5 de noviembre de 2013 / 07:28 p.m.

Los horarios son brutales, tanto como las expectativas de los millones que cada domingo se sientan analizarlos.

Ser entrenador de la NFL no equivale a tener un boleto para el área de emergencias en un hospital, pero la hospitalización de dos técnicos en el mismo fin de semana a mediados de la temporada —uno de ellos se desmayó durante un partido en el horario estelar— es un escalofriante recordatorio de lo peligrosa que puede ser la constante presión por tratar de ganar juegos cada semana.

"El fútbol americano es estresante y el trabajo de entrenador también lo es —igual que lo es el trabajo de muchas personas", dijo Dan Reeves, quien fue operado del corazón cuando dirigía a los Falcons de Atlanta en 1998. "Pero es un trabajo que absorbe tanto tiempo que en realidad no te cuidas como deberías, y por eso es fácil que se presenten problemas así".

Al igual que el técnico de Denver, John Fox, Reeves supo durante la campaña que tenía problemas del corazón y quiso hacerlos a un lado mientras trataba de que su equipo llegara a la postemporada.

Igual que Fox, terminó en el hospital y su equipo tuvo que jugar sin él.

"Lo bueno es que finalmente le dije algo al doctor", señaló Reeves, "de lo contrario pude haber sufrido un infarto".

Fox fue sometido a una operación para remplazar la válvula aórtica el lunes, dos días después de sufrir mareos mientras jugaba al golf en su casa en Carolina del Norte. En forma predecible, el equipo emitió un comunicado en el que lo citaba diciendo que lamentaba haber dejado al equipo y que esperaba regresar a la banca lo más pronto posible.

No tan predecible es el futuro de Gary Kubiak, quien se desmayó mientras caminaba en el campo durante el juego del domingo que su equipo perdió tras su ausencia. Fue llevado al hospital, y el martes fue dado de alta tras descubrirse que sufrió un mini derrame cerebral.

Ambos son entrenadores de equipos que van en direcciones opuestas pero con algo en común: de repente ampos están incapacitados de hacer algo al respecto.

"Será duro para ellos sentarse y pensar que no pueden hacer lo que deberían, ayudar a su equipo", dijo Tony Dungy, quien fue entrenador de la NFL. "Así es como te sientes, que no puedes ayudar a tu equipo".

El momento en que ambos fueron hospitalizados fue una coincidencia, pero debió ser perturbador para la fraternidad de entrenadores. El desmayo de Kubiak ocurrió después de una rara buena primera mitad para los Texans, mientras que Fox estaba en la semana de descanso de los Broncos, que son candidatos para llegar al Súper Bowl.

Ambos han ganado millones como entrenadores de la NFL pero ese trabajo tiene un precio y se asume que la victoria es lo único que importa.

"Hay mucha presión en los entrenadores", dijo el ejecutivo de los Broncos, John Elway. "Debido lo mucho que ha crecido la liga, los niveles de expectativa también han aumentado, así que es un empleo duro, muy duro".

Elway dijo que el domingo llamó al gerente general de Indianápolis para saber cómo manejaron los Colts la ausencia de su entrenador Chuck Pagano, a quien la temporada pasada se le diagnosticó leucemia y tuvo que ser internado. Pagano había sentido cansancio extremo y dolores, pero igual que Fox, esperó hasta la semana de descanso para ser revisado por el médico.

Diferentes entrenadores hablaron de cómo manejan el estrés de un trabajo que siempre está bajo los reflectores. Dijeron que los médicos de sus escuadras los examinan regularmente y señalaron que tratan de identificar los signos de advertencia propios de su trabajo.

Luego regresaron a sus oficinas para seguir analizando videos y prepararse para otro domingo en el que 70.000 personas en el estadio y millones en sus casas ponen en duda todas sus decisiones.

AP