Israel Santacruz 
22 de julio de 2013 / 01:33 a.m.

 

Monterrey.-   • Ha sido mudo testigo de festejos y desastres, de cómo el centro de la ciudad se convirtió de una zona comercial en un área de plazas y parques, de un punto de reunión social a escenario de conflictos políticos a escasos metros de distancia.

La Fuente de Monterrey, uno de los principales emblemas de la Sultana del Norte, cumplió medio siglo de existencia.

Ante ello, Cadena Ciudadana de la Cultura realizó un evento en donde, para no olvidar este sitio, sus integrantes recitaron poemas norestenses, hicieron una lectura de libros regiomontanos y entonaron el Corrido de Monterrey.

Abel Montes, presidente de la asociación civil, menciona que a lo largo de las décadas se ha conocido a este sitio, que se encuentra hoy al costado del Congreso del Estado, con distintos nombres, desde los Ojos de Santa Lucía y la Alberca Monterrey hasta la hoy conocida como Fuente de Monterrey.

Sin embargo, contrario a tiempos pasados, en donde incluso la Macroplaza aún ni siquiera aparecía en planos de anteproyecto, hoy la Fuente de Monterrey luce vacía.

“Ha faltado mucho por parte de instituciones educativas, de funcionarios, incluso de la misma ciudadanía. Poco a poco nos hemos ido olvidando de este ícono regiomontano. Antes aquí la gente venía a pasear, a disfrutar en familia, a distraerse. Venían a nadar y disfrutaban de los comercios cercanos, pero hoy los más jóvenes ni siquiera la conocen, se olvidan de ella pese a que está dedicada a los fundadores de la ciudad”, explica Montes López, quien es acompañado por un pequeño grupo no más de 15 personas que buscan preservar en la memoria colectiva este sitio.

La Fuente de Monterrey es fácilmente vista por la ciudadanía que transita por el centro de la ciudad. Ubicada en el cruce de Zaragoza y Matamoros, a un costado del poder Legislativo, observa como mudo testigo los desastres y conflictos como el huracán Alex y las disputas políticas al interior del recinto legislativo; como además es un compañero de júbilo cuando la ciudad goza con algarabía tan intensa como la del último campeonato del equipo de fútbol Tigres.

“Precisamente, en uno de esos festejo don Diego (de Montemayor) perdió su espada. En el último campeonato de Tigres no sé cómo, pero alguien le quitó su espada y quedó perdida. De hecho esta que hoy posee es la tercera en su historia”, expone Abel Montes.

El hecho es cierto. La primera vez que la imagen del fundador de la ciudad perdió su arma fue en el traslado de la Plaza Zaragoza a la Fuente de Monterrey y la segunda con el eufórico festejo del campeonato de fútbol.

En la fuente, además, se narra la fundación de la Sultana del Norte en un mural de mosaico bizantino creado por Joaquín A. Mora, que hasta el día de hoy permanece recordando como postal aquel momento en que por tercera y definitiva ocasión las 12 familias arribaron a los Ojos de Santa Lucía, pasando hasta el día de hoy a la urbanizada e industrial capital de Nuevo León.

El 21 de julio de 1963 la Fuente de Monterrey fue inaugurada y hoy, medio siglo después, aún es testigo del acontecer regiomontano, aunque el panorama que ve no es tan próspero como quizá lo hubieran creído los regios de aquel entonces.