11 de julio de 2013 / 11:33 p.m.

Monterrey • Los comerciantes de las calles Colegio Civil y 15 de Mayo han encontrado una ingeniosa solución para seguir ofreciendo sus productos en la banqueta o en la calle.

Esto lo demostraron al tomar su mercancía y esconderse cuando llegan los inspectores de Comercio, y cuando estos se van todos toman su mercancía y se regresan a la banqueta.

Para ellos todo se reduce a una lucha por sobrevivir, pues vender es su trabajo y de lo que ganen come su familia.

"Todo lo que pedimos es que nos dejen trabajar, no estamos robando, no estamos haciendo mal a nadie, sólo queremos trabajar", dijo uno de los oferentes, quien tiene toda su vida en el sector centro vendiendo diversos productos.

Señaló que cuando era niño, su papá tenía un puesto, que en realidad era una charola con diversa mercancía. Hace más de 30 años de eso, y en ese entonces él ya vendía.

"Mi papá me enseñó a trabajar, en esto aprendí y toda la vida he vivido de esto, por eso sólo pido que nos dejen trabajar".

A las 09:00 horas comienzan a abrir los primeros puestos en la calle Colegio Civil, entre Juan Ignacio Ramón y 5 de Mayo. De igual manera van abriéndose las puertas por 15 de mayo, entre Juárez y Cuauhtémoc.

A esa hora no hay inspectores, momentos después, cuando sienten que la situación es segura comienzan a invadir banquetas y calles.

"Casi todos tienen puesto, pero la sacan para que se vea en la calle, y eso no está permitido, por eso andamos por aquí pidiéndoles que la metan, si no hacen caso a la advertencia, se les decomisa", explicó un inspector que pidió omitir su nombre.

Pero los comerciantes no esperan a que lleguen, cuando un empleado municipal se acerca, la voz corre como el fuego, y en un instante ya todo el sector sabe que se acerca.

Todos tienen estructuras metálicas, de alambrón, muy ligeras, donde enganchan la mercancía y cuando el aviso les llega, lo cargan y corren con él hacia el interior de los locales.

Hay quienes tienen todo en cajas, así que tardan un poco más para guardar sus cosas, pero al final, también alcanzan a salvarla.

Así se la pasan todo el día, en una acción que más parece un juego.

FRANCISCO ZÚÑIGA ESQUIVEL