20 de marzo de 2013 / 10:32 p.m.

Monterrey.- • Son apenas unos cinco metros, pero para Roberto Mauricio cruzarlos es tan difícil como llegar a Marte.

Auto tras auto le impide el paso, y aunque el semáforo esté en luz verde para él y los peatones, no hay automovilista que lo respete, ni oficial de tránsito que pudiera ayudarlos, de hecho, no hay ni un solo agente.

Esto sucede en Ocampo y Zaragoza, y a pesar de estar a media cuadra del Palacio Municipal, el crucero no cuenta con un agente de Tránsito que dirija el tráfico o que detenga los autos para que las personas crucen. Es por eso que el lugar se volvió peligroso.

“No respetan, sí hay semáforo, pero aunque esté la luz verde, se pasan, y si está en rojo para ellos, se pasan. La verdad, no respetan”, dice Roberto Mauricio Vargas Lira.

Este jovencito estudia el segundo año de secundaria, pero casi todos los días pasa por el citado crucero camino a sus clases de inglés en el Centro de Idiomas, atrás de Marco.

Fue quien pidió se hiciera un reportaje del crucero, porque para él es un peligro. Igual que para muchas personas.

En este crucero pasan muchos niños que van a jugar al Círculo Mercantil de Monterrey o a estudiar al Centro de Idiomas de la Normal Superior. Decenas de ancianos y cientos de personas que trabajan en los edificios cercanos.

Con las adecuaciones viales, los transeúntes se quedaron sin opción. Los autos que circulan por Zaragoza no hacen alto para dar vuelta a Ocampo. Y los que van por Ocampo, viran hacia Zaragoza sin hacer caso de los peatones, que deben esperar por minutos en medio de la calle, entre el peligro.

“En las horas pico se vuelve más complicado porque no se puede pasar, los automovilistas no respetan nada, y nosotros, los que andamos a pie, debemos esperar y esperar”.

Ni Roberto Mauricio ni Jorge Alberto son influyentes, así que no han pensado ni en protestar ni en hacer peticiones a la autoridad.

Si acaso, en rezar para que no los atropellen.

FRANCISCO ZÚÑIGA