8 de mayo de 2013 / 01:43 p.m.

 Durante toda la mañana de ayer Manuel Silva Torres buscó los cuerpos sin vida de su sobrino y su esposa, así como de sus dos hijos menores de edad, quienes murieron calcinados al incendiarse su vivienda tras la explosión de una pipa de gas ocurrida la madrugada de ayer en la comunidad de San Pedro Xalostoc, en Ecatepec, Estado de México.

Silva Torres, de alrededor de 50 años, quien labora como velador, llegó de trabajar y fue cuando se enteró que su sobrino Néstor Josué, de alrededor de 30 años, y su esposa, Leticia, de 26, así como sus dos hijos, Tamara y Yohan, de 8 y 12 años, habían muerto.Ellos son cuatro de las 22 personas que fallecieron a causa de la explosión de la pipa de la empresa Termogas que se suscitó la madrugada de ayer en el kilómetro 14 de la autopista México-Pachuca, en dirección a la Ciudad de México.

La familia Silva Torres pereció calcinada al incendiarse la recámara donde dormían, ubicada en un domicilio de la avenida de Las Torres, donde cayó el contenedor con capacidad de 35 mil litros de gas licuado de petróleo que estalló.

En las inmediaciones de la vivienda de su sobrino y cerca del cordón de restricción, Manuel Silva preguntaba a todas las personas el paradero de los cuerpos de sus parientes, para reclamarlos y poderlos velar y sepultar.

Sin saber qué hacer o dónde buscar los restos de sus parientes, dijo que él se hacía cargo de esa difícil labor, porque su hermano, padre de su sobrino Néstor Josué, había sufrido convulsiones al enterarse de la muerte de su consanguíneo, de su nuera y de sus nietos.Por varias horas, don Manuel esperó a que alguien le informara que los cadáveres de sus familiares habían sido traslados al Centro de Justicia de San Agustín, donde fueron trasladados todos los cuerpos que perecieron por la explosión.

Después del mediodía, las autoridades le notificaron el sitio donde habían sido llevados los cadáveres, por lo que de inmediato se trasladó al Servicio Médico de San Agustín, para identificar los cuerpos de sus familiares.

Vecinos de la misma calle coincidieron que por la madrugada, cuando se encontraban durmiendo, se escuchó un fuerte estruendo y posteriormente se sintió como un temblor que cimbró sus casas, lo que provocó que salieran despavoridos de ellas.

En medio de la confusión, los lugareños solo vieron que todo ardía en llamas: casas, autos, árboles y casas.

Nadie sabía qué sucedía y solo buscaban donde resguardase.

Horas después, ya que se habían enterado que la catástrofe ocurrió por la explosión de una pipa que transportaba gas, su incertidumbre era saber cómo iban a recuperar su patrimonio familiar que construyeron por muchos años, pues ninguna autoridad les había informado en qué forma se iba a apoyar a los damnificados.

— HERIBERTO SANTOS