5 de abril de 2013 / 03:14 a.m.

Don Pascual nos enseñó la manera en que se puede engañar a la gente, aún cuando la báscula no presente anomalías, agregando que no es recomendable hacerlo ya que los clientes ya no vuelven al darse cuenta.

 Monterrey.- • La báscula puede estar bien calibrada, y medir exactamente cada gramo. Pero cuando el comerciante quiere dar kilos incompletos, los va a dar. Para eso son las mañas.

Un dedo presionando la charola basta para dar la impresión de que se alcanza cierto peso, que luego, pesado en otra báscula, resultar tener hasta 300 miligramos menos.

Con 30 años de experiencia, Don Pascual, nombre ficticio, nos muestra como roban algunos comerciantes, sobre todo, afirma él, los charoleros que se colocan sobre los alrededores del Mesón Estrella.

"Mire, si usted quiere dar kilos incompletos, es muy fácil, a ver –y mira a un cliente imaginario- quiere dos kilos, aquí le van –y sus manos rápidamente toman los limones que echa a una bolsa de plástico, que luego coloca por unos segundo en la bascula- ahí están, son 15 pesos".

Mientras el cliente ve otras frutas, él hace el movimiento. "Mire, acá, en el dedo. Se apoya el dedo en la charola, y ya está. Luego, si lo pesa en otra parte, mire –lanza una palabrota adecuada a la sorpresa- son casi 300 gramos menos".

Pocos clientes van a buscar una segunda opinión, y el comerciante ya lo estafó. Se gana más, pero a la larga, se pierde, porque la gente no es tonta y se da cuenta. Por eso ellos prefieren dar kilos completos, porque cliente satisfecho, siempre vuelve.

Don Pascual recuerda sus principios en el mercado del Mesón Estrella. Recuerda que vendía el ciento de naranja a 80 pesos, y dos locales más allá, lo vendían en 60, un precio menor al del costo.

Era imposible competir, porque eran las mismas naranjas, igual de bonitas y grandes Al fin, envió a un ayudante a comprarlas. "Le dije, que no te vean que eres de aquí, y traite un costal. Sí, lo trajo, y lo abrimos. Cuando contamos, tenía 15 naranjas menos. Era un ciento incompleto, pero a ver, si usted compra naranjas, ¿a poco las cuenta?".

Es por eso que recomendó a la gente tener cuidado al comprar, porque como en los actos de magia, en los mercados, la mano es más rápida que el ojo.

Por si sí o por si no, la Profeco instaló el modulo móvil, con una bascula para que la gente revise que le dieron kilos completos, y para que denuncie cualquier irregularidad, a fin de intervenir y sancionar al responsable.

Desde las diez de la mañana, el vehículo oficial se estacionó sobre la calle Ruperto Martínez, entre Colegio Civil y Juan Méndez, con una báscula de charola colgando, para que la gente revisara su mercancía.

No hubo quejas, pues quienes revisaron, encontraron completos sus kilos.

"Necesitamos una denuncia para poder intervenir, pero por ahora, seguiremos ahí, invitando a los comerciantes a calibrar sus básculas, algo obligatorio dos veces al año", dijo vía telefónica Jorge Salazar Salazar delegado de Profeco.

FRANCISCO ZÚÑIGA ESQUIVEL