24 de junio de 2013 / 01:32 p.m.

 Las cinco palabras calaron hondo en el ánimo de los habitantes de Tlatlauquitepec, comunidad perteneciente al municipios de Atlixtac: “Yo ya soy hombre muerto”, dijo Víctor Martínez Ramírez, presidente del Comisariado de Bienes Comunales de la localidad.

El viernes 21 de junio el comisariado fue rescatado en una casa de seguridad por elementos de la Marina Armada de México, en una acción conjunta con habitantes que empuñaron sus rifles y pistolas para buscar a su representante.

De manera clara, con seguridad el comisariado reveló la identidad de sus captores en una asamblea popular y sabedor de que su exposición causaría revuelo, alertó que los secuestradores eran vecinos de dicha población.

Martínez Ramírez recordó que fue capturado por sus plagiarios la tarde del 3 de mayo, luego de viajar a Chilpancingo para declarar en la Procuraduría General de Justicia (PGJ). Su rescate se registró la mañana del viernes 21 de junio, día en que sus captores habían acordado matarlo para evitar que los delatara, pues estaban conscientes de que los reconoció plenamente.

""La verdad volví a nacer cuando me encontraron los marinos y mis paisanos que se levantaron en armas, pero sé también que me van a buscar para matarme"", dijo ante la asamblea que se realizó en la cancha de usos múltiples de la comunidad perteneciente al municipio de Atlixtac, en la Montaña baja de Guerrero.

Llegó vestido con pantalón y chamarra de mezclilla color azul, de sombrero negro y botas color café, todavía con heridas provocadas por las esposas que sus captores utilizaron para mantenerlo bajo control.

A manera de preámbulo, recordó que en noviembre de 2012 se sumó a la búsqueda del hijo del ex presidente municipal Juan Pérez, preocupado por la angustia que mostró la familia afectada, pero sin imaginarse que meses después viviría una situación similar.

Desde el 3 de mayo, cuando fue interceptado por sus plagiarios, Víctor relató que las sesiones de golpes fueron continuas, pero que además recibió una presión sicológica extrema.

""En ocasiones me echaban encima varios cadáveres y los dejaban sobre mí por mucho tiempo, otras veces mataban a las gentes delante de mí, también me tuvieron en una cajuela muchas horas sin comer. No sé porqué lo hicieron, si yo nunca me he pasado de lanza con nadie"".

La atención de la concurrencia se centró en Víctor cuando manifestó que revelaría la identidad de sus captores y que más aún, se trataba de habitantes del lugar.

""Yo ya no tengo miedo porque sé que soy hombre muerto. Volví a nacer con mi rescate pero me van a matar en cualquier rato que me encuentren; porque la gente de aquí mismo, mis paisanos me secuestraron"", indicó.

Preguntó si la asamblea quería conocer los nombres de los secuestradores y la respuesta fue un griterío afirmativo.

""El 3 de mayo venía de Chilpancingo yo para acá, me atoraron alrededor de las tres de la tarde y bien clarito que ví que me paró Rufino, uno que vive aquí en la orilla de la comunidad"".

Rufino, del que solo da como señal que vive en la orilla del pueblo, en la salida hacia el municipio de Zapotitlán Tablas era el responsable de golpearlo y no le daba de comer.

Relató que su espalda fue cortada con navajas, su estómago quemado con cigarros y su pene jalado con pinzas mecánicas.

""Martín Ramírez Espinosa con su hermano Berna me jalaban el pene con unas pinzas; ellos son los hijos de doña Catalina y también Mario, el gordo, ese al que le dicen El Cholobombo. Yo les pedía agua y aunque fuera galletas para comer, pero no me daban nada""

Uno de los captores, del que no mencionó el nombre desobedeció las indicaciones y le daba dos galletas y un sorbo de agua al día.

Entre la concurrencia prevaleció el silencio mientras Víctor, todavía pálido y barbado continuó dando a conocer la identidad de quienes lo sometieron al cautiverio y actos de tortura.

""Los hijos del señor José Mariano; El Zorro y el Severo también estaban entre los secuestradores, igual que un hijo de mi prima Helena, un chamaquito güerito al que me preguntaba que le había hecho, sí apenas ayudé a mi prima para que consiguiera un apoyo de reforestación, fueron casi 120 mil pesos"".

Durante el mes con veinte días de cautiverio el comisariado se resignó a morir, pero al menos pidió que le permitieran tener una sepultura en su pueblo, velado por su familia y sin la agravante de ser destazado.

El viernes 21, cuando una acción sorpresiva de la Marina y los habitantes de su comunidad permitió su rescate, Víctor asegura que sintió lo que es volver a nacer y tener una segunda oportunidad.

También sostiene que ahora sabe lo que es cargar la sentencia mortal de sus captores que siguen libres, pues está seguro de que lo buscarán para completar lo que no pudieron realizar el fin de semana por la actuación de los marinos.

Como ya estaba sentenciado a ser ejecutado el viernes, los agresores le dijeron que su próxima víctima sería el comisario Clemente Ricardo Nava.

Por eso exclama: ""Que bueno que el pueblo se levantó. Yo ya no tengo miedo de lo que venga porque ya fui a ver a muerte, ya la fui a saludar"".

Sin dudas dijo que en el lugar estaban los familiares de sus secuestradores y los invitó a darles el aviso de que ya los había denunciado ante la asamblea.

""Si quieren avisarles por teléfono háganlo, ya sé que siempre lo están haciendo, que saben cuando se juntan y que les han dicho de cómo está ahora organizado el pueblo, que ya decidió hacer su propia policía comunitaria"".

Agregó que está dispuesto a esperar lo que sea inminente sin oponer resistencia, pues no tiene armas de fuego para defenderse; carece del respaldo de un grupo de gente que quiera correr su suerte y solamente tiene a la fortuna de su lado, además de la confianza de que sus vecinos ya llegaron a un nivel de hartazgo que los motivó a integrar su Policía Comunitaria.

Respecto a las razones que tuvieron para agredirlo, de manera recurrente sostiene que lo ignora.

""La verdad no sé porqué me hicieron eso, es cierto que Me gusta la borrachera pero no bebo solo, también invito"".

 — ROGELIO AGUSTÍN ESTEBAN