13 de febrero de 2013 / 03:25 p.m.

México • Jóvenes enamorados eligen fotografiarse con vestido de novia y smoking, tomados de la mano y abrazados entre tumbas, nichos y mausoleos del siglo 19 porque quieren recordar su juramento de amor eterno, previo a su boda religiosa.

Las parejas acuden al panteón de Belén en Guadalajara para tomarse sesiones fotográficas. Esta costumbre nació en la década de los 80, basada en una justificación visual y arquitectónica. Así, los muertos que aquí residen han visto pasar centenas de vestidos de seda, tules, corbatas y fracks, o donde el amor no está peleado con la muerte.

Para comprender esta elección se necesitan más datos y Francisco Palacios, responsable del cementerio los tiene y explica: “"El lugar es también conocido como el panteón romántico de Guadalajara, porque todos los cementerios son monumentos blancos de cemento y mármol, pero aquí hay arquitectura y colorido que ofrece la cantera rosa; es un poco acogedor, rico en iconografía mortuoria y con leyendas muy románticas"”.

La historia del lugar es peculiar. Mónica del Arenal, directora de este museo-panteón que hoy se encuentra resguardado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, cuenta que este camposanto fue el primero en Guadalajara (1848) y se construyó junto al Hospital Civil ante la necesidad de facilitar el traslado de los cadáveres. Inicialmente esa tierra era solo para pobres, pero los ricos también demandaron espacio para sus muertos, por lo que el terreno de 144.06 metros cuadrados tuvo que ser dividido por clases sociales.

Muchos personajes ilustres de la ciudad reposan aquí junto a familias acaudaladas como los Cuervo, Labastida, Corcuera y Orendáin. Sin embargo, el tiempo fue implacable y no distinguió entre nichos, mausoleos, lápidas o modestas cruces y hoy todos se están cayendo a pedazos o son abrazadas por las raíces de eucaliptos y hules. Afortunados los que quedaron en las fosas comunes, cubiertas de pasto y hierba.

Clic, clic, clic

Como profesional de la imagen, Ever López fotografió hace algunos años a 10 matrimonios dentro del panteón de Belén. “"Ahí la arquitectura es clásica, en determinadas horas la luz tiene un toque místico, mágico.

Tiene áreas pequeñas para hacer fotos muy bonitas, pues el color y textura de las piedras crean una combinación especial"”, detalla.

Dice que hay dos lugares favoritos de los enamorados: el mausoleo central dedicado a los hombres ilustres, espacio de casi diez metros de altura con sus largas escalinatas custodiado en cada esquina por una plañidera, y los pasillos principales, donde los nichos pasan a segundo plano y se convierten en adorno decorativo de largos corredores que adquieren glamur gracias a sus elegantes arcos y columnas.

“"Regularmente los novios son los mandilones que van cargando la cola del vestido de la novia para cuidar que no se ensucie. Las parejas se sienten atraídas por el lugar, pero al término de la sesión salen con la piel chinita porque sí se siente algo en el ambiente, no es miedo, pero sí algo extraño. En la tarde y noche sobre todo sientes una presencia fantasmal, pero es cuando quedan unas imágenes muy padres"”, detalla.

Francisco Palacios recuerda algunos detalles graciosos ocurridos durante dichas sesiones como aquella novia a la que se le quebró tres veces el tacón de su zapatilla, lo que interpretó como un mal augurio. O esa otra que tuvo que cuidar con rigor su amplio vestido porque en ese tiempo el panteón tenía una plaga de alacranes.

“"También tiene su lado supersticioso; hay parejas que dicen que si se toman la foto por separado es presagio de divorcio. O que si posan muy abrazados entonces gozarán de una buena vida conyugal, pero esos son mitos de la gente"”, opina el administrador.

Leyendas de amor

Los nichos del matrimonio escocés conformado por Jean Young y Joseph Johnston tienen más de 200 objetos que los visitantes les han dejado a manera de ofrenda: estampas, rosarios, monedas, condones, pastillas de viagra, un cordón umbilical, dulces, plumas, tarjetas bancarias y hasta una muñeca vestida de novia.

Juanita Ramírez, secretaria y guía del panteón, repite lo que la gente dice: “"Que esta pareja fue muy bondadosa con los tapatíos, pues gracias a su buena fortuna solían ayudar a los necesitados sin pedir nada a cambio. Ambos murieron en 1896, pero los visitantes que escuchan esta leyenda gustan dejar a Jean y Joseph un pequeño obsequio a cambio de que ellos les concedan salud, dinero y amor.

La tumba de los Castaños es otro ejemplo y las cruces de Andrea y José están entrelazadas por una guirnalda de flores talladas en piedra como señal de amor eterno. Juanita narra que ésta fue una trágica historia de amor en la que sus protagonistas se suicidaron juntos porque sus padres se oponían a su relación, algo así como “"Romeo y Julieta"”. El mito se derrumba con solo poner atención a los respectivos años de defunción: 1867 y 1894, pero las parejas lo pasan por alto.

¿Por qué Belén?

“"Les he dicho a los novios que por qué mejor no toman sus fotos en el jardín Japonés o el parque Agua Azul; incluso algunos camellones de la ciudad se prestan muy bien para el tipo de fotos que quieren, pero ellos dicen que les gusta más aquí porque el cementerio les transmite tranquilidad"” responde Juanita Ramírez.

Es cierto, en Belén hay demasiado silencio, pues está rodeado de un hospital, el servicio médico forense y una escuela de medicina, aunque huele a guayabas, limas, naranjas, limones, mangos, zarzamoras y aguacates, según la temporada.

ÉRIKA FLORES