5 de abril de 2013 / 05:21 p.m.

Monterrey • Entrar a mi terreno me hace doler la cabeza”, confiesa Gilberto. "No sé cómo explicarlo pero tanta impunidad me está matando y lo más extraño es la tristeza que siento por tanta miseria ¿Quién podrá hacer algo? Ya me cansé de ir con las autoridades y que me ‘tiren al león’. Neta que esta locura está fuera de mi alcance y necesito que quiten a las 60 familias que invadieron mi propiedad. No quiero ser descortés ni violento con ellos, pero ¿Cómo hago para trabajar mi pedrera y ganar dinero sin que les caigan toneladas de mármol sobre sus cabezas?".

Gilberto resopla y se apoya sobre un bloque rectangular de varios metros cuadrados que domina el camino. Apenas asoma el mediodía y otra vez la impotencia le gana.

Llegó hace una hora a su empresa, abrió el pesado portón de chapa y la realidad de cientos de posesionarios le golpeó otra vez contra el rostro.

"Es muy bizarro que la gente que camina en la calle ni se dé cuenta. Eh, Tino, ¿No te parece que estamos en otra dimensión? Piénsalo, carnal. Nadie se da cuenta que aquí adentro convive tanta gente amontonada sin siquiera un servicio básico. Checa esa señora que pasa: ahí va con el mandado con su niño mientras de este lado, apenitas cruzando la puerta, hay familias que no tienen para comer. No tengo idea cómo le hagan, pero es imposible vivir así ¿Cómo se animaron a meterse?".

Los dos amigos miran hacia el fondo de la propiedad y vuelven a caer en un resignado silencio. Ninguno dice una palabra mientras la postal se distorsiona por el calor que derrite la falda del cerro Topo Chico.

El constante acarreo hormiga que describe Gilberto Gerardo Villarreal Russek comenzó hace un mes desde las calles de la colonia 23 de Marzo.

Allí colinda la propiedad que heredó de su familia y donde extrae mármol negro gracias a técnicas industriales que perfeccionó su empresa durante las últimas décadas.

"¿Qué hacen las señoras aquí? Que pasen. Seguro son las vecinas que vienen a conversar del desmadre que traen con los posesionarios", señala tres figuras sobre la calle Esperanza que ingresan con varios papeles en la mano.

"¿Has podido hablar con Zeferino (Juárez Mata, regidor del PT en Guadalupe)? Esto no puede seguir así. Se viene la lluvia y se va a derrumbar todo. No pueden seguir metiendo gente ahí ¿Ya viste que de tanto limpiar el terreno no van a poder detener el lodazal que se vendrá para abajo?", Gladis ni saluda y la queja le gana.

Detrás suyo Laura asiente. "Dile lo de los mariguanos. Que ya estamos hasta la madre y se está poniendo bien peligroso para nuestras niñas. Que no manchen. Ya hay chingos de raza allá arriba y hasta las viejas andan de borrachas ¿Habían visto eso alguna vez? Morras tiradas desmayadas de pedotas. O no sé, drogadas, ¿quién sabe? Está muy feo ahí y los del PT tienen la culpa con tanta promesa que les hacen", reclama la mujer.

La charla continúa y el nombre de Zeferino Juárez, actual regidor por Guadalupe, entra en escena. El propietario lo nombra, los vecinos lo critican y hasta los posesionarios mencionan a regañadientes que tiene influencia determinante sobre gran parte de las familias que ocupan ilegalmente la zona.

"Él los trajo y aunque luego se vayan, seguro meten más gente para ganarse votos a futuro. El PT siempre ha trabajado así en estas colonias y todos conocemos de los engaños para traerlos y luego dejarlos a su suerte".

Se refiere de Zeferino Juárez Mata, ex diputado local y hoy regidor por el Partido del Trabajo en Guadalupe. Uno de los operadores históricos de Alberto Anaya Gutiérrez, sempiterno líder nacional del instituto político que se sostiene con la estructura de Tierra y Libertad.

Raúl se apoya sobre una tabla de triplay para mirar hacia la alejada oficina de Villareal: “Oiga, ¿qué onda con esas personas en lo del dueño? ¿Serán los de Fomerrey?”.

Y aunque su tejaban está varios metros hacia atrás, su buena relación con doña Emilia López lo empujó para preguntarle sobre los extraños visitantes que se asoman al lugar.

"No se quiénes son pero ojalá nos reubiquen", murmura forzada y se mete a la casa.

Todavía faltan varias horas para que vuelva su esposo de trabajar y el silencio gana el ambiente. Adentro el lujo no existe y lo básico es lo único que ocupa espacio. Una cama, una estufa de gas y un closet con espejo que refleja la única esperanza que Emilia refuerza.

"Mi niña me cuida y me da fuerzas2, reza la mujer señalando la estatua de la Santa Muerte de un metro de alto.

Como el resto de las familias que invadió la zona, los López tardaron dos semanas en armar su casa con el material que pudieron improvisar y recolectar cada quien con sus propios medios. Combinaron maderas, paneles de plástico, carteles publicitarios y propaganda electoral de todos los formatos y proceso eleccionarios para definir el perímetro de sus flamantes lotes. Ninguno tiene gas, agua o luz, y los baños son letrinas rodeadas por endebles triplays a la intemperie.

"Acompáñame Tino, vamos a checar cómo está la parte del pozo. ¿Ves allá? Ya construyeron hasta escalones con maderas y piedra bola. El del medio del camino hasta cercó con alambre y varios clavaron maderas en las entradas donde dice apellido y número de lote. Pues, yo no creo que se vayan a ir tan rápido como nos dijo la gente de Fomerrey. Y ni modo que les venda parte de mi propiedad ¿Qué carajo hacemos?".

Gilberto se ciñe la camisa a cuadros y trata de no desesperarse. Avanza lento entre los tejabanes y la gente lo saluda con aires que mezclan la timidez con una profunda incertidumbre.

"Parece que ni ellos saben qué onda", le marca Tino señalando a dos señoras a metros de un gran talud con escombros. A su lado varios niños corren entre cercas improvisadas con piedras y bloques macizos que superan los 80 metros de alto los observan amenazantes en pleno corazón de la zona más riesgosa de la pedrera

"Ya vino Fomerrey para checar la situación y nada. También Protección Civil declaró que es peligrosa e inhabitable el área. Presenté la denuncia en la Procu (Folio 241/2013) y ni madres. Zeferino Juárez prometió que haría algo pero parece que se ríe de nosotros. ¿Entonces? La neta que da asco cómo le sacan provecho a tanta necesidad. Ya Tino, vámonos mejor. Tampoco están las cosas como para que estemos dando vueltas por aquí. Espero que los que acarrearon a estas familias se hagan responsables cuando lleguen las lluvias y se derrumbe todo. No tienen ni escrúpulos ni perdón".

Frente al peligro

- Vecinos del sector Topo Chico viven en un peligro constante al invadir los terrenos de una pedrera, a pesar de estar considerados de alto riesgo para uso habitacional.

- Versiones del dueño de la pedrera y de los propios vecinos indican que fue el ex diputado local y actual regidor del PT en Guadalupe, Zeferino Juárez Mata, quien los colocó en el lugar.

- Entre los riesgos del lugar, además del hecho de no contar con ningún tipo de servicio, están los posibles derrumbes y las caídas de agua en caso de lluvia, debido al terreno dañado.

SANTIAGO FOURCADE