Norma Ponce 
17 de julio de 2013 / 07:48 p.m.

 

Ciudad de México • Karina, de origen centroamericano, llegó desde hace seis años a Cancún para trabajar como chef en un restaurante donde conoció a un compañero de trabajo, que meses después la obligaría a prostituirse en los table dance del Distrito Federal.

“Era un joven muy tierno y cariñoso al principio. Me convenció de venir a trabajar a la Ciudad de México, y al llegar me sorprendió como trataba y golpeaba a sus padres; trate de intervenir pero ahí me golpeó por primera vez y destruyó mi documentación”, comenta.

Esa misma tarde, su agresor, Josué Ulises Amaro Gómez, alias el Uli, la llevó al Cadillac, su nuevo lugar de trabajo, y bajo la amenaza de matar a su hija de apenas seis meses de nacida, Karina fue obligada a laborar en ese lugar.

El trabajo diario, explica, consistía en hacer un baile show, quitarse toda la ropa, dar sexo servicio a los clientes, y nunca hablar del dueño, Alejandro Iglesias Rebollo (a) El Patrón, ni de su brazo derecho, Rodrigo Ampudia, “a quienes conocí drogados y alcoholizados.

“Si yo hablaba con alguna de las otras chicas nos golpeaban a todas y nos obligaban a tener relaciones con los clientes, con el mismo dueño, con los guardias de seguridad y hasta con los meseros”, refiere la mujer en una plática con MILENIO.

Dice que una noche la obligaban a consumir cocaína, tomar pastillas y beber, antes de atender entre 8 y 12 clientes. “Perdí el conocimiento, solo recuerdo cuando desperté tirada en el piso, desnuda y golpeada”.Karina cuenta que así pasaron cinco años y medio, en los que le tocó ver y hacer de todo. A una compañera desangrándose, después de haber sido golpeada y violada brutalmente por dos clientes; a otra que fue aventada por las escaleras y quedó paralítica; a un cliente que asesinaron porque no tenía “plata” para pagar los servicios, y ritos satánicos que se realizaban en el interior del lugar para la bonanza del negocio.

“Vi morir gente en el Cadillac. Una vez un cliente no traía plata para pagar y lo golpearon hasta dejarlo inconsciente. La chica que lo atendió era venezolana, se metió a defenderlo y los mataron a los dos. Ahí estaban presentes el señor Alejandro Iglesias, el señor Ampudia, Josué Ulises Amar Gómez, entre otros sujetos”.

Agrega: “al Cadillac iba un señor que le decían el Padrino y hacía ritos, inclusive participaban algunos clientes. Elegua, Ozun y Obatalá que eran los santos que adoraban y había esqueletos de seres humanos, crucificaban a cabras, gatos y pollos. Lo hacen para que llegue mucha gente y no les cierren los lugares”.

Cuenta que meseros, guardias de seguridad, algunos clientes, y mujeres explotadas “se rayaban” (se cortaban) tres líneas paralelas en las palmas de las manos o en la espalda, como un modo de identificación para lo que ella llamó “la red criminal”.

Sin embargo, Karina no pasaba todo el tiempo en el Cadillac. Ella junto a otras extranjeras eran llevadas en autos blindados y con los ojos vendados a otros giros negros como el Royal México, Tahití, Calígula y a cuartos de hoteles lujosos, que eran preparados para recibirlas sin que hubiera indicativos con el nombre del hotel.

Se le pidió contar cuál fue la situación más difícil durante ese tiempo. Ella aprieta los labios y suspira antes de contar que “la mayor desdicha es cuando El Patrón violó a uno de sus hijos, mientras la más pequeña, producto de una violación, presenciaba la atroz escena. Duró cinco meses sin saber de ellos y a cambio de 75 mil pesos tuvo derecho a verlos. Afirma que además fueron registrados como hijos de Iglesias Rebollo, con quien se vio obligada a “convivir” íntimamente durante los meses que éste quiso.

Su vida al lado de Alejandro Iglesias finalizó cuando el Pelón, uno de los hombres de confianza del llamado Patrón, que se dedicaba a trasladar a las chicas del table dance a los hoteles, ayudó a Karina a escapar y a consecuencia de ello, lo mataron.

Una red bien organizada:

Gran parte de las mujeres extranjeras son seducidas, enamoradas con falsas promesas de matrimonio o de trabajo, y convencidas para que dejen su país de origen y vengan a México.

Rosi Orozco, presidenta de la Comisión Unid@s contra la Trata, explica que se trata de una red bien organizada que se dedica a enganchar, vigilar, cuidar, y maltratar a las mujeres que son explotadas.

“Sabemos que en la Ciudad de México hay alrededor de seis organizaciones delictivas dedicadas a la explotación sexual entre ellas la de Iglesias Rebollo, empresario que encabeza el Grupo Titanium, quien empezó como mesero y posteriormente abrió giros negros”, afirma.

Señala que a pesar de la nueva la Ley General para Prevenir, Sancionar y Erradicar Delitos en materia de Trata de Personas, vigente desde el 14 de junio de 2012, no existe presupuesto y por lo tanto no hay un reglamento que sancione a “toda la cadena de explotación incluyendo a los propios clientes”.

Orozco explica que el reglamento estaba programado para publicarse en septiembre pasado y al día de hoy, no existe alguno, y tampoco se ha armonizado la Ley, excepto en los estados de Puebla, Querétaro, Coahuila y Veracruz.

En tanto, Karina recuerda que su agresor y otras personas iban por “chicas nuevas” procedentes de Colombia, Panamá, Venezuela, Cuba, Puerto Rico y Costa Rica a Torreón, Coahuila y Puerto Vallarta, algunas de ellas menores de edad. Por el contrario, a las mexicanas las envían a estados de la Unión Americana, como California, Nevada, Nueva York, y Atlanta.

“Son cariñosos y se convierten en pareja de ellas, las invitaban a viajar a México y cuando llegan acá les destruyen sus documentos y las amenazan con migración o con matar a sus hijos o familiares. Ellos conocen personas de migración, policías… Alejandro Iglesias decía que aquí en la República Mexicana todo se puede con dinero.

“Entiendo que muchas de las chicas rescatadas no quieren hablar por miedo, pero yo les digo a todas las chicas que se fijen con quien hablan, con qué personas se involucran, que no se dejen engañar por tipos cariñosos que llegan de repente y les hablan bonito. Prometen muchas cosas, pero no hagan caso, a veces nuestros padres nos pueden decir que no les gusta tal chico y nosotras no hacemos caso”, exclama.

Hasta hoy, entre los detenidos del Cadillac se encuentra Josué Ulises Amaro Gómez, quien fue capturado afuera de su casa en la Delegación Gustavo A. Madero y consignado ante el juzgado 48 penal con sede en el Reclusorio Oriente.

El expediente 149/2013 radicado en el Juzgado 40 penal indica que el Uli colaboraba con Alejandro Iglesias Rebollo “El Patrón” y Rodrigo Ampudia, ex gerente del Cadillac, y hoy bajo proceso en el juzgado 19 penal por trata.