GUSTAVO MENDOZA LEMUS
8 de septiembre de 2013 / 03:48 p.m.

General Cepeda, Coahuila • Conocido por amigos y autoridades como el Pato, José López Espinoza es un verdadero caza dinosaurios de Coahuila y Nuevo León.

El hombre de 42 años es alto, moreno y algo serio en las primeras charlas, pero cuando se le pregunta por fósiles y dinosaurios no para de hablar.

A él se debe el hallazgo de la cola de hadrosaurio en General Cepeda, con más de cinco metros de largo y que le ha dado la vuelta al mundo. Pero quizás por menos reflectores también participó en el rescate del Monstruo de Aramberri de Nuevo León.

 

¿Desde cuándo empezó tu gusto por los fósiles?

Desde niño, esto gracias a una expedición que vino de Canadá en los ochenta.

¿Cuántos años tenías?

Alrededor de unos 12 o 13 años. Y desde ahí, yo les ayudaba a los canadienses a traerles agua y cuando tenía chanza me les pegaba en las canteras y pues ahí les fui aprendiendo sus técnicas para proteger el hueso o el fósil.

¿Cómo era salir a jugar de niños al desierto, que en una expedición encontraban piedras diferentes a las normales?

Sí, así pasaba (risas). Fue una experiencia muy padre cuando me explicaron la diferencia entre una piedra y el fósil. Si los ve uno son rocas las dos pero yo les preguntaba a ellos ‘pero si son iguales’, entonces ya te explican que dependiendo de la textura, que es porosa y la roca no; otra cosa los huesos siempre tienen una forma, una terminación como si fuera un hueso de un animal actual.

Pero se fueron los canadienses ¿y?, ¿cómo siguió tu interés por los fósiles?

Pues le seguí la pista a unos compañeros que son maestros, y de ahí hicimos la coordinación de paleontología aquí en Coahuila; y así hasta ahora, le he dado seguimiento donde incluso los extranjeros me han invitado a sus expediciones.

En el 2005 te encontraste con este bicho, ¿cómo fue esa anécdota?

Pues andaba caminando en el monte, cada que tengo un tiempo voy y pues ya sé a lo que voy, a buscar fósiles. Fue en los primeros de mayo del 2005 que andaba caminando, y ya de regreso fui a dar con esto donde afloraban un poco las vértebras del sacro. Ahí estuvo un buen rato cubierto, hasta que ahora se dio el rescate en forma con el INAH.

¿A quién fue el primero que le dijiste?

Al primero que le dije fue a mi hermano, él habita allá en el ejido; llegué muy emocionado.

¿Tú ya tenías algo de experiencia?

Sí, entonces me lo llevé y le excavamos algo así como tres metros y medio, y continuaban las vértebras. Ahí fue cuando dije que esto era especial, hasta donde sé en México no habíamos tenido un hallazgo así.

¿Sigues saliendo al desierto a buscar fósiles?

Sí yo creo que es algo que nunca se me va quitar…

¿Es tu terapia?

Sí (risas), mi reto es encontrar otros hallazgos importantes para la ciencia pero también para los pueblos de nosotros.

¿Qué te dice tu familia ahora que te ven con este hallazgo?, que por cierto ya le dio la vuelta al mundo.

Ahorita que ya vieron la noticia me dicen ‘oye pues tenías razón’. La verdad están muy contentos.

¿Eres un cazador de dinosaurios?

(Risas) Sí, podría decirse.