FRANCISCO ZÚÑIGA ESQUIVEL
1 de septiembre de 2013 / 02:33 a.m.

Monterrey • Don Esaú tiene un sueño: un campo de fútbol bien equipado para sus niños del equipo Indios de la Colonia Morelos. Ya tiene el terreno, las porterías, y los jugadores, pero le falta el comodato municipal.

 

Desde hace 44 años, este hombre de 81 años de edad, ha entrenado a varias generaciones de la colonia y hace 22 años el Ayuntamiento le permitió utilizar un terreno junto a la escuela Secundaria 37, que ahora, teme les quiten para convertirlo en estacionamiento.

 

“Aquí era un basurero, y me puse a limpiar. Al año, me ayudaron y sacamos diez camiones de escombros, a los seis meses otros diez, y al otro año, 14 camiones llenos de escombros. Y ya pudimos jugar”.

 

Lo que pide don Esaú Del Ángel Nava es apoyo para seguir acondicionando el campo, ubicado en las calles de Morelos y Parque Poniente, en la colonia Morelos, de Monterrey, pero sobre todo, ayuda para tramitar el comodato, a fin de asegurara los niños del sector, un lugar permanente para entrenar y jugar sus partidos.

 

“Yo ya pregunte, y el terreno es municipal. A un lado está la escuela secundaria, pero no forma parte de ella, porque eso tengo el permiso para usarlo, pero me gustaría tener el comodato”.

 

El temor de don Esaú es porque los maestros de la secundaria han manifestado el deseo de convertir el terreno en estacionamiento, lo que dejaría sin campo a los niños.

 

“En la mañana meten los carros, nosotros no tenemos problemas con eso, porque a esa hora no lo ocupamos, pero cuando llueve de todos modos los meten, y dejan surcos, que luego hay que rellenar, para que los niños no se lesionen”.

 

Lamentablemente no todos los profesores ayudan.

 

“Hay unos muy bien educados, que pasan sus carros por la orilla, pero otros se van por en medio. El otro día que llovió, uno se puso a dar vueltas junto a las dos porterías, y dejó unos surcos muy grandes”.

 

Es por eso que busca el comodato. Cuenta que inició en el fútbol infantil hace 44 años, cuando hizo unas porterías para que sus hijos jugaran en la calle, en la colonia Morelos.

 

“Los muchacho del barrio comenzaron a llegar para jugar, y luego hicimos el equipo”.

 

Hoy tiene hasta bisnietos, tres, con los que espera un día formar otro equipo. Todo ese tiempo ha dirigido a los Indios, y se ha dedicado a habilitar el terreno que le prestaron para el campo de fútbol.

 

“Limpiamos el escombro hace 22 años, luego aplanamos, con ayuda de unos amigos le pusimos las luces, y las porterías”.

 

Aún le falta mucho. Pero sigue trabajando, por el puro gusto de hacerlo, porque siente que los niños deben tener un lugar donde hacer deporte.