25 de agosto de 2013 / 03:26 p.m.

Monterrey.- • Desde temprana hora, el auditorio municipal ya lucía lleno. Los 350 asistentes se encontraban en sus lugares, aunque algunos otros prefirieron salir a observar a quienes serían protagonistas del evento al que asistían.

 

Un viejo adagio reza que hay que tener al amigo cerca, pero al enemigo aún más cerca. La camioneta blanca Tahoe y la gris Suburban llegaron juntas, aunque se detuvieron a casi 100 metros de distancia una de la otra. Era el momento de demostrar que no hay divisiones dentro del panismo, el momento en que los grupos, como la Neocúpula y la División del Norte, dejarían en claro si hay descontento y si las sonrisas son sólo para la fotografía. Sin embargo, al momento en que Raúl Gracia y Margarita Arellanes se vieron de frente, ni siquiera se dieron la mano. ¿El sitio?: un punto neutral, el Valle de la Salinas, en Ciénega de Flores.

 

Gracia, un tanto nervioso, titubeó en ponerse a la diestra o siniestra de Arellanes; prefirió a su derecha, justo al lado del alcalde de Santa Catarina, Víctor Pérez. Sin siquiera darse las manos, un saludo de beso o una mano levantada en señal de saludo, Gracia, uno de los principales dirigentes de la llamada Neocúpula, decidió tomar el frente rumbo al auditorio, a escasos pasos detrás la alcaldesa regiomontana, de quien se dice en corredores políticos ha comenzado una precampaña en la zona rural con miras al Palacio de Cantera en 2015.

 

La gente se abalanza sobre Arellanes buscando una foto, una imagen que presumir o un saludo para motivarse; del otro lado del corredor humano, Gracia saluda a unos pocos. Al llegar al estrado, todos son amigos, todos tienen un común enemigo: el PRI. Arellanes da trato de amigos al alcalde de Ciénega de Flores, Rubén Escamilla; al secretario General del PAN, Mauro Guerra, así como a su homólogo de Santa Catarina, Víctor Pérez. Aguarda unos segundos de tensión y, al final, ofrece el mismo grado de confianza a Raúl Gracia.

 

Ambos presumen unidad, señalan que nunca han existido grupos, sino diferencias de pensamiento; aunque al momento de dar entrevista a los medios de comunicación lo hacen por separado.

 

Basta tocar el tema de las diferencias de grupos entre la llamada Neocúpula del grupo San Nicolás y la División del Norte para que el senador Raúl Gracia esboce una ligera sonrisa y responda: "son sólo mitos".

 

Sin embargo, la atención que brinda la alcaldesa de Monterrey al momento es notable: deja de tomarse fotografías con los asistentes y pega su oído a la espalda del senador, como quien espera escuchar la respuesta.

 

Hace señas y ademanes a los militantes que la buscan, como quien pide un momento mientras trata de escuchar la respuesta del senador. "No alcanzo a escuchar, habla muy bajito", se alcanza a leer en sus labios al comentarlo a uno de los trabajadores de Comunicación Social de Monterrey, que pese a no ser evento oficial del ayuntamiento, asistieron en la comitiva de la funcionaria.

 

Al final, las divisiones de grupo son sólo eso: diversas corrientes, mas no fricciones que pongan en riesgo la elección de 2015. Necesitan creerlo.

 

 

CRÓNICA POR ISRAEL SANTACRUZ