

EFE