18 de mayo de 2013 / 04:35 p.m.

 Monterrey • El cierre masivo de tables dance, antros y salas de masaje, aunado al clima de inseguridad que se vive en la ciudad orilló a decenas de sexoservidoras y también a trasvestis a conducirse en la clandestinidad y también a horas del día.

Quienes son trabajadores sexuales narran que han sido golpeados no sólo por la violencia, sino por la legislación que entró desde el año pasado.

“Tengo 31 años, desde los 19 años me dedico a realizar, a ejercer el trabajo sexual, soy de Guadalajara, tengo 10 años en Monterrey, y he formado el Colectivo de Hombres en Acción Comunitaria, AC”, señala Víctor.

“Por la inseguridad y todo eso, ya ha bajado un poco y más bien se han ido a la clandestinidad, ya no hay un reflejo (de su regulación), realmente por la clandestinidad que causó la violencia”.

¿Cómo es eso?

“Ya lo hacen y ofrecen sus servicios en las calles, ahora ya no se pueden anunciar en el periódico; la nueva Ley de Trata vino a quebrantar lo del trabajo sexual; la Organización Mundial de la Salud y la Conusida y otras agrupaciones nos reconocen como trabajadores sexuales”, agrega.

Relata parte de la metamorfosis que sufrió la vida laboral de quienes ejercen esta profesión.

Tras contactarlo, a través de agrupaciones formalmente establecidas como GESS (Género, Ética y Salud Sexual), el joven indica que por ello algunas de sus amigas han optado por continuar laborando de una forma reservada, ya que no pueden publicarse en los periódicos.

Ello ha generado que muchos se hayan mudado a otras ciudades para autoemplearse sexualmente.

El costo por los análisis de virus del papiloma humano (VPH), VIH Sida y Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) oscila entre los 600 y 700 pesos y los realizan cada tres meses.

Cada 15 días tienen que ir a revisión y les cobran otros 170 pesos por persona, por lo que el monto llega a un total de entre 800 a 900 pesos por persona aproximadamente.m

 — EDUARDO MENDIETA SÁNCHEZ