17 de agosto de 2013 / 03:36 p.m.

Monterrey • Las imágenes que sostiene Edelmiro Alemán Cantú en sus manos sí que trasportan a otra época. La vestimenta, las poses y el ambiente que los rodean son, sin duda, de otra época.

Instalado en una oficina de San Nicolás, el cronista del barrio Topo Chico tiene una ventana que, de no ser por el paso a desnivel de la avenida Manuel L. Barragán, le dejaría ver al cerro por el que se identifica a su barrio.

"La gente piensa que hay poco forraje pero arriba, en la planicie, hay, o había, un bosque, ahí llevábamos a los animales a pastar", relata.

Las fotografías que guarda el cronista son postales familiares, que lo relacionan directamente con el Topo. Ahí aparece él de niño, junto con sus hermanos y sus padres.

Su interés por empezar a escribir sobre el barrio donde nació en 1943 viene por recordar los comentarios de su abuelo Fidel Cantú, juez de campo del sector que entonces tenía tintes de zona rural.

"Es por la añoranza que me puse a escribir", señala.

Edelmiro Alemán también es cronista de General Zuazua, un municipio que de rural pasó a ser conurbado del área metropolitana. A la par de su profesión empezó a escribir sobre ambos, de Zuazua por su distinción y del Topo Chico por convicción.

El 5 de mayo del 2003 fue parte de los organizadores de los festejos por él 400 años de la fundación de la comunidad. Un evento que incluyó cabalgata y la realización una sesión del Cabildo de Monterrey.

De sus construcciones icónicas permanecen el célebre Hotel Mármol y el llamado Puente del Tranvía. No corre con misma suerte la escuela "José María Morelos y Pavón", siendo la primera de la comunidad y que se levantó con pura piedra "mármol del Topo Chico".

"Es un tesoro valioso que tenemos aquí, y ¿cómo lo conservas si no hay apoyo de las autoridades?

"La gente del casco es limpia. Tú puedes dejar cosas en tu vehículo y te aseguro que no te lo abren. Si una cosa por la que escribo es para difundir los valores que teníamos antes, que nos enseñaron nuestros padres y que hoy ya no se dicen sólo se habla de lo malo del Topo".

Con las migraciones de los 60 y 70 del siglo pasado, el aspecto de la comunidad cambió. Lejos quedó el paraje de paseo y recreación que tuvieron los regiomontanos, y mucho tuvo que ver la privatización de las aguas termales del Topo Chico por una embotelladora.

2Hay un cambio y se nota. Antes corría mucha agua por el arroyo del Topo Chico, nosotros tuvimos un incidente en el río casi nos ahogábamos de no ser por la ayuda de mi padre".

GUSTAVO MENDOZA LEMUS