10 de septiembre de 2013 / 02:10 p.m.

A lo largo y ancho de la Costa Chica de Guerrero, hasta llegar a los límites con Oaxaca por Pinotepa Nacional, nada ni nadie se salva del crimen organizado; tanto que este flagelo ha sumido más en la miseria y el abandono a sus 400 mil pobladores repartidos en 15 municipios.

La quiebra de hoteles, restaurantes y otros giros comerciales es más que visible, lo mismo en Ayutla de los Libres que en Marquelia, Copala, Cuajinicuilapa, Cuautepec, Florencio Villarreal…

Esos municipios y sus pobladores están lejos de recibir ayuda de los tres niveles de gobierno y los ejemplos se multiplican. Con ellos se encontró MILENIO durante un recorrido que realizó por esa región, una de las siete con que cuenta el territorio guerrerense.

María es de Copala. Tiene 23 años y teme ser atacada por criminales. “No puedo estar segura al oscurecer; al caer la noche mejor me quedo en mi casa”.

Según el Centro para la Investigación del Desarrollo, en 2012 Guerrero fue la entidad más afectada por la violencia, incluso peor que Michoacán en 2010, pues los homicidios y lesiones fueron cuatro veces mayores.

Más aún, según el Sistema Nacional de Seguridad Pública (con datos del Ministerio Público de Guerrero), en esa entidad, de enero a julio, se cometieron 22 mil 382 delitos del fuero común, 60 por ciento se concentraron en la región de la Costa Chica.

En días pasados el Ejército desarmó a 300 policías comunitarios de Ayutla de los Libres por llevar piezas de uso exclusivo de las fuerzas armadas.

La violencia ha llegado a tal grado que sus pobladores siguen haciéndose de armas para su defensa, como en el ayuntamiento de Florencio Villarreal.

José Gallardo, comandante de la Policía Ciudadana, dice que “todos los carros que nos parecen sospechosos los paramos, los investigamos para saber quiénes son, dónde van; ese es el control que tenemos y para ello tenemos acuerdo y una estrecha relación con la milicia, la Marina, todas las corporaciones policiacas, incluso ahorita tenemos un operativo con la Policía Ministerial para aprehender a algunos delincuentes con órdenes de aprehensión”.

Pero aquí, más allá de la vigilancia ciudadana, hay pueblos enteros bajo el agua por las lagunas desbordadas, sin que reciban ayuda por alguna autoridad por temor a la delincuencia organizada.

Román Hernández, pescador de la laguna de Chautenango, lamenta que la inseguridad haya crecido y dice que “el narcotráfico ha venido a desecharnos y a tirar por la borda todo lo que la gente ha hecho con su gran esfuerzo.

“A esto le sumamos que a los gobierno municipal, estatal y federal les ha hecho falta mirar a su alrededor y saber que ahí hay habitantes que necesitan ayuda”. Cómo no necesitarla si la laguna se desbordó y dejó bajo el agua comercios y hogares.

“Nos dijeron que iba a haber ayuda y nada. Ahorita está triste la cosa, no hay pesca, no hay servicio de nada, para el gobierno no existimos”, asegura Cristian, habitante de Las Peñas, otro poblado inundado y abandonado.

La voz de alerta también es de Hipólito Ventura González, dueño de un hotel en Playa Ventura: “Ahorita no hay clientes por la inseguridad, debido a que los turistas temen por sus vidas; tenemos así aproximadamente año y medio con esta inseguridad que se expande por toda la Costa Chica”.

Y es que viajar por esta carretera de día o de noche es encontrarse con persecuciones policiales y militares contra integrantes de los cárteles de las drogas. Así lo constató MILENIO justo en el momento en que un par de delincuentes robaba un taxi.

“Se lo estaban robando, observé que venían huyendo y los federales los perseguían, yo pensé que era mi compañero, el taxista, pero no”, cuenta uno de los choferes que opera en esta región guerrerense.

A pesar del olvido de las autoridades, en esta región de Guerrero sus pobladores no se amilanan e invitan al turista a disfrutar de sus playas y sus lagunas. Gilberta Ventura Puente es dueña del restaurante Doña Celsa, ubicado en Playa Ventura. Ella asegura que los marinos y los federales apoyan a la Policía Ciudadana para dar protección a los turistas para que nos sean secuestrados, extorsionados o robados.

“Invitamos a los turistas a que vengan con confianza, se come riquísimo, hay hoteles económicos; a ver si aprovechan el puente del 15 de septiembre para que nos vengan a ayudar con su visita.”

Pero los hechos se imponen al ánimo de la gente: ha caído la producción de plátano, frijol, mango, sandía, maíz, ajonjolí y chile, además de la pesca.

Otros servicios también han sido afectados. Ramón Martínez García, líder de los taxistas que van de Cruz Grande a Marquelia, denuncia que “el gobierno estatal ha tenido poca atención con nosotros; el transporte ha bajado considerablemente: tenemos mucha inseguridad y todos los días hay extorsiones”.

Los mismos transportistas y choferes de tráileres y camiones, al comunicarse por radio, lo hacen con claves y hablan de los policías comunitarios como “talibanes” y se refieren a Acapulco —que conecta directamente con la Costa Chica— como “puerto sicario”.

“Cuando pasamos por este lugar lo hacemos con extrema precaución, hablándonos a cada rato para saber si todo va bien, si alguien necesita apoyo, pero siempre alguno de nosotros no sale bien librado de estos peligros que se viven aquí por estos rumbos”, dice Johny, camionero con más de 20 años de experiencia, quien asegura: “Esta es una de las carreteras más difíciles de transitar: son más de 180 kilómetros de peligro y muerte”.

Claves

Caen plagiarios

-La Procuraduría General de Justicia de Guerrero atrapó una banda de cinco secuestradores que operaban en el norte y Montaña; entre los detenidos hay tres mujeres, una de Colombia.

-También hay dos jóvenes, quienes admitieron haber asesinado a seis personas, cuyos cuerpos fueron inhumados en fosas clandestinas localizadas en la carretera federal México-Acapulco.

-En marzo pasado esta banda secuestró a un comerciante de oro y plata de Taxco, por cuyo rescate recibieron 138 mil pesos, 38.5 kilogramos de plata pura, además de un vehículo.

— REPORTAJE POR RODOLFO MONTES