2 de mayo de 2013 / 11:28 a.m.

Monterrey • A pesar de no contar con la preferencia del público, Bruno Bichir y Tato Alexander cumplieron con creces al presentar la puesta en escena “Paisaje marino con tiburones y bailarina” en el Auditorio San Pedro.

La historia transcurre en un arenal que simula ser el punto de encuentro entre la pareja protagónica; un escritor atormentado que vive entre libros y una mujer solitaria e irreverente a la que salva del mar.

“"Paisaje marino con tiburones y bailarina"” tiene un arranque tranquilo, Bruno Bichir se sumerge en su biblioteca particular en busca de chocolate o bien, de nuevas ideas que le permitan seguir creando. De repente, ese arenal estorba en su ropa, motivo por el que va despojándose de cada prenda para quedar completamente desnudo. Frente a la mirada atenta de la audiencia, Tato Alexander despierta envuelta en una sábana para iniciar de tajo con la tormentosa relación en la que se reclaman, se exigen, se encuentran y reencuentran.

Instalados en sus respectivos personajes, la pareja confronta su nueva relación tumbados en montañas de libros que se van convirtiendo en armas para alejarse uno del otro.

La primera discusión aparece por la actitud inapropiada de la misteriosa dama que desconoce los motivos que llevaron a su compañero a rescatarla de las olas del mar. El asustado hombre no hace más que responder insistentemente a cada interrogante de su nueva huésped.

“"Paisaje marino con tiburones y bailarina"” es una catarsis a la complejidad de las relaciones humanas, no sólo entre hombres y mujeres, sino en los humanos en general. La obra americana de Don Nigro se mueve entre situaciones que a simple vista poco podrían importar, sin embargo, el paisaje cambia con la fuerza que cada personaje le imprime a su forma de ser.

Demostrando su enorme experiencia dentro de los escenarios teatrales, Bruno Bichir, que en esta ocasión también tiene a su cargo la dirección de la puesta en escena, logra llevar de la mano al espectador a través de esta complicada aventura.

Por su parte Tato Alexander, que hasta ayer podría haber sido una auténtica desconocida para muchos, centra las miradas en cada uno de sus fuertes movimientos que resultan ser familiares para quienes atraviesan por momentos similares a los de ella.

ABELARDO LUZANÍA