17 de febrero de 2013 / 01:55 a.m.

Alberto Santos Boesch, empresario como su padre, el fallecido Alberto Santos de Hoyos, dijo ante más de un millar de personas un mensaje en el que recuerda los atributos de quien fuera presidente de Grupo Empresas Santos como empresario, como filántropo y como hombre de familia.

A continuación, el texto que Santos Boesch leyó en la iglesia de Fátima:

 Para mí es muy difícil hoy estar aquí, papá, frente a tu féretro, y que no puedas ver todo este cariño y afecto de tanta y tanta gente. Quiero pensar que donde te encuentres, esta energía de amor, cariño, admiración, respeto y agradecimiento la estás recibiendo.

Papá, tu partida nos deja un vacío que nunca nada podrá llenar.

Como empresario fuiste todo un visionario; te regías por un código de ética que pocas personas lo tienen. Siempre ibas un paso adelante en todo. Creaste negocios innovadores, te gustaba arriesgar, pero siempre con la preocupación que no sólo te vaya a ir bien a ti, sino a todos los involucrados. Sobre todo a los más desprotegidos.

Tanto te preocupaba la responsabilidad social, que supiste fusionarla con una de tus más grandes pasiones: el futbol. Así fue como cambiaste lo que es el futbol en esta ciudad. Menos de 5 mil personas iban al estadio cuando tú tomaste la Presidencia de Rayados; después de armar un magnífico equipo, la pasión por el futbol nació en Monterrey gracias a ti. Cuando ya dejaste el futbol, 50 mil personas iban al estadio.

Fuiste un líder empresarial que siempre habló de frente y claro. Tu valentía para enfrentar al gobierno, siempre por tu gran preocupación por México. Tu estilo era poco convencional, pero al final era respetado y escuchado. Nunca hiciste nada que no quisieras hacer. Si no creías en algo, no lo hacías. Ah, pero cuando creías en algo, ibas hasta los límites por conseguirlo.

Esa era tu forma de ser y es para nosotros una de las más grandes enseñanzas que nos dejas: el ser congruentes.

No te cansaste de ayudar a las personas que necesitaban alguna ayuda. Para mucha gente –y ahora me lo han repetido y repetido–, es que para ellos eras como un ángel.

La cantidad de instituciones de beneficencia en las que participaste, papá.

No te cansabas de ver por todos aquellos niños y jóvenes que sin la fortuna de tener un hogar, una educación o una terapia de rehabilitación, tú hacías que ellos tuvieran esa oportunidad. Quédate tranquilo, que todas tus obras seguirán.

También participaste en el gobierno. Como tú decías, había que ser parte de la solución y no del problema. Y desde allí usaste toda tu capacidad para hacer las cosas diferentes. Y eso te ganó el respeto y admiración no sólo de tus compañeros sino de tus contrincantes políticos también.

Te apasionaba el campo; siempre luchaste porque los más necesitados se integraran a la vida económica y mejoraran sus niveles de vida.

Fuiste un agricultor de los buenos y hoy lo compruebo. Es sabido que si siembras bien, y haces una buena cosecha, el fruto es muy bueno. Hoy al ver la cantidad de muestras de cariño, de afecto y de amor hacia ti, papá, no me queda duda que fuiste un excelente agricultor de la vida.

No cabe duda que donde participaste, lo hiciste con mucho éxito y con una entrega total.

No por nada te fuiste el Día del Amor y la Amistad, porque si algo hiciste en esta vida fue sembrar mucho amor y muchísimas amistades.

Hoy estamos toda tu familia aquí, recogiendo cada comentario, cada recuerdo,cada anécdota, cada palabra que alguien tiene para ti.

Es difícil entender cómo tenías tiempo para tantas y tantas actividades y aun así nos dedicabas muchísimo tiempo a tu familia y últimamente a tus nietos que tanto amabas. 

No tengo palabras para agradecerte este tiempo que nos diste. Porque fuiste un gran hijo, un esposo ejemplar, el padre más amoroso y más bueno que cualquiera pudiera haber tenido y el abuelito más tierno y consentidor.

Te vamos a extrañar mucho, papá. Vamos a tener que empezar a vivir con este hoyo que nos queda por el resto de nuestras vidas. Pero ten la seguridad que Mamá, mis hermanos y tus nietos vamos a estar bien. Vamos a pensar en ti en cada momento.

Estoy muy orgulloso de ser tu hijo y de llevar tu nombre. Vamos a hacer todo lo que tú hubieras querido que hiciéramos. Y todos los días honraremos tu legado y tu memoria.

Yo sé que tú tenías muchas ganas de volver a estar un día con tu papá. Espero que ahorita estés con él y le estés platicando todo lo que hiciste mientras él ya no estuvo contigo. Seguro te estará diciendo lo muy orgulloso que está de ti.

Papá, yo pienso hacer lo mismo. Ya llegará el día que te vuelva a ver, papá, y te platicaré todo lo que hice mientras tú no estabas aquí. Y espero que te sientas orgulloso de mí, así como Papino lo está de ti.

Gracias por haberme enseñado tantas cosas, los valores que me inculcaste. Voy a extrañar verte todos los días en la oficina, pedirte un consejo y llamarte por las noches para platicarte de mi día y ponerte al tanto de nuestras cosas.

Ahora platicaré contigo a cada momento y a todas horas, porque vas a estar adentro de mí toda mi vida.

Te amo con todo mi corazón, papá.

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