19 de septiembre de 2013 / 12:25 p.m.

Ciudad de México • El poder salir de Acapulco ha sido una misión imposible para Diego Apreza Bravo y su grupo de amigos, que desde el viernes y bajo la lluvia llegaron al puerto turístico, superando algunos deslaves que ya se registraban en la autopista.

Aún no se ha restablecido la carretera y la única forma para dejar el puerto es por vía aérea. Encontrar un asiento en alguna de las aeronaves ha sido complicado para él y sus amigos.

Aguardar el paso de las horas, las largas filas de turistas en el Forum Mundo Imperial y anotarse en una lista que parece interminable, entre cientos de nombres, es la escena que ha encontrado desde el martes cuando se estableció el puente aéreo.

Buscando una oportunidad para regresar a casa, desde las siete de la mañana del miércoles volvió al Forum Mundo Imperial a la espera de ser nombrado. Tras varias horas la suerte solo le sonrió a uno de sus amigos. Había un asiento vacío en uno de los vuelos de Aeroméxico.

Este día regresa al mismo sitio para intentar volver al Distrito Federal, al lado de su familia, a su casa y trabajo en donde, dice, "han entendido bien lo que se está viviendo" en Acapulco.

Una experiencia difícil

‘Manuel’ impuso sus condiciones en Acapulco, donde una cortina de lluvia recibió a cada uno de los turistas que se daba cita en el puerto para pasar el fin de semana con motivo de las fiestas patrias.

"Nunca dejó de llover en las primeras 24 horas, al siguiente día siguió lloviendo. Se empezó a elevar el nivel de agua en las calles", narra Diego.

Llegó el viernes junto con 11 amigos al puerto. En una residencia en Punta Diamante se resguardaron de las precipitaciones.

El sábado la lluvia no cesaba. A las seis de la tarde tocaron a la puerta. Era personal de Protección Civil alertando que las barreras de la laguna de Tres Palos, próxima al lugar en el que se hospedaban, se estaban rompiendo.

Estar listos para desalojar y salvar bienes, fue la instrucción que les dieron las autoridades.

Trasladaron los coches hacia un lugar más elevado y alistaron el equipaje si debían dejar el lugar.

Cayó la noche y al siguiente día los estragos de las lluvias ya eran más notables. Las calles parecían ríos y se suspendió el servicio de luz.

Los víveres poco a poco se agotaban y salir a comprar lo que hacía falta era toda una aventura.

La situación se complicaba conforme pasaba el tiempo. Con metro y medio de altura, el nivel de agua se convertía en un obstáculo para ir a adquirir alimento.

La escasez de los productos y el sobreprecio de muchos otros fue otra parte de los estragos por las lluvias que vivieron habitantes y turistas.

"El huevo llegaba a costar hasta 90 pesos el kilo debido al desabasto, fue un producto que no encontramos. No había muchas carnes y productos para el consumo", recuerda.

Ir a comprar algunos alimentos al supermercado fue una labor de seis horas. La fila era grande. El ingreso al lugar era en grupos de 50 personas y el tiempo seguía su marcha.

Una vez dentro el panorama era tan desolado como afuera. Los refrigeradores casi vacíos. Solo etiquetas con el precio de la carne. Muy pocos lácteos, refrescos y productos enlatados quedaron.

"Los gastos se han ido elevando un poco más de lo que planeábamos para estas fechas", reconoce.

Regresar al Distrito Federal es un anhelo. "Es una gran experiencia por todas las cosas de estar sin víveres", asegura.

Inundaciones, saqueos, personas que perdieron la vida y la destrucción de viviendas son las huellas que quedan en Acapulco tras el impacto de ‘Manuel’.

JIMENA CAMPUZANO